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Benjamín R. ManzanaresEl acto fue presentado por don Ramón Sánchez Ocaña, Vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Intervinieron el director de Alfa y Omega, don Miguel Ángel Velasco, el representante del jurado de los Premios, el crítico de cine y profesor de la Universidad San Pablo-CEU don Juan Orellana, quien recordó cómo la Iglesia, que desde hace 2.000 años habita junto al corazón del hombre, ha tenido en el cine de estos últimos cien años un interlocutor con el que ha mantenido una relación fecunda y vital, aunque nunca complaciente. Después de que los premiados recogieran su galardón, magníficamente diseñados por Antonio Mesquida, el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, dirigió unas palabras a los asistentes en las que habló del cine como uno de los recursos que la historia del hombre y del arte ha desarrollado con más capacidad para penetrar en lo más hondo de la realidad, y por tanto también hasta ese límite de lo más hondo de la realidad que es el misterio de Dios que nos envuelve y que, al final, es el que nos explica. Ser cristiano es colocarse con la mirada justamente en relación o en dirección con Aquel del cual viene la luz y se proyecta la luz sobre esa realidad en la que estamos inmersos y de la que vivimos. |
| El cardenal recordó esa carta de navegación para la Iglesia y para los católicos de estos años del tercer milenio y del siglo XXI que es la Carta apostólica Novo millennio ineunte, que Juan Pablo II ha escrito a los católicos a principio de este año, después de haber concluido el Año Jubilar, donde describe el ser cristiano como a través de dos posiciones del hombre: Una es la de mirar a Cristo, y otra es la de mostrarlo, dejarse mirar por Él y mostrarlo. Pues bien, con los ojos del cine se puede ver toda la realidad a partir de esa mirada de Cristo, tratando de iluminarla con su mirada y tratando de proyectarla hacia Él. La Iglesia, a lo largo de los siglos, siempre se ha hecho aliada de todos aquellos que quieren o han querido mirar la realidad desde los ojos de Dios, desde los ojos de Cristo. Explícita o implícitamente, de una forma más plena, más lejana o más cercana. Por eso la historia de la mirada del hombre sobre la realidad, que se expresa en la historia del pensamiento, en la historia de la filosofía, pero sobre todo en la historia del arte, es una historia de alianza permanente de lo cristiano, de lo católico, con todo este tipo de manifestaciones, o de miradas del hombre sobre la realidad; sobre todo, las que llegan a la perfección de lo artístico.
El arzobispo de Madrid afirmó que, cuanto más se ve con luz la realidad, una luz que la penetra y la descubre en lo más íntimo de su ser y de su destino, más artístico se hace el arte. Se ha llegado en esa historia del pensamiento y del arte a este momento, a la historia que ha escrito el capítulo del cine, de la cinematografía, y esa alianza se ha vuelto a producir. El cardenal Rouco Varela habló también de la alianza entre el cine y la visión cristiana de la vida: Porque en el fondo se trata de acertar con el ojo que la interprete bien, que permita vivirla a fondo, y que permita así al hombre, en su vida personal, también en el contexto de la vida social, caminar al fin adonde tiene que caminar. Y se mostró alegre de que, a través de esta entrega de Premios, nos encontremos que hay muchas personas, artistas, gente del cine, que miran, justamente, coincidiendo con la mirada de Cristo, no sé si con conciencia de que lo están haciendo, plena, explícita, pero ciertamente lo hacen. Y nosotros nos alegramos hondamente por ello, y esperamos que esa mirada vaya conquistando a muchos sin forzar a nadie, sino solamente por la fuerza de la luz que de ella emana y por la fuerza de la luz que ella proyecta. Asimismo subrayó la cercanía de la Iglesia a esa mirada, y la voluntad de cercanía a los hombres y mujeres del cine. Es, pues, un motivo de gozo concluyó entregar estos Premios cinematográficos. Es la primera vez que presido una entrega de premios de cine, y ciertamente me satisface. Es motivo de gozo personal, personalísimo, y también para Alfa y Omega, y para el servicio que ésta quiere prestar a la Iglesia, el que podamos demostrar hoy que tenemos muchos aliados de la luz, y de la Luz que viene de Él. |