RetrocesoA&ONº 266/28-VI-2001SumarioDesde la feContinuar
El "mejor" año del cine español
Eso dicen las cifras. La cuota de pantalla del cine español parece que este año va a llegar al 20 %.
Todo un récord. La gente ha ido a ver más cine patrio que años anteriores. ¿Es una buena noticia?

Depende. ¿Qué es lo que el público ha encontrado merecedor de sus preferencias? Sólo una cosa: Torrente 2. Ni más ni menos. Tres millones y medio de espectadores se han movido de sus casas para ir a disfrutar de ese prodigio de arte y buen gusto que se llama Santiago Segura. Ya puede estar orgulloso. Para ver Pan y Rosas, de Ken Loach, sólo lo hicieron cuarenta y cinco mil; y cincuenta y cuatro mil fueron a ver la última de Montxo Armendáriz. El señor Andrés Vicente Gómez, Rey Midas del Hollywood celtibérico —con perdón—, ha recaudado, gracias al enternecedor comisario Torrente, más de tres mil quinientos millones de pesetas. Por comparar, el amigo Hannibal, el canibal, acumuló mil quinientos millones, menos de la mitad. Claro, que el simpático colchonero saltó al ruedo con doscientas cincuenta y nueve copias de su película, mientras que, por ejemplo, Capitanes de Abril, de María de Medeiros, sólo ha distribuido nueve.

En fin, nos dan lo que nos merecemos. Primero nos hemos dejado vaciar como un pimiento de piquillo, y luego nos rellenan con la carne picada del origen más innombrable del mercado. Como en los tiempos de Nerón: pan y circo. Y todos contentos.

Pero el pobre Torrente no se va a llevar todos los méritos de nuestro cine actual. Si ojeamos los estrenos hispánicos de este fin de primavera, nos encontramos con Son de Mar, de Bigas Luna, que es un culebrón sexual sólo interesante para el psicoanalista paricular de Bigas; con Hombres felices, de Roberto Santiago, película que sólo tiene buena la intención, que ni siquiera es original; con Pata negra, patética patata que no ha arrancado buenas palabras ni a los críticos más generosos; en fin, cabe un etcétera más largo que sólo redunda en lo mismo.

Merece comentario distinto Joaquín Oristrell, guionista de las mejores obras de Mariano Barroso y Gómez Pereira, que estrena ahora su mejor largometraje, Sin vergüenza. Si hubiera renunciado a los tópicos del sexo, tendríamos delante una de las mejores cintas españolas del año. La película refleja con inteligencia y humor el mundo de los jóvenes actores, las escuelas de interpretación, el peloteo, los castings..., con mezcla de romanticismo y dramas personales. Aunque sobran zafiedad y lugares comunes, abundan los diálogos brillantes, y las buenas interpretaciones.

En fin, cabe preguntarse en qué consiste la salud del cine español. ¿Se refiere al crecimiento económico —de un par de bolsillos—? ¿Es la aportación significativa a la cultura cinematográfica? ¿Es la pura capacidad de entretener? La respuesta depende de lo que cada uno pida al cine. Personalmente creo que sería mejor que en España se estrenaran menos películas y mejores. Con You´re the one, El Bola, La Reina Isabel en persona, El otro Barrio, La espalda del mundo, Morir o no y alguna otra, habíamos ido más que servidos el año pasado. La industria no entiende de bien común, acervo cultural, ni cosas de esas. Bueno, sí entiende, pero le trae sin cuidado. Este mundo que hemos hecho entre todos sólo maneja presupuestos y cuentas de resultados. Si el cine es sólo un negocio de entretenimiento, quitémosle el título de séptimo arte, ¿o no?

Juan Orellana