RetrocesoA&ONº 266/28-VI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Los catalanes, en la Encuesta Europea de Valores
Sólo un 30% confía en la Iglesia
Cataluña 2001: Los catalanes en la Encuesta Europea de Valores es el título del libro,
publicado por la Fundación Santa María, que recoge la valoración de la sociedad catalana
sobre aspectos como el trabajo, la familia, las relaciones sociales, el sistema político o la religión,
así como sus códigos morales y éticos. El informe ha sido realizado por el sociólogo
Francisco Andrés Orizo y por la historiadora y antropóloca María-Ángels Roque,
y recoge los resultados de la Encuesta Europea de Valores en su segunda aplicación,
que se compara con los resultados de la encuesta de 1990

El trabajo, los amigos, el tiempo libre y el ocio son los valores básicos de la sociedad catalana, aunque esto varía con la edad de cada uno. Los catalanes se han instalado en la cotidianidad de la vida diaria y han perdido cierta tensión ante los grandes temas. Sus sentimientos de felicidad, satisfacción y bienestar, y su deseo de disfrutar de la vida familiar, dando una importancia relativa al trabajo, son superiores a los del resto de los españoles.

MORAL INDIVIDUAL Y ÉTICA SOCIAL

El bien y el mal no se muestran siempre con claridad; el relativismo moral de la sociedad catalana de hace 10 años continúa; aunque en los grupos de más edad la frontera entre ambos es más precisa. Esta indefinición produce un mayor nivel de permisividad, sobre todo en el ámbito individual y familiar, y en el comportamiento sexual. Esta permisividad es inferior a la del resto de España, si hablamos de moral cívica y social.

El asociacionismo ha disminuido. A las asociaciones deportivas, culturales y recreativas le siguen las de tipo ideológico, de tipo profesional, de bienestar público y los movimientos sociales. La mayoría de los miembros son activos, es decir, realizan un trabajo voluntario gratuito para estas organizaciones.

De los grupos más cercanos el más importante es la familia; de lejos le siguen las personas mayores, los enfermos o discapacitados, desempleados, vecinos... Concluyendo con los datos, el potencial de solidaridad y de ayuda social es inferior al que se registra en el total español.

VALORES FAMILIARES


Para un 90 por ciento de los encuestados, la familia es muy importante o bastante importante; se decantan por el matrimonio y la vida en pareja, aunque a esto le dan más importancia las mujeres y se incrementa con la edad y la religiosidad del encuestado, al igual que entre la población casada y viuda. A pesar de que la familia es muy importante para los catalanes, la fuerza de los valores tradicionales matrimoniales es menor. El divorcio cada vez se percibe como un elemento menos negativo, junto con el aborto; los jóvenes son los que les dan más aprobación. Además, la sociedad catalana presenta un descenso en los puntos que antes se otorgaban a las condiciones que dan éxito a un matrimonio: fidelidad, mutuo respeto, comprensión y tolerancia e hijos.

No se tiene por qué trabajar, si no se desea hacerlo: esta frase es suscrita por muchos catalanes, que valoran de manera importante el trabajo y se sienten más satisfechos y libres para tomar decisiones que el total de los españoles. Lo más valorado en el trabajo son los ingresos y la seguridad, a lo que le sigue el horario, el ambiente de trabajo y los aspectos sociales o de compromiso personal. La tasa más alta de actividad y de ocupación recae en las personas que trabajan por cuenta ajena.

Se reducen las discriminaciones con respecto a otros grupos y poblaciones, aunque la igualdad de los catalanes se decanta hacia lo individual más que hacia lo social. La libre competencia se acepta como buena, asignando cierto papel relevante al Estado. Opinan que las personas deben asumir individualmente más responsabilidades en cuanto a proveerse de medios de vida para sí mismos, concediendo menos importancia al papel del Estado benefactor.

RELIGIÓN


Los indicadores de religiosidad ofrecen valores inferiores entre los catalanes, aunque la presencia del modelo cultural católico sigue siendo mayoritaria (71%). La práctica religiosa también es inferior, aunque en festividades unidas a un territorio o a una tradición se ha acusado un aumento.

La secularización de la política es defendida por los encuestados, que rechazan el hecho de que los líderes religiosos influyan en las decisiones del Gobierno.

Sólo un 31 por ciento muestra su confianza en la Iglesia como institución; según los catalanes, la Iglesia no está resolviendo de manera adecuada los problemas sociales, morales del individuo o las inquietudes de la vida familiar.

El prototipo del catalán interesado en política es el de un hombre de edad media, trabajador por cuenta propia, con estudios superiores, de raíces catalanas y situado en los extremos de la escala política. Su interés es inferior, a la media europea, pero ha crecido y es superior a la media española. Entre la población, situada hace años más hacia la izquierda, han aumentado aquellos que se sitúan en el centro derecha y, más moderadamente, en el centro izquierda.

Aceptan, en porcentaje superior a la media nacional, el sistema democrático. Prefieren que sean los expertos los que tomen las decisiones en vez del Gobierno. La confianza en las instituciones se ha incrementado, sobre todo en las catalanas. Se da más importancia a la policía, Parlamento, grandes empresas, sindicatos y OTAN, y menos a la Iglesia y Fuerzas Armadas.