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El pasado 22 de mayo se inauguró la Cátedra Beato Pedro Poveda en la Universidad Pontificia de Salamanca, un lugar apropiado para la investigación, la docencia y la difusión de dos temas clave del pensamiento de su titular: el diálogo entre la fe y la cultura y el ministerio sacerdotal en la Iglesia.
Es en esta encrucijada de los caminos de la Iglesia y de la cultura contemporánea afirmó la profesora Ballester, Directora de la Instiución Teresiana, en su intervención donde Pedro Poveda en su tiempo, y nosotros en el que nos toca vivir, deseamos ofrecer la luz de la fe para las búsquedas de la racionalidad, y junto a ella, la sal de una experiencia humanizadora que ahonda sus raíces en la Encarnación. Para el próximo año académico, la Cátedra como señaló la responsable de la misma, por parte de la Institución Teresiana, Camino Cañón tiene previsto ofrecer un curso sobre Cuestiones emergentes en el diálogo fe-cultura. Esta Cátedra dijo se nos presenta hoy como un espacio desde el que abrir caminos, a las generaciones nuevas, bien asentados en la herencia de la Humanidad, lograda con los métodos empleados por la pedagogía povedana. |
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Nada mejor que una instancia universitaria como ésta para estudiar y difundir el pensamiento y la acción de un educador que se distinguió sobre todo por su empeño en atravesar la cultura con los ojos de la fe. En una sociedad como la nuestra, que se ha venido a llamar sociedad del conocimiento, aflora con toda actualidad la figura de este sacerdote, humanista y pedagogo, como lo reconociera la UNESCO en 1974, empeñado en demostrar que la virtud y la ciencia están destinadas a encontrarse: Junto a la fe pongo yo la ciencia, dejó escrito. A la instancia universitaria dedicó gran parte de su actividad: la investigación, el fomento de estudios superiores, la formación de jóvenes, el acceso de la mujer a la universidad, fueron sus preocupaciones constantes.
Toda su acción social pasa por implantar primero formación e información, educación y conocimiento. Por eso funda escuelas, crea academias, propone un modelo educativo basado en la centralidad de la persona y en su dignidad, busca métodos pedagógicos innovadores, escribe artículos y promueve publicaciones. Es en Madrid donde consolida y amplía sus proyectos en el mundo universitario. Aquí inaugura la primera residencia universitaria femenina de España, en 1914, primera versión de los colegios mayores que más tarde nutrirán la geografía española, y que entonces supone un cauce de ayuda inmejorable para las mujeres que se incorporan a los estudios superiores, vetados para ellas por ley desde 1910. |
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Y es que Poveda es un hombre de pensamiento avanzado respecto al papel social de las mujeres y la importancia de su formación; los destinos de la mujer culta y su influencia en la sociedad escribe son ahora mismo algo tan grande como impreciso. Por eso le preocupa también la situación de las universitarias que finalizan la carrera y deben emprender su vida profesional en medio de una cultura vertebrada fundamentalmente por hombres. Así organiza diversas asociaciones de graduadas, a principio de los años treinta, mientras escribe incansablemente sobre el estudio y la ciencia. Su talante de persona de diálogo favorece la comunicación de ideas y opiniones diversas, y se incorpora a cuantas instancias culturales y educativas demandan su colaboración: la Junta Nacional contra el Analfabetismo, la Federación de Amigos de la Enseñanza y la Asociación de Estudiantes Católicos, y participa en Semanas sociales y Congresos de educación.
UNA PRESENCIA HUMILDE
El estímulo a la presencia y a la participación de los creyentes en la sociedad civil, en la escuela, en la universidad es su empeño más genuino, convencido como está de las posibilidades de los laicos en la misión de la Iglesia, dispuestos a trabajar, desde su profesión concreta, por un mundo más justo y esperanzado en el que se hagan visibles los valores del Reino. Y una vez más propone recorrer este camino juntando a la fe virtud, y a la virtud ciencia, para implicarse así en las cuestiones en debate y tomar parte en ellas con voz autorizada pero con humildad. Sacerdote siempre, la adhesión incondicional a Jesucristo y la encarnación de los valores evangélicos fueron las claves del humanismo cristiano que siempre defendió, hasta dar la vida, como sacerdote, mártir de la fe, el 28 de julio de 1936. Marisa Rodríguez Abancéns |