RetrocesoA&ONº 264/14-VI-2001SumarioDesde la feContinuar

El último ensayo de Karl Popper
Contra el abuso de la televisión
Reproducimos, resumido, un interesante texto que el filósofo austríaco Karl Popper,
fallecido en 1994, dedicó a los peligros para la libertad que emanan de la televisión
No se puede reñir a los niños porque pasen un tiempo tan interminablemente largo ante el televisor, y no es culpa suya si, a través de él reciben información equivocada. Tales son algunas de las conclusiones de la investigación llevada a cabo por John Condry, en Ladrona de tiempo-Sirvienta desleal, acerca de la enorme influencia que la televisión ejerce sobre los niños. Explica las razones, de un modo que deja sin esperanza, diciendo que la televisión no desaparecerá en el futuro, ni tampoco es probable que ésta se transforme, a corto plazo, en un medio de comunicación razonablemente aceptable para la educación de los niños.

Yo lo expresaría de otra manera. En tan alta medida como la televisión es, actualmente, un poder al servicio de lo malo, podría convertirse en una fuerza en favor de lo bueno. De todos modos, esto resulta bastante improbable. La razón: es extraordinariamente difícil convertirse, en general, en una fuerza cultural para el bien. Dicho de forma más sencilla: es más fácil encontrar gente que produce diariamente veinte horas de trabajo mediocre o malo, que una o dos de buena calidad. Cuantas más emisoras y programas de televisión son autorizados, tanto más difícil es conseguir profesionales capaces de producir emisiones interesantes y de calidad. Resulta instructivo ver cómo enjuician hoy el problema de su medio de comunicación los responsables de la televisión. Hace pocos años me encontré en Alemania con un director de una cadena de televisión: defendió una serie de tesis horrendas, que, naturalmente, consideraba en su totalidad como justas y acertadas. Opinaba que hay que ofrecer a la gente lo que quieren ver. ¡Como si de la mano de los porcentajes de espectadores pudieran comprobarse sin más los deseos de las personas!

No podemos saber en absoluto, de la mano de estas cifras, lo que deberíamos o tendríamos que ofrecer; tampoco el director de esta televisión puede saber lo que eligiría el público si hubiese otras ofertas alternativas. Desde luego, estaba convencido de que sólo es posible elegir dentro del marco de lo que es ofrecido realmente. Pero no podía ver una alternativa. La discusión con él fue increíble. Al final opinó, incluso, que su actitud estaba corroborada por los principios de la democracia; se sentía obligado a seguir la dirección que él consideraba como democrática.

Enviamos a los niños a la escuela para que aprendan algo. ¿Qué significa realmente aprender? ¿Y qué significa enseñar? Significa influir de modo tal sobre el entorno, que puedan prepararse debidamente para sus futuras tareas, para ser ciudadanos.

TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN

La televisión es una parte del entorno de los niños y de la que somos responsables, porque se trata de una parte de ese entorno que crea el ser humano, y por el cual es troquelado. Hoy día, la violencia ha sido sustituida, más aún, ampliada en las familias, por la violencia en la pantalla del televisor. A través de ésta es presentada, a los ojos del niño, durante muchas horas al día. Este punto — y lo digo por experiencia propia— es decisivo: la televisión produce violencia y la lleva hasta donde no llegaría nunca de suyo.

Mi propuesta se basa en el modelo de los médicos, que son controlados por sus organizaciones profesionales con métodos perfectamente democráticos. Los médicos poseen un enorme poder sobre la vida y la muerte de sus pacientes, un poder que necesariamente ha de ser sometido a control. En todos los países civilizados hay una organización con la que los médicos se controlan a sí mismos, y hay leyes estatales que establecen minuciosamente las tareas de dicha organización. Propongo que el Estado cree una organización semejante para todos aquellos que actúan en el campo de la producción televisiva. Quien tenga algo que ver con la producción de obras para la televisión debería obtener una especie de licencia, que podría serle retirada de por vida si actúa en contravención de determinados principios. De este modo sería posible, al fin, imponer determinadas reglas en el terreno de la televisión. El órgano decisorio, con la competencia legal para retirar las licencias, podría ser una especie de tribunal.

Esta supervisión constante es mucho más eficaz que la censura, entre otras razones, porque la licencia sólo debería ser otorgada al cabo de un período de formación profesional, y después de un examen. Una de las metas principales de esta formación sería poner bien en claro a los responsables de la televisión que en el futuro estarían vinculados, quieran o no, a procesos educativos que afectan a toda la población. Cuando tuve ocasión de hablar sobre ello con profesionales de la televisión, me di perfecta cuenta de que todo esto es para ellos algo totalmente nuevo.

Comportarse de manera civilizada consiste justamente en reducir la violencia. Ésta es la función más importante de la civilización y la meta de nuestros esfuerzos para mejorar el nivel cultural de nuestras sociedades.

FICCIÓN Y REALIDAD

En mi opinión, sería necesario transmitir en el curso de la formación profesional de la televisión los siguientes puntos: la importancia fundamental de la educación, las dificultades de su puesta en práctica y el hecho de que no se trata de presentar hechos, sino más bien de eliminar la violencia. Habría que enseñar cómo captan los niños las imágenes, cómo elaboran mentalmente lo que les presenta la televisión y cómo se adaptan al entorno sometido a la influencia de la televisión. Hay que mostrar los mecanismos que llevan a que tanto los niños como los adultos tengan dificultades para distinguir la ficción de la realidad. Debería concederse singular atención al peligro de la mezcla de realidad y ficción, así como de sus posibles efectos desconcertantes en personalidades especialmente proclives a ello.

La licencia oficial para ejercer la profesión, tal y como la imagino, tiene como condición previa un examen, en el que los candidatos deberán probar que no sólo han aprendido la materia, sino también que son plenamente conscientes de su responsabilidad frente al público. Y tienen además que prometer que permanecerán fieles a esta responsabilidad actuando en consecuencia. La creación de una tal licencia oficial afecta no sólo a los puestos de suprema decisión, sino a todos los que trabajan en la producción televisiva y ostentan alguna forma de responsabilidad; también, por lo tanto, los técnicos y los camarógrafos. Todo el que participa activamente tiene que tener el derecho de decir a su jefe inmediato: Yo no trabajo en este programa porque quiero permanecer fiel a mi promesa y no quiero correr el riesgo de que me quiten mi licencia. Esto tendría que crear una situación en la que el productor es sometido prácticamente a un control por parte de los propios subordinados.

Una democracia no puede existir, si no se pone bajo control la televisión, o más precisamente, no puede existir sino cuando el poder de la televisión se ha puesto a descubierto. Los enemigos de la democracia todavía no se han dado cuenta del todo del poder de la televisión; cuando se percaten, la usarán de todos los modos posibles, incluso en las situaciones más peligrosas. Pero entonces será muy tarde. Debemos saber ver hoy esta posibilidad y controlar la televisión con los medios que he propuesto. En mi opinión, son los mejores, o quizás los únicos. Seguramente, otras personas tienen propuestas mejores; pero hasta el momento no he escuchado ninguna.

Karl R. Popper