RetrocesoA&ONº 263/7-VI-2001SumarioEn portadaContinuar
La ONU ha declarado el 2001 como Año del voluntariado
La revolución del tercer sector
Trabajo solidario, tercer sector, sector no lucrativo, voluntariado, organizaciones no gubernamentales,
sociedad civil…, el fenómeno recibe diversos nombres, pero remite a una realidad nueva
a nivel mundial en los últimos decenios: la actividad voluntaria y de iniciativa privada
a favor de ciertos sectores sociales más desfavorecidos. Pero, como todos los fenómenos
novedosos y vivos, el voluntariado es aún una realidad que adolece de una cierta cohesión interna,
de regulación por parte de los poderes públicos y de una definición concreta y unánimemente aceptada
Inma Álvarez

El pasado 28 de noviembre, la ONU anunciaba oficialmente la proclamación del año 2001 como Año Internacional del Voluntariado. Las Naciones Unidas pretendían así un reconocimiento público de una realidad social emergente que, entre otras cosas, presta colaboración a las misiones humanitarias y está presente en las diversas agencias internacionales. Puede decirse que lo que es la ONU hoy se debe en gran parte a las organizaciones no gubernamentales que en ella colaboran: con más de 20.000 profesionales de 140 países, el programa de voluntarios ha llevado a cabo, desde 1970, diversas tareas, como ayudar a poblaciones en situación de emergencia alimentaria, asistir a los médicos y enfermeras en países africanos que atienden a enfermos de sida, o en el registro de ciudadanos para votaciones en países de alto riesgo. El perfil de un voluntario de las organizaciones internacionales es un profesional de unos 39 años, con casi una década de experiencia en su actividad, y que en el país o lugar destinado recibe un pequeño sueldo que le permite vivir razonablemente. El 64 por ciento de los voluntarios provienen de países en desarrollo, y el 36 por ciento de ellos son mujeres.

Esta eclosión a nivel mundial del voluntariado, no obstante, no es uniforme: podemos considerar que es más propio de los países desarrollados y de las sociedades democráticas. De entre los factores que podrían explicar el fenómeno, Ximo García Roca, de la Universidad de Valencia, en un artículo publicado en el número 122 de la revista Documentación Social, con el título Repensar el voluntariado, argumenta que la gran novedad es la revolución del tiempo: Por primera vez desde la creación del hombre —advertía Keynes hace ya setenta años—, éste se enfrentará con su problema real y permanente: saber emplear adecuadamente el hecho de verse liberado, gracias a la ciencia y al interés compuesto, de sus necesidades económicas más urgentes; ocupar, en suma, su ocio para vivir de forma agradable y sabia. Desde esa perspectiva nosotros deducimos que, donde no existe esta revolución del tiempo, no existe propiamente voluntariado, aunque haya generosidad y altruismo.

Para José Ignacio Ruiz de Olabuénaga, en otra colaboración de esa misma revista, la diferencia básica entre la acción altruista y el voluntario en sentido estricto es también el factor temporal: Voluntario en sentido amplio es aquel que dedica una hora al mes, como mínimo, a una organización no lucrativa; voluntario en sentido estricto sería el que dedica más de 16 horas mensuales (cuatro horas semanales) a una de estas organizaciones.

¿UN FENÓMENO NUEVO?


