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A. Llamas PalaciosHacia el año 1913, la tradicional enseñanza del catecismo se ve suplantada por novedades muy llamativas. La aparición de grandes carteles, o láminas murales de luminosos colores, rompe de lleno con los antiguos catecismos, de pequeños grabados en blanco y negro. Bajo el título La enseñanza del catecismo, estas grandes láminas fueron muy conocidas y utilizadas durante un cuarto de siglo, compitiendo con las proyecciones de diapositivas, que tenían un coste mucho más alto. Estas láminas suponen, para el hombre de principios del tercer milenio, un reflejo claro de los gustos, la enseñanza de la catequesis, la liturgia y la mentalidad del siglo XX que nacía. La Sala de Exposiciones de la Fundación Joaquín Díaz, en Urueña (Valladolid), acoge, hasta la próxima primavera, la interesantísima colección, de Modesto Martín y Luis Resines, de láminas de La enseñanza del catecismo. La exposición se presenta como La era del bien y del mal. La explicación a este título sugerente la da Luis Resines, en la introducción al Catálogo: Sería una audacia imperdonable, por mi parte, pretender aquilatar la idea de la era del bien y del mal hasta agotarla. Y esto, por doble razón: en primer lugar, porque no existe una era, una etapa, una época de la Historia que se pueda catalogar con la denominación expresada, como si fuera un rasgo definitorio que estableciera diferencias con otras eras; en segundo lugar, porque la línea divisoria entre el bien y el mal es una línea no siempre precisa, ondulante, bien trazada o desdibujada, según las ocasiones. |
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En dicha introducción, Luis Resines hace una declaración de principios con respecto a la exposición, donde se trata de descender al detalle de analizar el mundo de la pedagogía religiosa en algunas de sus manifestaciones; más en concreto, como introducción a una colección de láminas murales para la catequesis.
En el proceso de transmisión de la fe, si hay alguien que ha tenido un papel fundamental, es la figura del catequista. Éste es referencia inmediata para el catecúmeno, que recibe de él palabras, gestos, sonrisas, advertencias, apoyos. En el volumen La era del bien y del mal, no sólo se puede disfrutar de las láminas del año 1913, sino que cada una aparece comentada por conocidas e importantes personalidades, que han prestado su colaboración con el Catálogo, como monseñor José Delicado Baeza, arzobispo de Valladolid; Jesús López Sobrino, director del programa El día del Señor, de TVE; los padres Antonio Viñayo, abad de San Isidoro de León, y Clemente Serna, abad de Santo Domingo de Silos; Antonio Meléndez, director de la Fundación Las Edades del Hombre; Luis Alberto de Cuenca, poeta y filólogo, Secretario de Estado de Cultura; los escritores Gustavo Martín Garzo, Miguel Delibes y Marina Mayoral; o el músico Amancio Prada. Luis Resines hace, en su introducción al Catálogo de la exposición, una bella comparación, y es que el catequista es el libro vivo y vital. Sus ojos nunca son inexpresivos, sus manos siempre inquietas, pues comunican con entusiasmo o prevención, sus labios no sólo pronuncian palabras en raudal, sino que comunican el convencimiento, la veracidad Hoy, estos murales, pueden resultar estéticamente distantes debido al paso del tiempo; sin embargo, son también documentos únicos que muestran de forma magistral la enseñanza del catecismo católico durante casi un siglo, cuyo centro es Jesucristo, como subraya en su comentario monseñor Delicado Baeza: Cristo crucificado es el misterio insondable, escándalo para quienes buscan portentos y locura para quienes sólo confían en la razón. Para los creyentes que aceptan la Palabra revelada, fuerza y sabiduría de Dios. |