RetrocesoA&ONº 266/28-VI-2001SumarioDesde la feContinuar
Un decorado de Mingote

Un criado obligado a ser un estuche cuando el señor es una "joya"; gentes que leen a Freud; autos deportivos —suena un claxon y todos corean ¡Un auto, un auto!, y deportistas que saben a neumático; personajes que no saben qué tienen para no se sabe cómo ni cuándo ni por qué; un amor expréss, París-Londres-Cercedilla; una secretaria por amor que más ríe y más gritos da cuanto más sufre por su amor no correspondido; un tango titulado Fiscalito del Supremo; un cinismo descarado sobre la mujer y sobre el matrimonio, redimido al final por el amor verdadero; una retahíla continuada de frases ingeniosas tipo Las lágrimas son el "vermú" del amor, y unos versos tan malos tan malos..., que Dios los castigará; un no sé qué de porteño y de cañí...

Con todos estos y otros muchos mimbres, Jardiel Poncela —¿quién si no?— va tejiendo el cesto de Usted tiene ojos de mujer fatal. Juan José Alonso Millán —como homenaje de centenario cabía exigirle mucho más— lo presenta al respetable en el madrileño Teatro Real Cinema, de la mano de Enrique y Alain Cornejo. Y el buen público ríe y se divierte, otra vez más, con la ilógica lógica jardielesca, con la burlona ironía fechada allá por los años 30, pero que vale para comienzos del tercer milenio; ríe con las salidas y golpes de humor del conquistador que acaba siendo conquistado y hasta leyendo —¡Pobre hombre!, dice un personaje— las rimas de Bécquer.

Extrañan en la dirección de Alonso Millán, de ritmo escénico impecable, algunas concesiones a excesos llamativos que convierten el humor en astracanada. A pesar de una, aunque desigual, aceptable interpretación en general, en la que sobresalen Juan Meseguer y Marisol Ayuso, al final se acaba uno quedando con el delicioso vestuario de época y con una originalísima escenografía de Antonio Mingote que, a la vez que rinde el mejor homenaje centenario a Jardiel, lo rinde también a Xaudaró y a Charlot, a Penagos y a los años 30, con escudos señoriales prodigiosos en los que, junto a la espada nobiliaria, aparecen el tirachinas, la pistola, y hasta el as de bastos.

M.A.V.