RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioEn portadaContinuar
Encuesta de Alfa yOmega sobre la enseñanza
Nos jugamos el futuro de nuestra sociedad
Sin lugar a dudas, uno de los problemas que más preocupan a la inmensa mayoría de los padres de familia españoles
—noventa de cada cien, recuérdese, la piden explícitamente para sus hijos— es el de la enseñanza, y particularmente
la enseñanza religiosa. Consciente de ello, Alfa y Omega ha sometido a la consideración de numerosos especialistas
estas tres preguntas, que han suscitado tanto interés que sus respuestas nos obligan a dedicar dos de nuestros
temas de portada, consecutivamente, a esta encuesta. Ofrecemos la primera parte, y la semana que viene, la segunda
1) A su juicio, ¿qué aspectos positivos tiene el sistema educativo español?

2) ¿Qué lagunas advierte en nuestro sistema educativo respecto a la formación integral del alumno?

3) ¿Cómo valora la situación actual de la enseñanza de la Religión?

DANIEL LUCENDO, PRESIDENTE NACIONAL DE ANPE (ASOCIACIÓN NACIONAL DE PROFESIONALES DE LA ENSEÑANZA


1) En líneas generales podemos destacar, de las grandes leyes que estructuran y organizan nuestro sistema educativo, los siguientes aspectos positivos: la ampliación efectiva de la educación obligatoria hasta los 16 años; la implantación de especialidades en Educación Primaria; el principio de formación permanente; la exigencia de una mayor formación inicial del profesorado; la integración de las enseñanzas profesionales en el tronco común para evitar una doble red y la realización, con carácter obligatorio en estas enseñanzas, del módulo profesional de formación en centros de trabajo.

Por otra parte, aunque su desarrollo no ha sido completo, son de destacar de la LOGSE las actuaciones que en la actividad educativa se deberían llevar a cabo atendiendo a principios tales como: formación personalizada para propiciar una educación integral; participación y colaboración de toda la comunidad educativa; igualdad de derechos entre los sexos, rechazo a todo tipo de discriminación; autonomía pedagógica de los Centros; orientación educativa y profesional; innovación e investigación educativa; evaluación de todo el sistema; relación con el entorno social, económico y cultural y formación en el respeto y defensa del medio ambiente.

2) Desde la perspectiva de la educación integral, tiene una importancia trascendente la educación en valores morales y éticos. Estos valores no pueden enseñarse de modo temático, como una asignatura más, sino que deben tener ejemplo en toda la organización del centro educativo, en las actitudes de los profesores y en su relación con los alumnos, y deben impregnar el enfoque docente de cada una de las materias.

Es necesario erradicar la violencia escolar de las aulas y crear el ambiente apropiado para la formación de nuestros jóvenes. Necesitamos potenciar una nueva cultura del rigor y el esfuerzo, que sustituya la mediocridad por la exigencia, lo difícil y lo riguroso, y mejorar las condiciones de aprendizaje. Pocas personas sensibles e informadas sobre la educación defienden hoy la promoción automática de los alumnos sin ningún condicionamiento.

La educación comprensiva, sin matices, hasta los 16 años crea gravísimos problemas de organización escolar, y en los procedimientos de enseñanza-aprendizaje. La proliferación de materias optativas y la acumulación de enseñanzas que se encomiendan a la escuela restan atención a las materias básicas instrumentales.

Hoy, más que nunca, debe existir una mayor coordinación entre las acciones de las diferentes Administraciones educativas y organismos responsables en materia de formación y de mercado de trabajo, para la actualización de los saberes profesionales. Se debe conseguir un ambiente de innovación pedagógica y de formación continua del profesorado en las nuevas tecnologías.

Educar a los alumnos en la nueva realidad de Europa, en los valores del humanismo europeo. No hacerlo así es un gran error, porque en Europa es donde ellos se tendrán que instalar. Asumir este principio supone un cambio profundo en la praxis de la educación.

3) La formación religiosa es fundamental para los creyentes, pero, por otra parte, toda formación cultural integral requiere un conocimiento de las religiones y de las creencias históricas de la sociedad a la que pertenece. La opinión del sindicato ANPE, al que represento, es que el tratamiento de la Religión debería ser similar al de cualquier otra materia que se imparte en nuestro sistema educativo. Debería ser una asignatura de obligada oferta en el centro y de libre elección por parte de los padres o educandos —según la edad de los alumnos—, respetando, en todo caso, la libertad de creencias religiosas.

