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Los jesuitas aceptan el reconocimiento de las parejas homosexuales: así han titulado las agencias internacionales de noticias, y también algunos periódicos, su resumen de un artículo que ofrece el próximo número de la revista Civiltá Ca-ólica, que dirigen en Roma los jesuitas, y que es considerada muy cercana a la Secretaría de Estado vaticana. La noticia, dado que los borradores de esta publicación quincenal son revisados por la Secretaría de Estado, tenía todas las condiciones para ser una auténtica primicia, si no fuera por un pequeño detalle: es falsa. Así lo ha confirmado a Zenit el Vicedirector de la revista, padre Michele Simone, quien afirma que, en el editorial, queda meridianamente claro que un político católico no puede aprobar las uniones homosexuales. Los medios citados se basaron en el breve resumen que suele facilitar esta centenaria publicación antes de su definitiva distribución. La revista, tras reafirmar con fuerza el deber de los políticos católicos de realizar una política a favor de la familia, fundada sobre el matrimonio, condición esencial para conservar sano el tejido social, confirma la oposición a la adopción de niños por parte de homosexuales, y la necesidad de estudiar jurídicamente la regulación de este problema. El padre Simone ha subrayado que ésta es la doctrina tradicional de la Iglesia: no se trata de aprobar los fenómenos negativos que existen en la sociedad, sino de analizarlos a fondo y reglamentarlos para que no se desborden. No se trata de reconocer, y mucho menos de equiparar, las uniones homosexuales a la familia. Esa interpretación de la prensa es totalmente ilegítima.
Lo he visto en los anuncios del Metro y también en anuncios de prensa. Una película, que se acaba de estrenar estos días, tiene el siguiente reclamo publicitario: Sólo hay dos tipos de parejas: las que se separan y las que acaban mal. Ya lo saben ustedes... Quiero decir que ya saben ustedes qué película es la que no tienen que ir a ver. Se titula Hombres felices. ¿No se les caerá la cara de vergüenza? ¿Es posible que nadie de los que colaboran en semejante inmundicia haya tenido unos padres normales, o haya conocido al menos a una de tantos miles de parejas que desmienten esa bazofia publicitaria? Gonzalo de Berceo |