RetrocesoA&ONº 264/14-VI-2001SumarioDesde la feContinuar
Tres aplausos
Mi primer aplauso, a los niños que en los centros públicos optan por la Enseñanza Religiosa Escolar. Mientras ellos se aplican en un acto académico serio y reglado con libros de texto y exámenes, sus compañeros juegan, desempeñan actividades de estudio no curriculares y, por tanto, no evaluables.

¡Un aplauso también para sus padres! Los padres católicos, que no llevan a sus hijos a los colegios confesionales, saben que desde las creencias y los valores cristianos, sus hijos van a encontrar en la clase de Religión de la escuela pública el complemento a la catequesis parroquial. Y es precisamente en el colegio o en el instituto donde podrán entablar ese diálogo tan formativo entre fe y cultura. Además, desde la total libertad, pues si fueron libres para apuntarse, libres se sentirán ante el conocimiento de la Biblia, el libro más traducido a todos los idiomas y patrimonio de la Humanidad.

¿Y los padres no católicos? ¿Por qué son tantos los que eligen Religión? ¡Mi aplauso también para ellos! Han dejado aparcados, por obsoletos, los prejuicios de otras épocas y saben, o intuyen, que la civilización cristiana es la base de nuestra cultura. Y que tanto las luces que desde el Evangelio se han dado a las realidades sociales, como las sombras que los intereses humanos han proyectado sobre el devenir de los tiempos, han influido sobre nuestra Historia, y es necesario conocerlos y valorarlos. Estos padres saben, o intuyen, que sus hijos comprenderán mejor el arte, el folklore, las romerías o las fiestas populares, que crearán una escala de valores que dará sentido a sus vidas; sin más drogas que el amor al necesitado o al diferente. Y saben, o intuyen, que van a entrar en la dinámica de las preguntas transcendentales que se hace la Humanidad desde todas las culturas. En una palabra, la enseñanza de la Religión les puede llenar ese vacío que está dejando la LOGSE.

Mi aplauso al excepcional grupo de profesores de Religión que en los centros públicos lleva a cabo esta tarea, tantas veces mal valorada y deficientemente remunerada. Sólo cuenta el amor y la entrega a sus alumnos, y dignificar la asignatura y el puesto de trabajo dentro del marco escolar que, en tantas ocasiones, les ha negado y les niega la ley.

He comprobado con alegría que, si nuestros pequeños héroes están en Religión, es porque el profe o la profe es un encanto, que hace la clase agradibilísima, o porque se aprende un montón. Un profe al que no le importa seguir trabajando fuera del horario escolar; amigo de todos, el que prepara las fiestas de Navidad, la del Santo Patrono del lugar, o el día de la Paz…; y también el que, al final de la jornada, se queda con el grupo de niños y de familias desestructuradas.

Gracias a todos, a esos niños, a sus padres, a los profesores…; la sociedad va a ser la beneficiaria de que las futuras generaciones se formen en los valores que dignifican al ser humano, no antiguos, ni pasados de moda, ni con olor a sacristía… En valores para la convivencia, para la participación… En ellos se basa el progreso que apunta hacia una Humanidad nueva. ¡Con un hombre nuevo!

María Elena Gª-Gallardo