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Éstos son sus datos técnicos: veintidós apartamentos y, en su día, dieciocho habitaciones individuales, comedor y cafetería, cocinas y lavandería, salones y salas de audiovisuales, peluquería y podología, zonas ajardinadas y gimnasio, etc. Su coste rebasa los cuatrocientos millones de pesetas, sin contar la inversión ulterior en equipamiento y puesta en marcha. Ésta es la apuesta de Cáritas diocesana en los inicios del tercer milenio, éste es uno de los proyectos que la diócesis de Granada ha hecho suyos, por emblemáticos, con motivo del gran Jubileo del año 2000. Es una forma de remar mar adentro, como nos invita Juan Pablo II en esta hora. Pero, ¿por qué este proyecto? Cáritas ha apostado siempre por el hombre y todas sus necesidades. Nuestro mundo actual, moderno y avanzado, ha generado una serie de carencias que, en ocasiones, no son simplemente económicas, sino afectivas y relacionales. Hay muchas clases de pobreza, ciertamente, y Cáritas está llamada a atajarlas allí donde se encuentren. Y esta llamada porque apostamos por el hombre, insistimos no se traduce en una ayuda puntual, sino en la promoción personal, la integración social y la defensa de la dignidad humana. Esto es lo que piensa hacer con esos casos detectados de padres, y sobre todo de madres, mayores que tienen a su cargo a hijos con grandes minusvalías y discapacitación. El paso del tiempo, la merma de fuerzas y la continua inquietud suele degenerar en estados de ansiedad que se agravan cuando algún integrante de la familia hijo discapacitado, padre o madre con achaques o enfermedades es internado en centros, donde se atiende, con eficacia y esmero, a sus padecimientos físicos, pero a costa de sacrificar una parte de su efectividad. Esta situación a la larga es contraproducente. La manera de evitar dicha situación no es otra que el respeto a la propia intimidad de las familias; eso sí, poniendo a su disposición, y cuando ellos lo crean necesario, unos servicios integrados, completos y cercanos. Oasis nace con la intención de eliminar barreras, con la voluntad de hallarse cerca pero sin intromisiones, con el deseo de servir de apoyo y no de ayuda avasallante, con la finalidad de reforzar la cohesión familiar y no de contribuir a su ruptura, con la idea de aportar vías de relaciones interpersonales, pero no de socializar los problemas. Zonas privadas para vivir y comunes para convivir, asistencia para apoyar, servicios para mejorar la calidad de vida sin hipotecar los valores personales. Y junto a todo ello, un yacimiento de empleo, para profesionales y especialistas en muy diversas materias. |
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UNA APUESTA DIFÍCIL
La apuesta es difícil, no lo negamos. Difícil por su novedad y por su envergadura; pero creemos que será extremadamente positiva. Es más, abrirá nuevos cauces y modelos de asistencia social, que tengan en cuenta antes la realización personal que el mero bienestar material. Si lo conseguimos, habremos logrado plantar un oasis en medio del desierto. Este Oasis empieza a ser ya una realidad. Cualquiera puede pasar a ver el estado de las obras, a espaldas de la nueva Estación de Autobuses de Granada. Ya está concluido su correspondiente equipamiento, dentro de las exigencias legales existenciales y de la vanguardia tecnológica que ofrece el mercado. Hemos querido construir la casa sobre la roca, no por la solidez del edificio que lo es, sino por la solidez de nuestro compromiso, que nace de profundas convicciones sobre la calidad que debe presidir nuestros proyectos, la actitud de servicio en nuestras actuaciones, la dignidad personal como primera de nuestras metas y la defens a de valores ante todo inmateriales. Oasis es también tu proyecto, si compartes nuestras inquietudes y valores. Ya observarás que los medios de comunicación piden con insistencia tu aportación económica. Y esto es así porque la necesitamos. Recibimos los donativos en nuestras oficinas centrales (calle Azpitarte, 3) y en todos los Bancos y Cajas de Ahorros, haciendo constar el destino Proyecto Oasis del donativo. En la recta final del proyecto, la ayuda de la ciudadanía se hace más urgente. Que no falte tu ladrillo. Miguel Luis López Guadalupe |