FRANCISCO VISEDA Y MANUEL SOYA, CONSEJEROS POR FSIE (FEDERACIÓB DE SINDICATOS INDEPENDIENTES DE ENSEÑANZA) EN EL CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO


1) Siendo aún numerosos los objetivos por alcanzar para orientar adecuadamente la educación en España, hasta alcanzar mayores cotas de calidad, compatible con los principios de libertad y de equidad, destacamos como positivos: la extensión de la enseñanza básica obligatoria hasta los 16 años, que pretende que los alumnos adquieran una maduración humana e intelectual para ejercer de una manera más responsable sus derechos y obligaciones como ciudadanos; la práctica escolarización generalizada en el ciclo 3-6 años, por lo que estas enseñanzas pasan a tener un carácter educativo y no de mera asistencia, como sucedía en el anterior sistema educativo; la incorporación al ámbito educativo de la atención a los niños en la etapa 0-3 años, porque supone asegurar unos mínimos de calidad en la atención de los niños desde los primeros meses de vida y de atención precoz de sus necesidades educativas (generales y especiales); la consideración del centro escolar como eje fundamental del sistema educativo; el apoyo a la participación de los distintos sectores de la comunidad educativa; la configuración actual de la ESO y el fortalecimiento de los itinerarios formativos; la apertura de los centros educativos, cada vez en mayor medida, a las minorías étnicas y culturales, de ámbitos de marginalidad social; la irrupción de las nuevas tecnologías en la educación; la transferencia de funciones y servicios educativos a las Comunidades Autónomas; la posibilidad de convertir el Proyecto Educativo de los Centros en el orientador de la actividad de la comunidad educativa del centro; la inclusión de la transversalidad como mecanismo más adecuado para tratar una serie de cuestiones que trascienden las diferentes áreas o materias; el relevante papel que se otorga a los profesores y a su formación inicial y permanente para mejorar la calidad del sistema educativo; el reforzamiento de las áreas fundamentales en la ESO y los nuevos currículos en el Bachillerato; el reconocimiento expreso, en la LOGSE y la LOPEG, de la autonomía organizativa, pedagógica y económica de los centros; la voluntad de potenciar la Formación Profesional; el acceso de los ciclos formativos de grado medio a los ciclos formativos de grado superior; la preocupación por asegurar la calidad y la unidad del sistema educativo en todo el Estado.

2) Un principio básico del derecho de todos a la educación es la formación integral de los alumnos. Es el pleno desarrollo de la personalidad humana, el contenido esencial del derecho a la educación en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales. Constatamos que los padres —en muchos casos— están haciendo dejación de los derechos-deberes que tienen en la educación de sus hijos, y trasladan estas funciones al profesorado. Esta realidad exige una formación adecuada de los profesores para que puedan afrontarla; es necesaria la promulgación de normas que ayuden a los padres en el cumplimiento de su misión educadora. El binomio familia-escuela es necesario para educar.

La definición de valor es, a nuestro juicio, reduccionista, en particular cuando se afirma categóricamente que los valores se concretan en normas y que las normas se traducen en reglas de conducta que las personas hemos de respetar en determinadas situaciones. Las cuestiones de sentido, íntimamente vinculadas al tema de los valores y a los aspectos más profundos de la realización personal, quedan fuera de esta concepción de valores.

Hay que lograr: que la educación que se imparta en un centro educativo responda a un proyecto educativo, que no puede ser ajeno a la concepción de la persona; la coherencia del clima institucional en los centros; que los responsables de los centros actualicen el compromiso de padres y profesores con las líneas del proyecto educativo, en concreto con los valores a cultivar.

Hay que considerar la educación moral como una dimensión relevante para la construcción de la personalidad del alumno. Hay que concebir la acción educativa escolar como una tarea de desarrollo integral de la persona. Hay que potenciar los valores que inciden más directamente en la convivencia democrática: defensa de la libertad, respeto a la justicia, la solidaridad, la tolerancia, así como el fortalecimiento de las actitudes no racistas ni sexistas y la defensa de la paz.

3) Teniendo en cuenta que la finalidad de la educación exige el desarrollo integral de la persona, la formación religiosa es necesaria en el ámbito escolar para contribuir a desarrollar plenamente la personalidad de los alumnos y alumnas, especialmente en aquellos cuyos padres respondan a estas convicciones.

La enseñanza de la Religión encuentra su justificación en el mandato constitucional de la educación integral de la infancia y de la juventud, y en el derecho de los padres a elegir la formación religiosa y moral que desean para sus hijos. Entendemos que la formación religiosa es necesaria en el ámbito escolar; el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre enseñanza y asuntos culturales es norma de obligado cumplimiento para el Gobierno; la enseñanza religiosa debe ser evaluada y su alternativa debe tener dignidad académica. La alternativa, en consonancia con el artículo 27.3 de la Constitución, debe tener dignidad académica y estar basada en materias de cultura religiosa y moral, desde un planteamiento no confesional. Si no fuera evaluable, perdería valor y exigencia; los contenidos de la formación moral de los alumnos en el ámbito escolar deben ser acordes con la convicciones de los padres.

GONZALO ORTÍZ LÁZARO, PRESIDENTE DEL CES (CONFEDERACIÓN DE ESTUDIANTES) Y REPRESENTANTE DE ALUMNOS EN EL CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO


1) Una de las grandes ventajas del sistema educativo español es que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, incorporando nuevas tecnologías. Además, la obligatoriedad ha conseguido incorporar al cien por ciento de los niños en la educación reglada hasta los 18 años, siendo su coste razonable para todos los tipos de familia y sus rentas.

