RetrocesoA&ONº 265/21-VI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
Globalización
¿o cada uno a lo suyo?
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.

Vamos, si Dios no lo remedia, a tener globalización para rato. Y, antes que nada, el que esto suscribe quiere hacer una llamada, o un llamado como dicen en la otra España, para que le globalicen cuanto antes. Globalicémonos todos, que significa llenar de contenido una palabra comodín de nada cómodos intereses. Hay que apostar por la globalización del bien común, que no es más que la universalización del bien del hombre, de los derechos inalienables de la persona humana, que tiene sus raíces en su naturaleza creatural, y que nos hace entenderle siempre como un fin en sí mismo, y nunca como un medio. Laurent Zecchini, en el diario francés Le Monde, H-p://www.lemonde.fr/, nos recuerda, en su crónica del pasado sábado, el íter de la violencia antiglobalización: primero fue Sea-le (diciembre1999), luego Davos (enero-2000), Nice (diciembre -2000), Québec (abril-2001) y, ahora, Göteborg. El primer ministro sueco, Göran Persson, hablaba de "tragedia". En el plano político, los Quince han subrayado el carácter "irreversible" de la ampliación de la Unión Europea a los países del Este, aunque no se ha fijado una fecha concreta.

Para el maestro Ignacio Sánchez Cámara, en el diario madrileño de Prensa Española, el lunes día 18, la tradicional habilidad propagandística de la izquierda radical ha conseguido extender la patraña de que las patentes de moralidad se dispensan desde el lado siniestro del espectro político. A la izquierda, la moralidad se le presupone. Se invierte la carga de la prueba. Y tantas veces la realidad se encarga de desmentir la falacia, otras tantas se acude a una de estas dos posibilidades: o se niegan los hechos o se rechaza su naturaleza izquierdista. De manera que Stalin, Pol Pot, Castro y otros paradigmas de la libertad y de la moralidad, o son piadosos varones o, en su defecto, traidores a la auténtica izquierda. Todo menos vincular la violencia, la opresión o las matanzas con la izquierda. Ella se sitúa por encima del bien y del mal. O, directamente, se identifica con el bien. Mucho de esto puede comprobarse ante el ritual de la violencia que aflora ante la celebración de cualquier evento político internacional, ya sea la reunión del Fondo Monetario Internacional, o del Banco Mundial, o de las Cumbres de la Unión Europea. Es una nueva forma de delincuencia internacional, de lucrativo turismo revolucionario. Es la otra cara del excursionismo admirativo de Chiapas.

El pasado domingo, Marc Bassets y Salvador Enguix, enviados especiales del diario La Vanguardia a la cumbre europea de Göteborg, nos recuerdan que los Quince no tomaron nota de los incidentes en las conclusiones de la reunión. Pero los Jefes de Estado y de Gobierno los analizaron con profusión. Y decidieron crear un grupo de alto nivel para prevenir futuros disturbios en los próximos encuentros internacionales. La cumbre del G-7 en Génova, entre el 20 y 23 de julio, está en la agenda de los antiglobalización, y provoca temores profundos a los mandatarios.

Pero, retornemos a los principios globalizantes. El servicio semanal de la Agencia Zenit, H-p://www.zenit.org/, nos recordó, el pasado sábado, cuáles eran las claves del rostro humano de la globalización: Las protestas de organizaciones que luchan contra la globalización, consideradas por los sociólogos como el primer gran movimiento de contestación del siglo XXI, plantean una pregunta clara: ¿es suficiente la protesta, con violencia o sin ella, para hacer que la nueva coyuntura sea más justa?

Al hacer una radiografía del movimiento antiglobalización (Cf. Semana Internacional, 9 de junio de 2001), concluíamos con una constatación del ex Presidente de la Comisión Europea, el católico y socialista Jacques Delors, quien comentaba la acción de estos movimientos de protesta con estas palabras: "Rebelarse contra el actual desequilibrio internacional es sacrosanto. Pero rompiendo escaparates no se construye una alternativa. Es tiempo de propuestas". Juan Pablo II, en los últimos años, ha dedicado tiempo y energías para aplicar las propuestas de la doctrina social cristiana a este nuevo fenómeno. Veamos cuáles son. Ante todo, es muy importante aclarar, como lo hace el Papa en sus discursos, que la globalización es un hecho humano. Por ello, "a priori —explica—, la globalización no es ni buena ni mala. Será lo que la gente quiera que sea". De hecho, la globalización no sólo tiene una dimensión económica, lo es también cultural y política. Un hecho que tiene sus causas en esos factores que han alterado lo que el filósofo Thomas Kuhn llamaba "paradigmas", y que son provocados fundamentalmente por cambios tecnológicos: en este caso, los nuevos medios de comunicación. En este sentido, es importante distinguir entre globalización y neoliberalismo. Este sistema económico, basado en la libertad de iniciativa que, empujada por el deseo de lucro y regulada por la libre competencia, determina la producción y los precios, en ocasiones se convierte en auténtica ideología y se mueve como pez en el agua en el contexto de la globalización. Ahora bien, no es la globalización.