Según Ruiz de Olabuénaga, asistimos a un fenómeno antiguo reestructurado de forma diferente. En efecto, la asistencia social no remunerada se ha dado siempre: la Cruz Roja es un claro ejemplo de sociedad filantrópica surgida en el XIX; durante siglos, los gremios de artesanos han tenido sus propias mutuas y beneficiencias. Pero ha sido desde siempre la Iglesia el primer agente asistencial a escala planetaria: hospitales, niños abandonados, ancianos, escuelas, presos… A través de las parroquias y las Órdenes religiosas (mercedarios, hospitalarios, franciscanos, etc.), la Iglesia ha sostenido con sus propios bienes y recursos el peso de la asistencia social, asumiéndola como parte de su mensaje salvador, sobre todo en épocas, por ejemplo el medioevo, en las que el Estado, como agente social, era prácticamente inexistente. Incluso, en el siglo XIX, cuando los Gobiernos liberales intentaron centralizar y secularizar las redes asistenciales mediante la desamortización de bienes eclesiásticos (por ejemplo las de Mendizábal y Madoz, en España), a pesar de las pérdidas y de la persecución del derecho de asociación, la Iglesia siguió manteniendo su labor social a través de lo que dio en llamarse catolicismo social, surgido del magisterio de León XIII: sindicatos, escuelas, montepíos, orfanatos, etc. Hoy mismo, gran parte de las ONG que operan en el mundo son o han sido de identidad cristiana, y un buen número de voluntarios tiene en su trabajo una fuerte motivación de tipo religioso.

Sin embargo, el fenómeno que nos ocupa, según los expertos, tiene más que ver con la democratización de la asistencia social y con el surgimiento del Estado del bienestar. Ruiz de Olabuénaga, en su estudio El sector no lucrativo en España, editado por la Fundación BBV, considera que los aspectos característicos de la eclosión del tercer sector en nuestro país son, por un lado, el proceso de secularización de la sociedad española y el empuje de otras fuerzas que intentan ocupar un espacio y un rol social más influyente; por otro, sin embargo, esta secularización convive con la hegemonía social y cultural de la Iglesia católica en España, tan fuerte y omnipresente que el sector no lucrativo sin ella sería sencillamente ininteligible, no sólo por la cantidad de recursos (materiales y humanos) que maneja, cuanto, sobre todo, por la cultura asistencial de solidaridad que ha imbuído y sigue imbuyendo en todo el mundo del voluntariado y del asocacionismo no lucrativo.

Para Helena Béjar, profesora de Sociología de la Universidad Complutense, en su artículo La organización de la espontaneidad, publicado en la revista Documentación Social antes reseñada, la eclosión del tercer sector tiene que ver con el propio dinamismo de las sociedades democráticas: La sociedad civil es el ámbito del "autogobierno", de la toma de decisiones de forma directa, de una participación ciudadana dispersa que opone una resistencia de nuevo cuño al poder centralizado. Frente al ciudadano-votante y al ciudadano-consumidor, el tercer espacio crea una voz pública y un foro cívico que albergan conversaciones laterales entre los ciudadanos.

¿QUÉ ES EL TERCER SECTOR?


Como todos los fenómenos emergentes, adolece de una falta de definición, motivada por esa doble vertiente de beneficiencia y asociacionismo: ¿puede englobarse como voluntariado cualquier asociación de carácter civil como, por ejemplo, una mutua o una asociación deportiva? Si se trata de una asociación de iniciativa ciudadana, ¿por qué depende en gran medida de las subvenciones del Estado? En principio el trabajo voluntario es no remunerado; sin embargo, en aras de una profesionalización de la atención social, las ONG incorporan a expertos a los que deben dotar de un salario. El problema es más evidente por cuanto que una de las fuentes primordiales de voluntarios en España, un país con poca tradición asociativa, es la prestación social sustitutoria, la alternativa al servicio militar, que va a desaparecer en breve. Se habla de instituir una nueva modalidad, el servicio civil, pero difícilmente podrá alcanzar la relevancia del sistema anterior si no es obligatorio.

Juan Reig, Presidente de la Plataforma del Voluntariado (organización que engloba a 56 ONG de acción social, con cerca de 800.000 voluntarios), afirma, para la revista Cáritas, que es utópico pensar que las grandes organizaciones se pueden valer sólo con voluntarios. El voluntariado tiene que estar motivado y cualificado, y los profesionales deben estar también motivados. Tienen que ser dos realidades complementarias y nunca antagónicas. Respecto al problema de las subvenciones, Reig opina: No me opongo, pero hay que evitar que las ONG dependan fundamentalmente de ellas. En España, las subvenciones se reciben fundamentalmente de la asignación tributaria, junto con la Iglesia católica.

