RetrocesoA&ONº 265/21-VI-2001SumarioCriteriosContinuar
Anticonformistas al unísono
En la edad de lo visual, la mirada pierde su antigua altura. El ojo ni contempla ni observa: traga, engulle, se abreva, se convierte en una especie de boca. Así, sed y hambre tienden a imponerse como la única dimensión de la existencia.

Al decretar la sublevación de la vida, Mayo del 68 no puso, en definitiva, nada en tela de juicio. Ese movimiento de la juventud parisina y mundial no destruyó el sistema, sino aquello que, en el sistema, no respondía a las demandas de la vida, es decir, del sistema. Cualquier otro que no sea yo es para mí un agente de represión, se leía en una de las paredes que en Mayo tomaron la palabra.

Con este individualismo radical, los contestatarios descubrían y exaltaban los principios distintivos de la propia sociedad que creían combatir. Y el combate sigue. La tiranía de la mayoría se ejerce hoy con tanta mayor eficacia cuanto que se vive como un permanente desafío a la opinión mayoritaria: en 1996, con motivo de las vacaciones de verano, Le Monde y France Culture, dos medios a los que no cabe calificar de marginales, proponían a la juventud un concurso de escritura redactado en estos términos: Palabras de revuelta. Demos paso este año a las palabras de ruptura, palabras de movimiento y de rebelión, palabras de quienes saben batirse con las prohibiciones y los estereotipos. La blasfemia y la insubordinación tienen hoy premio. Se predica el escándalo. Sólo se tolera la herejía, sólo se subvenciona la subversión, sólo los agitadores exaltan, sólo los libros incómodos se glorifican. Se es anticonformista al unísono. Se transgreden con ardor leyes represivas en las que, desde hace mucho tiempo, nadie cree ya. Se hace befa de tradiciones extintas, se disfruta desafiando sin cesar a prejuicios caducos porque nadie es capaz ya de imaginar la aventura humana de otra forma que como lucha de liberación de los vivos contra los muertos.

Alain Finkielkraut
de La ingratitud
(Ed. Anagrama)