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11 de marzo: Primeras beatificaciones del tercer milenio Esta beatificación demuestra la unidad y diversidad eclesial, y resulta pastoralmente significativa porque tiene las siguientes características: - representatividad intraeclesial, porque son expresión de los numerosos carismas sacerdotales y de la vida consagrada, así como de la vocación apostólica de los laicos, tanto dentro como fuera del matrimonio; - representatividad diocesana, porque representaban a 34 diócesis, aunque la mayoría de ellos eran valencianos o se encontraban en Valencia desarrollando sus respectivos ministerios y actividades apostólicas, y algunos de ellos andaluces, aragoneses, catalanes, castellanos y vascos han sido unidos en el proceso por competencia, en base a la normativa canónica vigente; - elevado número de sacerdotes seculares y de seglares, pues es la primera vez que son beatificados 40 miembros de los presbiterios diocesanos de Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y 19 hombres y jóvenes, miembros de la entonces floreciente Acción Católica Española y de otras asociaciones de espiritualidad y apostolado seglar, de todas las edades, profesiones y estado social; - clima espiritual favorable creado por el Gran Jubileo del 2000, que ha permitido, una vez concluido el largo proceso canónico, que pudiera celebrarse esta beatificación como primer fruto del Año Santo apenas terminado. Todos ellos fueron muy ejemplares, plenamente entregados a sus ministerios respectivos. Los sacerdotes, ya de seminaristas fueron modelos por sus virtudes, por su amor a la Eucaristía y por su devoción a la Virgen. Se entregaron de lleno a las parroquias: culto litúrgico, confesiones, catequesis, apostolado con los jóvenes, visitas asiduas a los enfermos, ayuda a los pobres y necesitados fueron sus principales acitividades apostólicas. Lo mismo hay que decir de los religiosos y religiosas, que desarrollaban una intensa labor apostólica y social en colegios, asilos y hospitales; una labor que nunca fue suficientemente reconocida. Muchos de ellos, además de mártires de la fe, fueron apóstoles de la caridad, de la enseñanza religiosa y de la formación humana. Los hombres, mujeres y jóvenes eran muy piadosos, consagrados a obras de caridad y apostolado; nacieron y vivieron en familias de antigua tradición cristiana, alimentada diariamente con la Eucaristía, la devoción a la Virgen, el rezo del Santo Rosario y otras devociones particulares; vivieron entregados apostólicamente a sus respectivas parroquias a través de la Acción Católica y de otros movimientos apostólicos; dieron siempre un testimonio coherente de vida cristiana, que culminó con el martirio. Todos ellos fueron martirizados única y exclusivamente por motivos religiosos, murieron amando y perdonando a sus verdugos y diciendo: ¡Viva Cristo Rey!, porque tuvieron un sentido teológico muy profundo de la realeza de Cristo y porque éste fue el grito con el que los cristianos hicieron frente a los totalitarismos del siglo XX. En las vidas y muertes de estos mártires encontramos aquel testimonio que, expresa la liturgia de la Misa de los mártires: Han dado gloria a tu nombre y han testimoniado con su sangre tus prodigios, oh Padre, que revelas en los débiles tu potencia y das a los inermes la fuerza del martirio. Ellos sintetizan magistralmente la realidad del martirio en la historia de la Iglesia en España, y el deseo de que muy pronto, a los mártires del pasado y a los que ahora son beatificados, se unan otros que murieron por Cristo y por la Iglesia en la persecución religiosa del siglo pasado. Inundados por la gracia que deriva de la fundada esperanza por los frutos de esta beatificación, podremos elevar con más fuerza el himno de acción de gracias al Padre y cantar ¡Te martyrum candidatus laudat exercitus! Vicente Cárcel Ortí
La mayor beatificación
en la historia de la Iglesia
Desde el siglo XIX son cada vez más frecuentes las beatificaciones de mártires en grupos numerosos:
Pío IX beatificó en 1867 a 205 mártires del Japón de los siglos XVI-XVII; Pío XI hizo lo mismo
en 1926 con 107 mártires ingleses, y Juan Pablo II ha beatificado a varios grupos de mártires:
108 mártires polacos en 1999, 119 mártires de China en el 2000, o 117 mártires del Vietnam en 1988,
entre otros grupos. Sin embargo, la celebración del próximo 11 de marzo en la romana Plaza
de San Pedro no tiene precedentes. En total, serán 233 mártires de la persecución religiosa
en España los beatificados por el Papa Juan Pablo II, 226 de ellos, valencianos. La ceremonia, que estará
concelebrada por un centenar de cardenales, obispos y arzobispos, la mayor parte de ellos españoles,
será retransmitida íntegramente por La 2 de TVE y la cadena COPE. La dirección de Canal 9,
la televisión autonómica valenciana, estudia también la posibilidad de transmitir el acto
y desplazarán un equipo a Roma para el seguimiento de la beatificación
La primera ceremonia de beatificación que celebrará Juan Pablo II en el tercer milenio tendrá lugar el próximo 11 de marzo y será la mayor de la historia de la Iglesia: por vez primera, serán elevados a los altares 233 mártires de la persecución religiosa española del siglo pasado. Se trata de sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios, a quienes el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. No murieron en acciones bélicas, ni fueron víctimas de la represión ideológica, sino mártires de la fe cristiana.
- contexto pastoral propicio, que ha despertado interés en las diócesis españolas hacia esta página gloriosa de la reciente historia, que había quedado un tanto olvidada, pero testimonia la fe y la fidelidad de la Iglesia en España;