RetrocesoA&ONº 265/21-VI-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
TELEVISIÓN Y BLASFEMIAS

Desde hace varios meses, he observado que, en las series de producción española de más éxito que emite Tele 5, se han ido introduciendo poco a poco comentarios, bromas y chistes que son, como mínimo, una ofensa para los católicos, y en algunos casos auténticas blasfemias.

Inicialmente fue la serie Siete vidas, donde empezaron los chistes de mal gusto sobre la fe y la Iglesia católica; claro, esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que ha tenido el dudoso honor de convertirse en el primer programa de producción española que introduce entre sus personajes a una pareja de lesbianas. También en la serie El Comisario, sin llegar a ponerse al nivel de Siete vidas, a lo largo de los capítulos emitidos este invierno, se ha ido enfatizando la agresividad del lenguaje de los personajes, y dada la escasa originalidad de los guionistas, se ha recurrido, con una frecuencia que llega a hacerse insoportable, al uso de las referencias a la Eucaristía como expresión de enfado, sorpresa, amenaza… ¿Es que no hay en castellano palabras suficientes, y muy variadas, para expresar de mejor manera todas estas emociones?

Pero lo que ha colmado el caso, en mi opinión, son los dos comentarios realizados en la serie Periodistas. El primero, en el capítulo emitido el Lunes Santo, 9 de abril, en boca del personaje de Luis, interpretado por el actor José Coronado; y el segundo, en el capítulo de hace un par de semanas, en boca del personaje de Ana (no recuerdo el nombre de la actriz), y que suponen un ataque directo, en forma de burla, a la Eucaristía. ¡Ya está bien! Yo, que ya me di de baja como espectadora de Siete vidas, también me he borrado de Periodistas; y no pienso volver a ver ninguna serie de esta productora. Sería bueno que se extendiera esta actitud, y manifestar nuestra protesta; ya está bien de tragar con todo lo que nos ponen delante; y no vale la excusa de que individualmente no podemos hacer nada. En la página web de Telecinco (www.telecinco.com) hay un apartado de sugerencias y quejas. El que quiera entender, que entienda.

María Álvarez de las Asturias Bohorques

VOLVER AL PUEBLO

Cada año en estas fechas el pueblo nos espera. Nos ofrece hospitalidad, nos recogen con alegría. Con los brazos abiertos. Aquellos que con nosotros compartieron nuestros años niños. Todo evoca un brote de recuerdos, que no se olvidan. Con qué ilusión preparamos el equipaje de nuestro viaje. Porque sabemos que nos esperan días felices. Con el silencio rural, todo cobra vida y oración. En nuestro equipaje, no puede faltar aquel libro piadoso escogido, y, junto a él, el Santo Rosario. Cuando llegamos al pueblo, vivimos el impacto del cambio, de la ciudad ruidosa, del asfalto callejero y viandante. El pueblo calla con ese silencio, escuchando el canto de los pájaros, respirando el aire puro, oliendo la hierba recién cortada. Hacemos encuentros con nuestros amigos, con el incomparable paisaje y las costumbres de sus residentes. Que este volver al pueblo, sea la confirmación de un descanso, más que físico, embellecido con nuevos brotes de espiritualidad y ponerlos en práctica.

Raquel Serna Avendaño
Salou (Tarragona)

ME ESCUECE…

Escuchaba yo sólo, en mi casa, un día cualquiera, el hermoso Adaggie-o del 4º Movimiento de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler. Tenía el ánimo tranquilo aunque algo deprimido; algo dentro me atormentaba y acosaba. Sentía deseo de echar fuera de mí algunas de las muchas situaciones que producen escozor en mi interior, y contagiado de este ambiente, sin pensarlo demasiado, empecé a vomitarlas:

Me escuecen tantos gritos de dolor que no escuchamos, tantas miradas que retiramos por no herir nuestra sensibilidad o inquietar nuestra conciencia. Me escuece que estemos tan preocupados por nuestros bienes y nuestra estabilidad y no busquemos la forma de que otros la tengan. Me escuece que pensemos que siempre tenemos la verdad y queramos imponerla. Me escuece que tengamos miedo y siempre estemos a la defensiva. Me escuece que actuemos como si el Espíritu Santo fuera monopolio de unos pocos y nos falte la fe en la presencia activa del Espíritu en todos. Me escuecen nuestras obsesiones por algunos mandamientos y nos olvidemos de otros. Me escuece que hayamos hecho del cristianismo una ética y que tantas veces nuestros cánones y leyes estén por encima del amor y la misericordia. Me escuece que estemos más prestos a censurar y atacar que a anunciar la Buena Nueva. Me escuece tanto católico preocupado más de adoctrinar y corregir, que de acompañar, consolar, liberar y ofrecerse preguntando: ¿Qué quieres de mí?

Me escuecen muchas cosas más…

Al mismo tiempo me consuela saber que Jesús sigue siempre a nuestro lado y nos espera fielmente.

Pedro Gómez
Madrid

CHESTERTON

El 14 de junio de 1936, a los 62 años, muere Gilbert Keith Chesterton. La noticia hace decir al redactor de The Times que la recibe: Dios mío, no será nuestro Chesterton… Sí, es el nuestro. El de todos: ¿quién, que tenga ahora medio siglo, no lo ha leído? Discutió con todo el mundo y a nadie ha dejado en la tierra que le quiera mal. Bernard Shaw, su eterno antagonista, ofrece a su viuda todo el apoyo que necesite y lamenta haber sobrevivido a su amigo y enemigo

Quiero unir mi pequeño homenaje a ese hombre que tanto bien hizo con la pluma, y quiero hacerlo porque han cambiado las cosas y, no siempre para bien, existe una fuerte conspiración de silencio frente aquellos temas que encaran la trascendencia del hombre. No hay oponentes, no se discute, simplemente no se da audiencia a quienes podrían arrojar bastante luz sobre nuestra realidad diaria.

¿Es razonable que los jóvenes corran despendolados a hacer mil y un cursillos, carentes por completo de interés, después del trabajo, en tiempo que debería ser dedicado al descanso, a la familia o al crecimiento espiritual? Mientras, hay familiares cercanos solos en las clínicas, pasando tristemente las horas en espera de ser intervenidos.

La prensa ofrece pocas oportunidades para hacer a la gente más sabia o más buena. ¿Para qué sirve tanta información, si nunca se aborda a aquello que de veras interesa al hombre? ¿No abundamos en trivialidad? ¿No nos faltan polemistas de altura? Querido Chesterton: ruega por nosotros.

Rosa Navarro
Valencia