2) La formación en valores de los alumnos españoles es un tema que no se ha resuelto hasta ahora; parecía que nadie quería abordarla. Mi opinión es que el tratamiento que se le da en los últimos decretos, de diciembre de 2000, puede paliar el problema, pero que se necesita una regulación por Ley y en profundidad. Con esto, además, se consigue no dejar en manos de cada Comunidad Autónoma cómo se resuelva en lo concreto el problema. Otra de las grandes lagunas de la formación en nuestro país es la falta de orientación al éxito de los alumnos, que son premiados pasando de curso, sin hacerlo depender del esfuerzo en el estudio. Además, esto deberá contemplarse con una eficiente orientación personal, según su perfil y capacidad, a cada alumno.

3) En la actualidad, la asignatura de Religión, en la enseñanza pública, no está lo suficientemente dignificada. Precisamente, la enseñanza de la Religión puede contribuir de una forma decisiva a la formación en valores, y se debería evitar que fuera un arma arrojadiza entre los distintos partidos políticos.

JESÚS NÚÑEZ VELÁZQUEZ, PRESIDENTE DE ACADE (ASOCIACIÓN DE CENTROS AÚTONOMOS DE ENSEÑANZA PRIVADA)

1) Uno de los principales logros de nuestro sistema educativo ha sido alcanzar los máximos objetivos cuantitativos, al conseguir, hasta los 16 años, la completa escolaridad de todos los jóvenes. La reforma del sistema educativo, en su diseño, poseía inicialmente aspectos positivos, que en el transcurrir del tiempo han ido diluyéndose. Destacamos el enfoque constructivista de la LOGSE. Un enfoque que fomentaba el descubrimiento, el trabajo por pequeños proyectos, la realización de tareas en las que el alumno debería buscar, recopilar, organizar, relacionar y elaborar conclusiones y deducciones, utilizando una serie de recursos didácticos, más colectivos y del aula, que individuales.

Precisamente, uno de los ejes fundamentales que pretende este sistema educativo, y en los que se fundamenta la LOGSE, es la transversalidad de los contenidos educativos, a través de los cuales fluirían una enseñanza de valores. Otro de los aspectos destacables se refiere al mayor peso que han adquirido las enseñanzas de idiomas y nuevas tecnologías, imprescindibles para formar jóvenes competentes y plenamente integrados en un entorno exigente.

2) Desde el punto de vista educativo es necesario diseñar nuevos contenidos, implantar metodologías innovadoras acordes con las necesidades, los intereses y las nuevas formas de aprendizaje de los alumnos. Pero, al mismo tiempo, hay que formar a los profesionales de la educación en nuevos métodos pedagógicos y recursos tecnológicos basados en las necesidades de los alumnos para incorporarse a esta nueva sociedad. Asimismo, es imprescindible hacer un mayor hincapié en la enseñanza de idiomas, nuevas tecnologías, Humanidades y ciencias experimentales, y, por supuesto, en las materias instrumentales, ámbitos en los que se ha detectado un peso inferior al necesario.

Otro aspecto necesario es la eliminación de la promoción automática, que tanto daño ha hecho a nuestros jóvenes, así como la recuperación de los exámenes de septiembre, y la modificación de la Selectividad, formulando pruebas en que se valore también la madurez de los estudiantes. Consideramos imprescindible también el replanteamiento de la etapa de Educación Infantil, especialmente en su primer ciclo, así como la reorganización del segundo ciclo de la ESO, dotándolo de una estructura y contenidos más entroncados con el Bachillerato. En relación con la Formación Profesional, es necesario impulsar estas enseñanzas mediante campañas de prestigio social, la flexibilización de la incorporación de los alumnos a estos estudios, incluso desde los 14 años, y la vinculación real con el mundo de la empresa, entre otras medidas urgentes. En cuanto a las enseñanzas no regladas, consideramos imprescindible la recuperación de los exámenes libres en las Enseñanzas Artísticas. Y, por último, de una manera especial, hay que desarrollar un programa general de capacitación didáctica y formación del profesorado, tanto en su formación básica en la Universidad, como en la formación continua en los centros.

La pretendida autonomía y flexibilidad que auspiciaba la LOGSE se tradujo en un desarrollo legislativo con consecuencias muy negativas para la enseñanza privada, al mantener una obsesión irracional por los espacios en detrimento de la calidad. El esfuerzo de los centros privados ha sido tremendo, ha supuesto la descapitalización de muchas de estas empresas educativas, lo que ha llevado al cierre de centros escolares que estaban ofreciendo un modelo educativo atractivo y muy valioso pedagógicamente.

Desde el punto de vista organizativo, observamos la fuerte burocratización de nuestro sistema de enseñanza. Nos sentimos orgullosos al haber demostrado que la enseñanza privada, al no estar mediatizada por imposiciones administrativas, desvinculada de condicionamientos burocráticos y políticos, puede llevar a cabo una enseñanza más innovadora y flexible capaz de adaptarse, e incluso adelantarse, a las necesidades y expectativas de una sociedad que demanda una enseñanza y una educación de alta calidad. Prueba de ello es que los centros de ACADE están trabajando, desde hace tiempo, en diferentes programas de Calidad: Certificación ISO 9000, Excelencia Educativa y Excelencia Didáctica. Precisamente, el ámbito cualitativo, esto es, la calidad, es el gran propósito del actual sistema educativo que, como hemos señalado anteriormente, ha alcanzado los objetivos cuantitativos de escolaridad total.

