RetrocesoA&ONº 264/14-VI-2001SumarioMundoContinuar
Habla el arzobispo de Argel, cabeza de una pequeñísima comunidad
cristiana en un país con 30 millones de musulmanes
En Argelia, vemos los frutos de los mártires
Le recuerdo a los monjes trapenses de Thibirine. Él añade enseguida todos los demás: desde el primer hermano marista muerto en Argelia, al obispo de Orán, monseñor Pierre Claverie. Y los trabajadores extranjeros asesinados. Y los cien mil argelinos, todos musulmanes, caídos víctimas del odio fundamentalista entre 1993 y 1996. El arzobispo de Argel, mosneñor Henri Teissier, quiere subrayarlo: el motivo por el que los cristianos han muerto en Argelia es para compartir el drama del pueblo. Lo encontramos en Lodi, donde ha sido enviado a hablar sobre la . Sería difícil definir de otra forma la situación de su Iglesia: diez mil cristianos, casi todos extranjeros, en un país de 30 millones de musulmanes. Y, sin embargo, el pequeño rebaño lleva en el corazón a todo el país. Incluyendo los sufrimientos de Cabilia, la región en la que se han producido nuevos enfrentamientos en las últimas semanas.
Han pasado cinco años desde la muerte de los monjes de Thibirine.

El 21 de mayo hemos celebrado el aniversario: los trapenses han ido al monasterio. En este momento, sin embargo, no se puede dar allí una presencia: las autoridades aceptan que los monjes visiten el lugar, pero no que se establezcan allí, por razones de seguridad. Es una prueba para el nuevo grupo de monjes que se constituyó hace tres años para volver allí. Pero lo más maravilloso es que la gente del lugar los espera.

¿Qué ha significado para la Iglesia en Argelia la experiencia del martirio?

Ha sido el signo de nuestra fidelidad a la gente de Argelia. Este pueblo atraviesa una etapa difícil de su historia: no era posible dejarlo en el momento del peligro. Algunos de nosotros han sido eliminados. Pero no sólo han muerto los cristianos. También algunos líderes religiosos musulmanes han sido asesinados, porque no tenían la visión fundamentalista que los grupos armados esperaban. Y mujeres, niños, intelectuales, agricultores. Nos hemos quedado aquí para estar con ellos. No queríamos ser víctimas de la violencia, sino vivir con esta gente. Y muchos han comprendido.

¿En qué sentido?

Antes nos consideraban gente que no tenía nada que ver con ellos. En cambio nos han visto quedarnos con ellos, incluso cuando muchos musulmanes los han abandonado. Cuando han muerto los primeros religiosos, algunos nos han escrito: Sois nuestros hermanos. Siguen siendo musulmanes. Pero trabajar para que, quien era enemigo, no siga siéndolo, ¿no es una tarea de la misión? Cuando entré en Orán, en 1973, como obispo la catedral estaba llena de cristianos, pero todos extranjeros, no había ni un argelino. Tras la muerte de Claverie, cuando en 1998 entró su sucesor Alphonse Georger, tuvimos que organizar dos ceremonias: los argelinos, musulmanes, que querían dar la bienvenida al nuevo obispo eran muchos más que los cristianos.

El mes pasado en Argelia se organizó por primera vez un congreso oficial sobre la figura de san Agustín. ¿Cómo se ha vivido?

Desde la independencia, el Estado argelino no había aceptado nunca la historia cristiana del país. Ahora, en cambio, muchas personas han podido descubrir a san Agustín. Más de setenta periodistas han cubierto el congreso: en la prensa se ha discutido sobre esta figura. Los treinta especialistas venidos de todo el mundo han podido visitar Hipona, Tagaste y las demás ciudades de san Agustín: por todas partes han encontrado una gran acogida. En Tagaste, incluso, en el aula del municipio, se han realizado pinturas sobre la vida de Agustín. Obra de musulmanes, pero que ahora sienten a este cristiano como el orgullo de la ciudad.

¿Qué frutos puede dar todo esto?

Ahora muchos saben que, en la historia de Argelia, existe una personalidad que no era musulmana, sino cristiana. No es poco. La semana pasada, por ejemplo, una universidad ha organizado un congreso sobre el patrimonio espiritual de Argelia y nos han invitado. Quiere decir que aceptan que este patrimonio ya no es exclusivamente musulmán.

¿Qué eco ha tenido en Argelia la visita del Papa a la mezquita de Damasco?

Por desgracia, ha coincidido en los días de los enfrentamientos de Cabilia. En la prensa, por tanto, ha tenido poquísimo espacio. Sin embargo, quien ha visto las imágenes en las televisiones extranjeras se ha quedado conmovido. He recibido personalmente una llamada telefónica de un amigo musulmán que me decía: Es un hecho muy importante también para nuestro país. Hay que dar más información.

¿Cómo ve en Argelia el diálogo entre la Iglesia y el Islam?

Hay que encontrar el camino de la paz entre cristianos y musulmanes: para el bien del Islam, para el bien del cristianismo, pero sobre todo para el bien de la Humanidad. Recientemente se han hecho progresos: existe una estructura de encuentro entre el Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso y la Universidad de Al Azar, y otra con los organismos internacionales musulmanes. El Papa es el primero que recoge este desafío a través de sus viajes.

¿Qué aconsejaría al Occidente que hoy se encuentra con el Islam a través de la inmigración?

La vuestra es una tarea más difícil que la que tenemos en Argelia. Nosotros somos una minoría, no tenemos nada que defender. Y nosotros tenemos delante a una sociedad entera, no un grupo: es más fácil dialogar. Pero también para vosotros es decisivo tomar este camino. Es verdad que entre los inmigrantes hay fundamentalistas. Pero hay también muchos musulmanes que esperan este encuentro.

Giorgio Bernardelli. Avvenire