RetrocesoA&ONº 265/21-VI-2001SumarioDesde la feContinuar
La vida, principio rector del Derecho
Por estas fechas hace un par de años, publicó un libro con este título el profesor universitario don Federico Fernández Buján. Está prologado por don Pedro Laín Entralgo. La lectura de estos dos textos resulta obligada para poder sobrevivir ante los aconteceres de hoy, sobreabundantes en la tarea, quizás no intencionada pero cierta, de la despersonalización.

La idea central del autor radica en la defensa de la vida, en su máxima acepción: desde la formación genética del nuevo ser humano, hasta su normal fallecimiento. No es mi deseo hacer una crítica del libro, digno de todo encomio, eso sí, sino sólo recomendar la consideración detenida de cada una de sus páginas. También de hacer algunas apostillas. De entrada, mi sólida convicción en el ámbito teológico. La Constitución Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, precisa: La vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado. En el mismo sentido, Juan Pablo II en su encíclica Evangelium vitae: El aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.

En el médico-científico no parece que haya discrepancias. Tengo leído que la biología prueba, con absoluta certeza, que la vida de un nuevo ser humano tiene inicio en el momento que se da la unión del gameto masculino (espermatozoide) y del gameto femenino (óvulo). Se forma, en ese instante, una nueva célula de 46 cromosomas, llamada cigoto, la cual contiene una nueva combinación de material genético, resultando así un individuo diferente tanto de los padres como de quien quiera que sea en el universo. En el nº 189 de Alfa y Omega (pág.3), se destacaba este texto: En biología dos y dos no son cuatro: la suma de dos gametos no produce una célula normal, sino un zigoto con un programa genético humano, y por tanto vida humana, y no de cualquier otra especie.

La sentencia del Tribunal Constitucional del 17 de junio de 1999 ha venido a generar una polémica, que, a casi seguro, se extenderá entre juristas y biólogos. Buena prueba de ello nos ofrece Alfa y Omega, en su nº198 (3-II-2000). La profesora Barcena Beltrán finaliza así su texto en la página 27: Las corrientes de opinión que ensalzan el progreso científico, y los diversos grupos de intereses que presionan para que los embriones se utilicen en experimentación, están provocando que se pierda el respeto a la dignidad del hombre, sin tener en cuenta que la ciencia ha de ser un instrumento a su servicio. Un medio, nunca un fin.

Quienes se sientan capaces de intervenir en esta polémica actuarán con la mayor prudencia si repasan, muy detenidamente, el libro de Fernández de Buján. Encontrarán argumentos, para mantener que el derecho a la vida comprende al no nacido, en la teología, en la filosofía, en la biología, en la ética y hasta en la estética; también en todos los ámbitos del Derecho.

Juan Muñoz Campos