Por estos motivos, consideramos imprescindible la necesidad de abordar nuevas fórmulas de financiación del centro, a través de un sistema que asegure la libertad de elección, la calidad, y la igualdad de oportunidades, con independencia del nivel económico de la unidad familiar. Proponemos el cheque escolar, que consiste en financiar a las familias, en lugar de al centro; de esta forma las escuelas competirán entre sí para conseguir alumnos, lo que llevaría a una mejora de su oferta educativa, que, en definitiva, supone el incremento de la calidad formativa que reciben los alumnos.

3) La Religión aporta una formación moral indispensable en nuestra actual sociedad, así como, alternativamente, la Ética para aquellas familias que lo demanden. Por tanto, consideramos imprescindible abrir un debate con la participación de toda la comunidad educativa para la normalización de estas enseñanzas; un debate necesario para lograr un consenso en unas enseñanzas tan importantes para nuestra sociedad, que forman parte de nuestro bagaje histórico y de nuestra cultura más arraigada.

JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ SANTILLANA, U.S.O. (UNIÓN SINDICAL OBRERA)


1) Cuando en 1990 se aprobó la LOGSE, el sistema educativo español necesitaba de un cambio profundo para actualizar sus estructuras a la nueva realidad social, política y educativa española. De entrada, las propuestas pedagógicas de la LOGSE intentaban paliar algunos defectos ya muy estancados en la educación española. Sin embargo, muchas de sus propuestas se quedaron en el idílico y utópico terreno de la teoría. Es, por tanto, una Ley que se ha hecho de espaldas a la realidad educativa española, por no hablar, además, de la falta de financiación y de la escasa formación que se dio a los profesores, artífices principales de esta reforma, para que puedan llevar a la práctica lo que aparecía en los textos oficiales.

Algunas de sus propuestas han revolucionado positivamente la educación española. Destacamos, en primer lugar, la reorganización de las etapas educativas: Infantil, Primaria, Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, con la correspondiente reducción de alumnos por aula, algo siempre positivo para mejorar la calidad de la educación. Sabemos que la ampliación de la educación obligatoria hasta los 16 años está ocasionando más problemas de los previstos, pero hay que reconocer que se trata de una histórica conquista social que deberíamos saber aprovechar para formar mejor a nuestros alumnos. También pensamos que el diseño de la nueva Formación Profesional puede redundar positivamente en el sistema educativo y laboral español, siempre y cuando se faciliten los accesos de la Formación Profesional de Grado Medio a la de Grado Superior (las ya famosas pasarelas). Además, hay que valorar positivamente algunas cuestiones, más especializadas, que afectan a los cambios en el diseño curricular, y la manera de abordar la enseñanza comprensiva, aspectos que, de todas maneras, son muy mejorables. Por último, la LOGSE fomenta una mayor autonomía de los centros, algo que valoramos de manera positiva.

2) Ninguna ley de educación es ideológicamente aséptica. En el sustrato de la LOGSE se nota, y mucho, la ideología de los que la promovieron y aprobaron. Hay, por eso, una excesiva tendencia a la función socializadora de la educación, en detrimento de una enseñanza más individualizada e integral. Se ha puesto tanto el acento en la dimensión social de la formación, que se han descuidado, indirectamente o de manera deliberada, aspectos que son todavía más importantes. La educación en valores, que contiene muchísimos elementos positivos, es insuficiente para dotar a los alumnos de una compacta formación ética, como se puede apreciar en el clima que se vive en muchos centros educativos, marcados por la violencia y la extensión de un pernicioso ambiente de permisividad, que ha conducido a la pérdida de autoridad del profesor y a la generalización de la indisciplina. Los alumnos tienen en la actualidad escasos recursos personales para gozar de una sólida autonomía moral. Hay que reconocer que, en este sentido, han cambiado mucho las cosas: la familia delega en la escuela demasiadas responsabilidades, y los medios de comunicación, a su manera, han sustituido a la escuela y a la familia. Nos parece que el aspecto formativo de la persona está muy poco presente en la formación actual de los alumnos.

3) Si se quiere mejorar la formación ética y moral de los alumnos, la situación actual no es ni mucho menos la deseada, tampoco para los docentes que imparten esta asignatura, instalados en una preocupante inestabilidad laboral y económica. Algunos colectivos educativos siguen empeñados en marginar y eliminar la asignatura de Religión con unos planteamientos anclados en el tiempo y claramente demagógicos, que lo único que hacen es fomentar una trasnochada guerra escolar. Nosotros pensamos que lo que habría que hacer es reforzar más la educación moral y religiosa en los centros educativos, que hoy está bajo mínimos. Por eso no estamos de acuerdo con el planteamiento actual: asignatura de Religión o alternativas más o menos peregrinas. Habría que potenciar la educación ética y religiosa creando una asignatura encaminada en esta dirección. El que quiera, podría elegir o esa asignatura o la Religión. En consonancia con el espíritu de la Constitución, los poderes públicos no deben obstaculizar que se imparta esta asignatura en los centros de enseñanza, y más todavía si los padres, de manera mayoritaria, optan por ella.

