RetrocesoA&ONº 263/7-VI-2001SumarioDesde la feContinuar
Tergiversaciones y
malintencionados silencios
En bastantes medios de comunicación, la fe y la moral, con frecuencia, son objeto de las tergiversaciones y de los malintencionados silencios de quienes desdeñan la religión católica y no aceptan las relaciones del hombre con Dios o se desentienden de ellas. Influidas por ello, algunas personas se hacen eco de tal postura. A esto se le añade la actitud bastante lamentable de los creyentes que parecen sentir pudor en manifestar y defender sus convicciones, por respeto mundano y por temor a marginaciones y represalias. Esta situación contribuye a silenciar y desvirtuar elocuentes testimonios de fe vivida, auténticas aleccionadoras aventuras en la búsqueda de la fe y del anhelo de encontrarla.

No hace mucho, en un libro sobre la época y la vida de Dora Maar, la fotógrafo y pintora francesa, conocida por su destacada personalidad creadora y punto de referencia respecto al Guernica de Picasso (pues fue la compañera del artista y su musa durante la elaboración de la famosa pintura), se habla en extensión sobre su persona y el ambiente en que viviera durante unos años, mientras participaba en muchos importantes sucesos en el mundo de la cultura y del arte en París. En este libro también se habla de su vuelta a la fe y de cómo, a partir de ese momento, su vida transcurre de manera ejemplar en el seno de la Iglesia.

El conocimiento de esta circunstancia fue una sorpresa, pues la desconocía, aunque a lo largo de los años haya manejado bastante bibliografía en torno a la época. Pero bien aleccionado por el modo en que el ambiente cultural suele tratar casos similares, al leer algunos comentarios sobre este libro no me sorprendió ver silenciado el episodio de la vuelta de la artista a la fe de su infancia, el más importante de su vida, o si algo se decía sobre él era sin darle importancia, o pasando sobre ascuas.

De la vida atormentada e irregular del gran escritor Oscar Wilde, al destacar la importancia de su genio literario, es frecuente hacer hincapié en sus aspectos morales más negativos. Bien infrecuente es el que se diga cómo sus últimos momentos transcurrieron en el seno de la Iglesia.

Asistí en Barcelona al estreno de la obra de Fernando Arrabal Cementerio de automóviles. Al final de la representación, después de saludar los intérpretes, a petición del público, salió el autor. Luego de aplaudirle le pidieron que hablara. Después de reflexionar unos instantes, Arrabal dijo: Sólo voy a pronunciar tres palabras. Tras concentrarse, sus palabras, pronunciadas con seriedad y firmeza fueron: ¡Viva la Virgen! A continuación sonaron aplausos. No tengo noticia de que algún medio de difusión lo comentara. Etc, etc…

Antonio Fernández Molina