RetrocesoA&ONº 266/28-VI-2001SumarioContraportadaContinuar
La Eucaristía en el Siglo de Oro
El monje-poeta Damián de Vergas, poco antes de 1590, en su monasterio de la Orden de San Juan de Jerusalén, en Consuegra (Toledo), compone la siguiente letrilla con motivo de la celebración del Corpus:

Hoy es día de placer,
cada cual suelte la maza,

que, pues Cristo se disfraza,

gran fiesta debe ser.

Si David, siendo quien era,
rey, profeta y patriarca,

bailaba delante de un arca,

delante de Dios ¿qué hiciera?

Diera saltos de placer
por las calles y en la plaza;

que, pues Cristo se disfraza,

gran fiesta debe de ser.

Sin plena conciencia de ello, en estos versos la exaltación de la Eucaristía traspasa sus límites previos: la oración se vuelve poesía. A finales del siglo XV y comienzos del XVI, se da en España un auténtico estallido de arte eucarística: sirva de ejemplo el retablo de la catedral de Toledo (1504). El mismo primer tercio del siglo XVI fue época en que la orfebrería sacra alcanza un apogeo sin precedente. Y, aunque procedía de tiempos visigodos, la centuria vio el insólito fenómeno, en las catedrales de Toledo y Sevilla, de las danzas ante el Santísimo Sacramento expuesto, ejecutadas por los pueri cantores o seises.

Por esas décadas se va forjando el género dramático de los autos sacramentales. Paralelamente, se alzan insignes compositores de polifonía, entre los que es oportuno destacar a Francisco Guerrero (1528-1599). La célebre canción Pan divino y gracioso, de este maestro de capilla de la catedral de Sevilla, ha resistido el poder erosivo de las edades.

Para la colección Al Santísimo Sacramento en su fiesta (1609), Lope redacta, en metros clásicos, unos versos eucarísticos de incomparable vuelo lírico: en Rimas sacras (1614); posteriormente, en 1625, compone Triunfos divinos, uno de cuyos extensos cantos consiste en un majestuoso Corpus alegórico. En 1608 se había establecido, en la villa de Madrid, la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento del Oratorio de la Calle del Olivar. Miguel de Cervantes se inscribe en ella. Se conserva, en el libro de asientos de la cofradía, su documento de admisión, fechado el 16 de abril de 1609, en que se dice, en letra autógrafa del inmortal novelista, Esclavo del Santísimo Sacramento, Miguel de Cervantes. Al autor del Quijote le siguen en alistarse en esta sociedad lo más granado de la intelectualidad del momento: Salas Barbadillo, Vicente Espinel, Francisco de Quevedo, Fray Hortensio Félix Paravicino, Lope de Vega. Celebran estas asociaciones eucarístico-literarias, todos los jueves, actos litúrgicos en honor al Santísimo Sacramento. Claudio Coello, pintor de corte durante el reinado de Carlos II, es creador de La Sagrada Forma del Escorial (1685-1688).

Hay que recordar que los autos sacramentales constituyen una parte integrante de la cultural. Alcanzan su cenit en la segunda mitad del siglo XVII, con Calderón de la Barca.

Es un fenómeno desde dentro de devoción eucarística insólito en la Historia; de un amor nacido de una tremenda pujanza espiritual; teológicamente hablando, arraigado en la eficacia del Sacramento mismo. Es un amor que se desborda culturalmente, un dinamismo vinculado a las formas de arte vigentes. Se caracteriza por el júbilo, por el éxtasis, por un sentido de triunfo; así como la Semana Santa hispana se caracteriza, por contraste, por el pathos, por la expresión de dolor.

Nos hallamos ante un testimonio de fe sin par; ante un portento cultural polifacético y polivalente.

Elizabeth Wilhelmsen
Universidad de Nebraska

 Es también el manjar mesmo

Dos autores del Siglo de Oro español supieron expresarlo así:

En el banquete sabroso
de aquel Pastor que, Cordero,

con ser él el que convida

es también el manjar mesmo,

los ojos dan aguamanos,

y los manteles ha puesto

la gracia, blancos y puros,

porque es muy limpio su dueño.

Si en la mesa, fieles, Dios es comida,
¿cómo todos le comen y él tiene vida?

Tirso de Molina

El pan que veis soberano,
un solo es grano,

que en tierra virgen nacido,

suspendido

en el madero,

se da entero

adonde más dividido.

Luis de Góngora