JUAN HERNÁNDEZ CARNICER, DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE FORMACIÓN DE CEOE (CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ORGANIZACIONES EMPRESARIALES)


1) Considero muy positivo que la escolarización obligatoria abarque desde los 6 a los 16 años, y prácticamente a toda la población de ese tramo de edad.

2) La normativa educativa en vigor ha generado algunos problemas significativos, como es el que el principio de comprensividad no contempla la realidad de las diferencias psicológicas intraindividuales e interindividuales, que da lugar a un pseudoigualitarismo empobrecedor.

Un déficit existente es la educación en valores, pretendidamente cubierta por las denominadas materias transversales, que son de naturaleza sociológica-cambiante y no responden a la formación de la persona, considerada individuo antes que parte de un grupo. Una laguna existente es la del profesorado, con el que no se contó a la hora de las reformas, ni se preparó para las funciones derivadas de las mismas. El sistema educativo español tiende a disgregarse, como consecuencia de una política generalista y precipitada de transferencias.

3) Creo que no es el mejor momento de la enseñanza de la Religión, debido, en parte, a la actitud pasiva de la Administración educativa. La situación actual es delicada. La considero regular, tirando a mal, puesto que se está haciendo todo lo posible para que la gente no coja la Religión, en lugar de la conocida como SCR —Sociológicas, Ciencias y Religión—, en la que cabe desde jugar al parchís o a las canicas, hasta ver películas en clase, o salir al campo a hacer fotografías, o a un museo. Es decir, todo menos educar en valores, aprender y formar en valores, y, si esto se descuida, acabamos en una salida al río tirando piedras. En mi opinión, es muy importante la clase de Religión, la de Ética y valores, todas éstas apadrinadas por la religión, porque no es algo que nos hayamos inventado ahora, sino que, antes o después, todo el mundo se hace una serie de preguntas. Y, si esto se descuida, se resiente el comportamiento en toda la sociedad. Si se quita este planteamiento ético, moral, religioso del proceso educativo, luego, pasa lo que pasa, y oyes que jóvenes de 13-14 años matan a un mendigo porque estaba estorbando, o ves lo que unos jóvenes están haciendo cada fin de semana en el norte. El que la Religión no se considere como una asignatura más, y en la Secundaria haya sido de alguna forma sustituida en parte por la poliforma y variopinta SCR —que carece de objetivos, contenidos y medios—, está conduciendo a situaciones de deseducación y conflicto.

Sería deseable una mayor beligerancia en esta materia por parte de las autoridades eclesiásticas, Administraciones y asociaciones de padres y alumnos. Otro problema añadido es la falta de unidad en el sistema educativo, ya que, al delegar las competencias en cada Autonomía, nos encontramos con 17 Administraciones o 17 sistemas educativos diferentes. Es necesario imbuirse de la importancia prioritaria de la educación en general, y de la Religión en particular, dotando de medios humanos y materiales a la misma.

JUAN JOSÉ JAVALOYES, FOMENTO DE CENTROS DE ENSEÑANZA

1) Se pueden destacar varios, pero, tal vez, los más sobresalientes puedan ser: la extensión de la enseñanza obligatoria; la estructura de las etapas según las edades de los alumnos; el no circunscribir la educación a objetivos exclusivamente instructivos; la intención de una anunciada autonomía de los centros y dar importancia a los valores; la pretensión de abordar la realidad de la diversidad de riqueza de cada persona.

2) Probablemente, la más importante sea el desfase entre las intenciones y los medios. No está claro que todos los agentes educativos compartan una misma visión de la formación integral. Por otra parte, el sistema actual no favorece la existencia de proyectos educativos diferenciados y asumidos por padres, profesores y alumnos. Hay que considerar las escasas oportunidades que la legislación ofrece, para una mayor participación de la familia en la escuela. Por último, hay que señalar las dificultades objetivas para poder innovar, en este y otros aspectos, al estar encorsetada la autonomía real de los colegios.

3) La Religión es una asignatura fundamental para el desarrollo armónico de la persona, tanto desde el punto de vista intelectual como del afectivo y volitivo. Sin embargo, esta importancia no está reconocida en la legislación actual, al no formar parte del curriculum básico. Las otras cuestiones relativas a la situación del profesorado, la optatividad, etc… son consecuencia de esta consideración inicial.

MANUEL RODRÍGUEZ, DIRECTOR DE ESCUELA ESPAÑOLA, Y CONSEJERO DEL CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO


1) La escolarización de toda la población entre los 3 y los 16 años constituye, sin duda, uno de los aspectos más positivos del vigente sistema educativo español. Este aspecto, así como la garantía concretada en la LOGSE de que, al menos en los diez años de período escolar obligatorio (Primaria y Educación Secundaria Obligatoria), todos los alumnos pueden adquirir los aprendizajes necesarios de carácter básico que les permitan incorporarse a una actividad laboral o acceder, si es que ésa es su intención y están capacitados para ello, a una educación posterior en la Formación Profesional o en el Bachillerato, sitúan a nuestro país como uno de los que más han progresado en los últimos 30 años, es decir, si se le compara con otros de nuestro entorno.

