RetrocesoA&ONº 264/14-VI-2001SumarioTestimonioContinuar
Oraciones de andar por casa
Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí…, que me ves, que me oyes…

Jesús, sé que me ves aquí, sentado en el banco, aunque yo no te veo a Ti… Veo un velo y un sagrario…, pero Tú sí me ves… y me oyes… Sin ruido de palabras, sabes lo que llevo en el corazón, lo que quiero decirte…, y estás pendiente de mí como si sólo yo estuviese hablando contigo…

Esta relación contigo, Señor, es tan personal como la que tenías con los discípulos, a solas, por las orillas de Tiberíades… Puedo descargar en Ti mis preocupaciones… y quejarme de lo que no va… y consolarte… y preguntarte lo que no entiendo… y pedirte que me ayudes… y contarte algo divertido…

Y, sobre todo, Señor, puedo pedirte perdón por lo que no va, por aquello que me haces ver —a veces sólo con una mirada— que no te ha gustado…

Y darte gracias porque me has dado tanto, tanto… Y porque estás ahí, desde antes de que yo naciese, encerrado, esperándome… Gracias, Dios mío, porque me acompañas siempre que yo quiero…, y por tantas cosas más…

Jesús, te amo, me gustaría amarte…

Te estaba diciendo —¡sintiendo!— que me ves, que me oyes, pero también me hablas, Jesús…; como a los Apóstoles me animas…, me regañas con cariño…, me sonríes…, me pides más, más…, que sepa salir de mí mismo y pensar en los demás…, en sus necesidades materiales… y, sobre todo, en lo que puedo ayudarles para que también te conozcan, y sepan qué sentido tiene su vida, y sean felices…

Jesús, me has vuelto a encender por dentro, a contagiar tu optimismo y tu amor por todos… y la urgencia por cambiar el mundo…, empezando por mí. Pero yo solo no puedo…, ya lo he intentado otras veces, mi Amor, y ya ves… Pero quieres que luche, y contigo sé que puedo, y que voy mejorando poco a poco…

José Pedro Manglano Castellary
en Orar con la Eucaristía
(Ed. Desclée De Brouwer)