RetrocesoA&ONº 265/21-VI-2001SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

La unidad verdadera

El Corpus Domini es fiesta de sugestivas resonancias populares, ligadas sobre todo a la tradición tan elocuente de acompañar en procesión el Santísimo Sacramento por las calles de las ciudades y de los pueblos. Es fiesta de alegría, por el don maravilloso del Pan al que Cristo ha ligado su promesa de vida eterna. La Eucaristía se convierte así en principio de la nueva Humanidad y del mundo renovado, cuya plena manifestación será al final de la Historia. Ya ahora crece, empero, como semilla y levadura del Reino de Dios.

Carácter distintivo de la nueva Humanidad redimida por Cristo es la plenitud del amor fraterno. En realidad la Eucaristía es por excelencia el Sacramento del amor, entendido como don de sí. Sin el alimento espiritual que proviene del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el amor humano queda siempre contaminado por el egoísmo.

Jesús, Pan de vida eterna, ha bajado del cielo gracias a la fe de María Santísima. Tras haberle llevado en sí con inefable amor, ella ha seguido fielmente al Verbo encarnado hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a María que nos ayude a redescubrir la centralidad de la Eucaristía, especialmente en el día del Señor, para vivir en plenitud la comunión fraterna. A ella pedimos, además, que nos conduzca hacia la verdadera unidad. A María quisiera confiarle de modo muy especial la próxima peregrinación que realizaré a Ucrania. Que este viaje apostólico pueda marcar una etapa ulterior en el camino hacia la auspiciada unidad de todos los cristianos.

(17-VI-2001)