Otro aspecto a destacar está relacionado con la formación permanente del profesorado, pieza clave para que el sistema educativo no se congele. Esta formación, que legalmente está configurada como un derecho y una obligación del profesor, así como una responsabilidad de las Administraciones educativas, debe ser coordinada y cohesionada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con la finalidad de que no existan diecisiete sistemas educativos diferentes, con planes de formación inicial y permanente igualmente diferentes.

Si importantes son los aspectos señalados anteriomente, otro muy importante es el que proclama la autonomía pedagógica. Ésta, bien concebida y desarrollada con coherencia, puede contribuir a potenciar la calidad de la educación. En este sentido, es necesario recordar que la calidad no la consiguen las Administraciones por decreto. Se consigue cuando cada centro ejerce responsablemente su propia autonomía. El reto está en cómo lograr que los proyectos educativos no se reduzcan a una exigencia burocrática más de las administraciones educativas, sino que constituyan, efectivamente, un conjunto de principios, fines y objetivos que informen el quehacer diario de los centros educativos.

Frente a estos aspectos positivos, y para no frustrar las expectativas de la sociedad española, es necesario estar alerta ante las graves disfunciones que actualmente se están detectando, fundamentalmente en la ESO: por una parte, ha surgido un fenómeno sociológico no previsto, el de los denominados objetores escolares; y, por otra, el alarmante y creciente fracaso escolar, que es necesario afrontar sin dilación. Para ello, en mi opinión, una de las primeras decisiones políticas debe pasar por eliminar de los sistemas de evaluación de alumnos las normas que permiten la promoción automática de un curso a otro, que no sólo desalienta a los alumnos verdaderamente motivados para el estudio, sino que también resta sentido a la labor de los docentes.

2) Si tenemos en cuenta que el objetivo primero y fundamental de la educación es el de proporcionar a los alumnos una formación plena que les permita conformar su propia identidad, así como construir una concepción de la realidad que integre a la vez el conocimiento y la valoración ética y moral de la misma, pienso que en estos momentos el sistema educativo no logra transmitir adecuadamente a las nuevas generaciones artes y estrategias que les ayuden a ser personas y ejercer, crítica y responsablemente, los valores de la democracia.

La sociedad en la que nos ha tocado vivir exige más y mejor educación, pero ¿está realmente más educada que la que nos ha precedido? ¿Nuestra sociedad ha interiorizado los grandes valores en los que se fundamenta y por los que se rige la vida social, como son la solidaridad, el respeto a la vida, a la naturaleza, a la amistad, a la laboriosidad, a la tolerancia, a la belleza, a la responsabilidad, a la paz, etc.? Basta con escuchar cualquier informativo, ver un telediario, o simplemente abrir las páginas de cualquier periódico, para comprobar, amargamente, que, a pesar de los esfuerzos y abnegación de los educadores y demás miembros de la comunidad educativa, estamos asistiendo a una degradación de la vida social y a un acoso permanente a los valores que se han transmitido de una a otra generación y que se han considerado siempre los pilares y fundamentos de una vida social armónica.

Nadie con sentido común puede discutir que el Estado español y las familias invierten más en educación; sin embargo, nuestras ciudades están cada día más sucias, la naturaleza está en vías de ser aniquilada, los ricos son cada vez más ricos, y las bolsas de pobreza demuestran crudamente una gran insolidaridad hacia nuestros semejantes. La paz, la amistad, la solidaridad, la religiosidad, la autenticidad, son valores de escaso cultivo. ¿Qué hacer para recuperar los valores eternos que, poco a poco, se están perdiendo? ¿Dignificar la profesión docente? ¿Exigir rigor y seriedad en los padres y en los hijos? ¿Racionalizar y enriquecer los contenidos educativos? ¿Fomentar más el diálogo y la convivencia en el seno de la familia? ¿Potenciar el respeto y la responsabilidad entre los matrimonios que traen hijos al mundo? ¿Participar más activamente en los distintos aspectos de la vida escolar del centro educativo donde estudian nuestros hijos?

Si a través de la educación se transmiten los valores que se han reflejado y que hacen posible la vida en sociedad, y mediante su ejercicio responsable se adquieren los hábitos de convivencia democrática y de respeto mutuo, lo que debe dar como resultado una formación integral del alumno en todas las dimensiones, considero absolutamente imprescindible que se fortalezcan los valores familiares, tratando de recuperar para nuestros hijos la seguridad y la capacidad de decidir, aparte de los medios materiales que cubran sus necesidades inmediatas.

3) No conozco suficientemente las negociaciones que actualmente puedan existir entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y la Conferencia Episcopal en torno a la enseñanza religiosa. Incomprensiblemente, por mi condición de director del periódico profesional de Educación Escuela Española, o como consejero del Consejo Escolar del Estado, he acudido a los respectivos gabinetes de prensa en los últimos meses para recabar información y he obtenido el silencio por respuesta. Soy consciente de que deben existir grandes dificultades para aproximar posturas y llegar a acuerdos que sean rigurosamente respetuosos con la legalidad vigente. Tan es así que podemos asistir, si las partes no lo remedian, al establecimiento de unas hostilidades que parecían impensables en un Gobierno de las características del que lidera el señor Aznar.