REGULACIÓN NECESARIA


En su declaración del 2001 como Año Internacional del Voluntariado, la ONU ha propuesto que los gobiernos y las autoridades locales aseguren mecanismos que permitan mejorar la contribución del sector del voluntariado, su calidad y capacidad, y que los países miembros realicen campañas y gestiones para fomentar la acción humanitaria. En España, el último Gobierno socialista aprobó, el 25 de enero de 1996, la primera Ley del Voluntariado; sin embargo, desde varias ONG, como Cáritas y Cruz Roja, se considera que es insuficiente y que no se ha llenado el vacío legal que existe en torno a este tema. No obstante, hay desde la Administración un esfuerzo palpable por el impulso del tercer sector: el 19 de julio de 1997 fue aprobado el I Plan Estatal de Voluntariado 1997-2001; el actual Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, don Juan Carlos Aparicio, en colaboración con los Gobiernos autonómicos, ha anunciado ya la próxima aprobación del II Plan Estatal para el período 2001-2004. Según el borrador del mismo, que ya ha sido presentado oficialmente, la mayor urgencia es la de afrontar la desaparición del servicio militar y, por tanto, de la prestación social sustitutoria, con lo que está previsto un descenso importante del número de voluntarios. Una de las posibles soluciones, según el Plan, es la incorporación de jubilados y prejubilados a las ONG. Por otro lado, se promueve la formación y profesionalización de los voluntarios y se fomenta el trabajo con los inmigrantes y minorías. El Plan cuenta con un presupuesto de casi 7.770 millones de pesetas, un 73% más que el anterior.

Según los datos que maneja hoy el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el perfil del voluntario español es de una mujer universitaria menor de 25 años; se calcula que actualmente hay en España 1.073.000 personas trabajando en las ONG, de las que 284.000 son asalariadas; es decir, 2 de cada 100 españoles tiene un puesto de trabajo remunerado en una ONG, lo que da un nuevo giro a la cuestión del tercer sector: también es un posible mercado laboral.

La organización del tercer sector está recibiendo un fuerte impulso últimamente, como se está poniendo de manifiesto en los numerosos actos organizados para este año: el 5 de marzo fue inaugurado en la capital de España el mayor foro del tercer sector, Cívica 2001, organizado por la Dirección General de Cooperación al Desarrollo y Voluntariado, de la Comunidad de Madrid. Como pequeño botón de muestra de la vitalidad del sector y del interés que suscita, cabe reseñar también la Semana de la solidaridad, cuya V edición anual ha sido celebrada en Madrid el pasado fin de semana, y en la que han estado representadas unas 150 ONG de todo el país; ciclos de conferencias (por ejemplo el organizado por la Fundación Pedro Barrié de la Maza, en La Coruña), congresos (en marzo tuvo lugar el de los voluntarios vinculados a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que precisamente este año celebra su 500 aniversario); para principios del próximo año tendrá lugar un congreso internacional organizado por la Universidad Católica de Murcia en colaboración con el Consejo Pontificio Cor Unum; en abril se celebraron otras Jornadas en Huesca, promovidas por la ONG Cooperación Social, y otras organizadas por la Universidad San Pablo-CEU; etc.); escuelas de voluntarios (como el aula de Formación coordinada por la Comunidad de Madrid); jornadas organizadas por ayuntamientos, escuelas, universidades, etc. Por otro lado, en febrero se constituyó, a nivel nacional, el Consejo Estatal de ONG de Acción Social, promocionado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales; a nivel mundial, cinco ONG asociadas a la ONU han constituido la Conferencia Mundial del Voluntariado, que durante todo el año analiza un aspecto del mundo del tercer sector.