RetrocesoA&ONº 266/28-VI-2001SumarioRaícesContinuar
Una exposición recogió durante el Jubileo
las huellas de los dos Apóstoles en la Ciudad Eterna
Pedro y Pablo, en Roma
Mañana, la Iglesia celebra la solemnidad de San Pedro y San Pablo.
Con este motivo, traemos a estas páginas de Alfa y Omega una exposición sobre ambos apóstoles
que tuvo lugar en Roma durante el Jubileo del año 2000 y que muestra hasta
qué punto la historia de Pedro y Pablo es la historia de la Iglesia en Roma

Inma Álvarez

La historia entera del cristianismo, y de modo particular su desarrollo en los primeros siglos en Roma, están íntimamente ligados a las figuras de Pedro y Pablo, las dos columnas de la Iglesia. Su veneración es el objeto central de todo jubileo; no sólo desde la institución del Año Jubilar, en el 1300, sino mucho antes: desde los albores del cristianismo, los peregrinos acudían a Roma para venerar sus tumbas, como lo demuestran las numerosas inscripciones de oraciones que, a modo de graffiti, adornan aún hoy las paredes del Memoria Apostolorum, en las catacumbas de San Sebastián: Pedro y Pablo, acordaos de Antonio; Pedro y Pablo, rezad por Leoncio.

Ambos apóstoles fueron martirizados en Roma, según la tradición cristiana, en el año 67, siendo emperador Nerón: Pedro fue crucificado, a propia petición, boca abajo, porque no se consideraba digno de morir como su Maestro. El obelisco de la Plaza de San Pedro, último resto del circo romano en el que el Apóstol fue martirizado, apunta al cielo lo que una mano anónima escribió en el antiquísimo muro del trofeo que rodea el lugar donde está enterrado el primer Papa, en el corazón de las profundidades de la colina vaticana, entre los cimientos de la basílica: Petros eni (Pedro está aquí).

Pablo fue decapitado fuera de la ciudad, donde hoy se encuentra la abadía trapense de Tre Fontane: la cabeza del Apóstol de los gentiles rebotó tres veces al caer, y cuenta la leyenda que brotaron tres fuentes.

No sólo los lugares de su martirio han sido honrados: también la cárcel Mamertina, donde Pedro fue encarcelado; así como el lugar en el que afirma la leyenda que Cristo se apareció a Pedro cuando huía de Nerón, y que nos ha llegado gracias, sobre todo, a la célebre Quo vadis?, de Manckiewich. Y sobre la tumba de Pablo, en la via Ostiense, se erige desde hace siglos la hermosa basílica de San Pablo Extramuros.

El derramamiento de la sangre de ambos apóstoles, en Roma, consagra la Ciudad Eterna como cabeza de la Iglesia, pero es también una profecía de lo que habría de suceder: de las sangrientas persecuciones que tuvo que padecer la joven Iglesia desde su nacimiento hasta el edicto de Constantino, y de la sangre de los mártires en todo tiempo.

El Óbolo de San Pedro en el Día del Papa

El domingo siguiente a la solemnidad de San Pedro y San Pablo, que este año coincide con el día 1 de julio, la Iglesia celebra el Día del Papa, en el que se ofrece el Óbolo de San Pedro. Se trata de una antiquísima tradición, vinculada a la colecta organizada por el propio san Pablo para socorrer a los pobres de la Iglesia madre de Jerusalén. La colecta de la misa de este domingo se destina a la Iglesia madre de Roma para sostener la acción caritativa y la misión apostólica de la Santa Sede en todo el mundo. Esta contribución de todo el pueblo cristiano es un signo visible de comunión con Pedro y con la Iglesia de Roma.

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