Al inicio del siglo XXI resulta difícil entender que los pactos o conciertos que se hayan de concretar dentro del marco de convivencia que establece la Constitución, siguiendo los Acuerdos firmados con la Santa Sede y los principios de libertad religiosa, no encuentren los espacios suficientes para llegar a un consenso que sea beneficioso y eficaz tanto para los alumnos que voluntariamente opten por esta disciplina como para los profesores que, igualmente, la impartan voluntariamente.

Desde hace años y desde diversos sectores se está exigiendo una normativa que actualice la promulgada hace más de 20 años, pero la desidia de los políticos no está posibilitando que los alumnos ejerciten pacíficamente y con seriedad uno de sus derechos y libertades establecidos por nuestra Constitución, y que, sin duda, influye notablemente en el pleno desarrollo de su personalidad, como es el derecho a recibir una enseñanza religiosa de calidad.

RAMÓN PÉREZ JUSTE, UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

1) El sistema educativo en cuanto tal representa un esfuerzo notable por acercarse a la educación integral, como se aprecia en la definición de contenidos, que sobrepasan claramente la idea de los conocimientos para abordar los procedimientos, ámbito de la formación intelectual, y las actitudes y valores, campo propio de la educación moral. Del mismo modo, es positiva la exigencia de un proyecto educativo, que da sentido y unidad a la acción educativa de los centros, y de los proyectos curriculares, que favorecen el trabajo cooperativo de los profesores al servicio de objetivos comunes.

En otro ámbito de cosas, merece destacarse la ampliación de la etapa formativa, la preocupación por la atención a la diversidad, aunque su enfoque sea restrictivo, o las actuaciones al servicio de la equidad a través de la compensación de las desigualdades.

En el debe, no obstante, habría que situar, muy en primer término, la falta de coherencia de los planteamientos relativos a la formación inicial del profesorado y las tareas y funciones que, después, deben asumir en los centros educativos. A continuación, una falta de equilibrio entre comprensividad y diversidad, que redunda en el fracaso de muchos alumnos de educación secundaria, las directrices sobre evaluación y promoción, y la situación de la disciplina en los centros, aspecto, éste, en el que el profesorado se siente, con frecuencia, desasistido y desamparado.

2) Educación integral significa dos cosas, distintas pero íntimamente relacionadas: preocupación por la formación de la persona toda, en todas y cada una de sus dimensiones fundamentales, desde la física y la estética a la intelectual y la ética, y ello con referencia a todos los ámbitos de la vida, desde el individual al social, pasando por el familiar, el amical o el ciudadano, llegando al trascendental en el caso de los creyentes. Junto a ello, la necesidad de que tales formaciones no sean unas realidades meramente yuxtapuestas, sin conexión ni armonía.

Si, desde el primero de los aspectos, el sistema permite abordar razonablemente bien los desafíos que exige, aunque el adecuado equilibrio en su tratamiento sea una cuestión difícil y problemática, en el segundo se aprecian notorias carencias: con frecuencia, los proyectos educativos, cuando los hay, no reflejan la supeditación de los objetivos parciales a una finalidad única, tan elevada como para ofrecer cobertura, unidad y armonía a todos ellos.

Así, con frecuencia, la formación de actitudes y, sobre todo, de valores, queda como una cuestión añadida, colateral, residual, no asumida por todos los educadores y, con frecuencia, objeto de tratamientos poco coherentes, cuando no contrapuestos.

3) La considero insatisfactoria, tanto en lo que representa su realidad como materia del currículo, cuanto por lo que se refiere a la situación del profesorado. En el primero de los aspectos, considero necesario distinguir entre lo que podríamos denominar cultura religiosa, donde caben no sólo los conocimientos sino la capacitación intelectual, que representa el saber razonar, analizar, sintetizar o valorar, y, desde luego, la configuración de actitudes positivas hacia el hecho y la vida religiosa. Sin embargo, es preciso reconocer que la formación religiosa es una realidad más profunda, que se traduce en vivir de acuerdo con los principios que la inspiran, y que puede verse afectada, positiva o negativamente, tanto por el desarrollo de la Religión como materia a enseñar y evaluar, como por el modo en que se enseñe y el talante del profesorado de Religión.

En relación con el segundo, debo señalar la conveniencia de que el profesorado de Religión goce de la necesaria estabilidad y calidad. Para ello, además de contar con la habilitación de la jerarquía, debería pasar los mismos controles que el resto de profesores.

ROBERTO REY MANTILLA, FUNDACIÓN HOGAR DEL EMPLEADO

1) A mi juicio, el sistema educativo español tiene una serie de ventajas sobre otros muchos sistema. En primer lugar, que todos los alumnos y alumnas tienen garantizada una escolarización gratuita hasta los 16 años, y que este sistema es comprensivo, es decir, todos reciben la misma educación, lo que conforma un marco de mayor igualdad de oportunidades; una Educación Infantil, gratuita también para los padres, a partir de los 3 años; un profesorado suficiente y con la especialización adecuada; una diversificación a partir de la Secundaria Obligatoria que permite por una educación en función de los intereses personales; una ratio profesor/alumno suficientemente baja que hace posible un trabajo, una formación profesional, dignificada desde la aprobación de la LOGSE, etc.

