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La gran tentación que está siempre al acecho, cuando se realizan obras por el Señor, consiste en ponerse en el centro a sí mismos, sintiéndose casi como acreedores de Dios. Por el contrario, el creyente, atribuye todo al Señor. No es el hombre, con su inteligencia y su fuerza, el artífice de lo que se ha realizado, sino el mismo Dios. La riqueza y el poder son una tentación universal. Cuando el hombre pierde de vista a Dios, puede actuar como si fuera árbitro absoluto de todo lo que se posee, hacer de ello motivo de orgullo y de abuso para los demás. La oración, sin embargo, vuelve a poner al hombre a su dimensión de pobre que recibe todo. Paz para Centroáfrica De la República Centroafricana nos llegan noticias preocupantes de los enfrentamientos que tienen lugar en aquella querida nación y particularmente de las pruebas dolorosas a las que es sometida la capital, Bangui. Por mi parte, estoy junto a esas poblaciones y pido a todos los grupos en lucha que depongan las armas y cooperen en la restauración de un clima de concordia en el país. Rezad junto conmigo al Señor para que infunda en los corazones pensamientos de paz y de reconciliación. (6-VI-2001) |