RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
La hipocresía de la sociedad en la que vivimos bate records difícilmente superables. Eso de llamar locas a unas pobres vacas, a las que la miserable codicia de los locos de atar en que nos estamos convirtiendo todos las ha querido cambiar de herbívoras en carnívoras, se queda corto si lo comparamos con los otros muchos virus que produce el egoísmo de mercado. A este paso, si Dios no lo remedia, el consumismo acabará por consumirnos a todos. En gran parte, por lo que se refiere a los valores morales y espirituales, ya nos está consumiendo.
Viene esto a cuento de la loable decisión del nuevo responsable de Telemadrid de suprimir Tómbola, ese programa de televisión que es uno más, uno de tantos, pero muy significativo y representativo de la miseria de la condición humana. Sólo enhorabuenas merece don Francisco Giménez Alemán por su coherencia profesional y humana, que tantas incomprensiones le va a acarrear. Ha tenido la gallardía de atreverse a empezar, lo que no es poco, porque significa algo de lo que la cobardía moral dominante no quiere ni oir hablar: que lo sucio, es sucio, por mucho que lo pinten de carnaval; y que, si se quiere, si de verdad se quiere, se puede poner remedio a los desafueros e indecencias. Lo de Tómbola, insisto, es sólo una muestra. Podría y debería hacerse con cualquier otro de los muchos programas indignos e indignantes que ensucian la pequeña pantalla. Y la grande. Y otras muchas pantallas: políticas, económicas... etc. etc. Aquí entran en escena los hipócritas de toda laya: ¿Por qué se suprime lo sucio que "vende", y no se suprime lo sucio que "no vende"? ¡Eso mismo digo yo!: ¿por qué? Otra perla de hipocresía: Bueno, es que como se trata de una televisión pública... ¿Qué pasa?: ¿que lo sucio deja de ser sucio porque se emita en una televisión pública o en una televisión privada? Otra joya de hipocresía: Es que "vende" mucho, la demanda es enorme. Oigan, también es enorme la demanda de droga, pública y privada, y porque sea enorme, ¿vamos a tener que soportarla? Ya sé que no faltará algún comprador de basura que quiera hacerse con los derechos de emisión de Tómbola. Con su pan se lo coma. Pero, aunque siempre ha estado claro, después del ejemplo de profesionalidad del señor Giménez Alemán, parece que queda más claro que todo el monte no es orégano, y que sólo confunden y se confunden los que quieren confundirse. Bueno será que cunda el ejemplo, porque hay mucho que limpiar, en la oferta y en la demanda de tan escuálido mercado, y..., por favor y desde luego, que quienes no sean capaces de coherencia profesional no nos vengan luego con monsergas y retóricas lecciones de ética de tres al cuarto.

Como —y bien lo siento— no suele ser usual en esta sección un elogio a El País, resulta francamente gratificante tener ocasión de señalar lo que está bien, cuando está bien., Y ¡ojalá se repitiera más a menudo! No me duelen prendas constatar que la actitud de El País ante la desmesurada, y, por falsa, injusta, reacción contra la Iglesia respecto al terrorismo, ha sido respetuosa e inteligente. Cuando lo he comentado con mis amigos, alguno ha ironizado: No seas ingenuo; ¿no ves que se dan cuenta, porque ven a más largo plazo, que lanzar ese boomerang puede ser un error muy contraproducente que se puede pagar muy caro? A lo que he respondido: Puede ser, pero, de momento, las cosas son como son, incluso a pesar de lo que algún incauto —o no tan incauto pero útil— ha escrito también estos días, en El País, sobre la Iglesia y el 23 F.

Gonzalo de Berceo