RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Los obispos y el pacto antiterrorista
Señores obispos, ¡perdón! No comprendo cómo hubo tanta polémica con motivo de esta cuestión. Estoy seguro y completamente convencido de que toda persona de orden, todos, sin distinción de ideales políticos y aun religiosos, estamos, enérgicamente, opuestos al terrorismo. La primera, la Iglesia católica. Todos los católicos somos Iglesia, y la Iglesia jerárquica, los pastores, los primeros en dar doctrina sobre condena del terrorismo, ¡pues claro!

Dicho esto, sentado esto, ¿por qué el revuelo levantado por la negativa de la Conferencia Episcopal Española a firmar el pacto antiterrorista del PP y el PSOE? Es clara la separación de la Iglesia y del Estado, y ambos actúan y deben actuar en su ámbito, sin intromisiones. Es verdad que la cuestión del terrorismo (como todas las que afectan a la defensa de la vida) no es cuestión que afecte sólo al Gobierno, afecta a todos, también a la Iglesia, pero la Iglesia y el Estado deben tratarlo en su campo y de modo distinto, dentro de su común parecer. Por eso, está muy bien el pacto antiterrorista PP/PSOE, pero ese pacto sí es un medio político en el que no tiene por qué entrar la Iglesia que, con otros medios, los suyos, se opondrá a la misma idea de oposición del terrorismo, y así hace, dando doctrina y sentándola en todas las ocasiones. Ya antes de la firma del pacto antiterrorista, se había difundido en todas las iglesias de Madrid, por indicación de su Arzobispado, la plegaria que se lee en todas las misas por el final del terrorismo.

¿Por qué, pues, el revuelo? En su participación hay que distinguir: Los enemigos de la Iglesia han aprovechado el tema y la ocasión para hacer su batalla y buscar el desprestigio de aquélla. Los católicos (?) anticlericales, los que dicen que creen en Dios pero que no creen en los curas, que tratan de vivir un catolicismo sui generis, han aprovechado la ocasión para dejar mal a los obispos. Unos y otros de los anteriores promovieron el revuelo, de mala fe. A ellos se refería, sin duda, el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, cuando decía que dudaba de la buena voluntad y buen juicio de sus críticas. Otros católicos de buena fe, llevados de su justa radical oposición al terrorismo, se han dejado arrastrar por los anteriores, sin darse cuenta de que caían en la trampa tendida por aquéllos, o llevados de un criterio propio intransigente, no exentos de amor propio.

Escuchaba estos días atrás en la tertulia de 24 horas en Radio Nacional, que dirige Manuel Antonio Rico, a un radio-oyente, probablemente católico de buena fe, pero sin duda equivocado al sumarse a las críticas, que decía que, después de muchos años, iba a dejar de poner la crucecita a favor de la Iglesia católica en la casilla de la declaración de la renta. Quiero comprender su rabietilla, pero estoy seguro de que, pasada ésta y con una buena reflexión, seguirá, como todo buen católico, apoyando a la Iglesia.

No deja de resultar curioso que todos los no católicos, y aun muchos de los católicos, no muestren el menor interés en atender las enseñanzas de los obispos y aun del Papa, ni en leer sus pastorales, y ahora hayan querido que hablen y se pronuncien a gusto de aquéllos.

Ha estado muy acertado el Vicepresidente Primero del Gobierno, señor Rajoy, al aceptar las explicaciones de monseñor Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal, y de su portavoz, después de declarar que el pacto antiterrorista PP-PSOE es coherente con la doctrina moral de la Iglesia. ¡Pues claro!

Los que quieran, queramos, ser buenos católicos, debemos despojarnos de todo amor propio, del menor atisbo de soberbia en nuestros criterios, debemos lealtad y fidelidad a nuestros obispos. Yo me siento avergonzado de que en este revuelo hayan faltado voces en apoyo de los obispos. ¿Que éstos se han equivocado? ¿No es mucha presunción por nuestra parte pensar que ellos se han equivocado y nosotros no? ¿Que los obispos han metido la pata? Pienso que la pata la hemos metido nosotros y debemos pedir perdón. Señores obispos: perdón.

Jesús Arias Fuertes
(General Auditor de la Armada)