2) ¿Lagunas? Por supuesto. Entre las muchas que se pueden detectar, señalaría dos que, a mi modo de ver, resulta fundamental abordar. La primera hace referencia a la comprensividad. Aun habiéndolo destacado como un factor positivo y digno de conservar, sin embargo, no puede hacerse con escasez de medios, de modo que recaiga sobre las espaldas del profesorado una diversificación excesiva en cada aula, lo que deteriora la convivencia en el aula. Es preciso reforzar la diversificación, pudiendo desdoblar las clases a partir de la Secundaria (es decir, desde los 14 años), de modo que un profesor pueda atender, como mucho, a 15 alumnos en las áreas más complejas: lengua, matemáticas, inglés... Se argumenta que el Estado carece de recursos suficientes para una diversificación de esa naturaleza, pero no es del todo cierto. Resulta fácil prometer una rebaja de impuestos —que, en una reforma fiscal progresiva como la nuestra, beneficia fundamentalmente a las rentas más altas y deja igual o peor a los más pobres y a las clases medias, porque les incrementan los impuestos indirectos— porque forma parte del neoliberalismo económico.

Naturalmente un recorte de ingresos del Estado repercute sobre la calidad de los servicios públicos, como estamos empezando a comprobar, cada vez más, especialmente en sanidad y en educación. Tanto en uno como en otro lo pagan los usuarios del servicio, pero en educación, además, lo pagan los profesores que tienen que trabajar con un número de alumnos excesivo y todos ellos diversos. Las reformas comprensivas, cuando se ponen en marcha, se realizan con una reducción drástica del número de alumnos por aula, o bien con una ampliación de las optativas lo suficientemente amplia y compleja como para hacer posible que casi todos los alumnos consigan el título de graduado sin mayores problemas. El segundo modelo no es muy propio de España, pero el primero sí, y posiblemente repercutiría en un incremento del número de alumnos que obtienen el graduado o, si se prefiere, un menor número de alumnos que fracasan en el sistema educativo, y el profesorado, que no puede entender la situación actual, acabaría comprendiendo que comprensividad y calidad de enseñanza no son incompatibles, y que conflictividad y comprensividad no son sinónimos, sino antagónicos.

El segundo gran problema que presenta nuestro sistema educativo es que realmente ya no podemos hablar de un único sistema, sino de varios. No tantos como Comunidades Autónomas existen, de momento, pero los suficientes como para que pensemos en una gran dispersión. El problema, cada vez más, reside en que el Ministerio de Educación tiene competencia para elaborar Leyes orgánicas y definir el currículo, así como la alta inspección. Pero son las Comunidades Autónomas las que la aplican, con lo cual se puede producir una situación esperpéntica, si algunas comunidades no desarrollan aquellos aspectos que no les interesa, como ya ocurre, o conciben el desarrollo de modo diverso. Este problema se agrava si el Gobierno central elabora una política de intereses electorales, pero luego no pone medios para su desarrollo. Eso lo vimos tristemente en la Ley del Menor, lo veremos en el desarrollo del currículo y, previsiblemente, lo padeceremos todos los ciudadanos en la Ley de calidad que se aproxima... A no ser que se replantee la política neoliberal y se deje de hacer amagos facilones hacia el electorado. La calidad, si realmente se desea, significa medios y recursos para las escuelas y las Comunidades Autónomas, especialmente orientados a los sectores social y culturalmente más desfavorecidos.

Considero que los demás problemas se derivan, fundamentalmente de estos dos señalados.

3) La enseñanza de la Religión es un problema inveterado en nuestro sistema educativo. Mientras la Iglesia adopte una posición en favor de las clases más poderosas (como viene haciendo la Iglesia oficial, aunque no tanto algunos sectores de la enseñanza concertada, que trabaja con los más marginados), la religión, en sí misma, será un problema político y tendrá su proyección en la escuela, tanto en lo referente a los conciertos como en el problema de la clase de Religión. Naturalmente, para que las clases de Religión dejen de ser un problema, la Iglesia de los ricos deberá dejar de serlo para comenzar a ser de todos y, si se me apura, siguiendo el consejo cristiano, la Iglesia de los marginados o los más pobres. Puede que entonces, los partidos que apuestan por los más humildes e intentan una redistribución de la riqueza más justa, reconsideren su posición con respecto a la Iglesia y las clases de Religión, pero mucho me temo que desde Juan XXIII no se ha avanzado mucho en el tema.

Dicho esto, conviene situar el problema también en su punto justo. La Constitución garantiza a los padres el derecho a recibir la religión o la formación moral más acorde con sus convicciones, siempre de modo voluntario. La escuela, en consecuencia, debe garantizar ese derecho, como tantos otros derechos que no se garantizan, como el derecho al trabajo o la vivienda, sin que la Iglesia haga oir su voz con fuerza en esos temas. A partir de la existencia del derecho, lo que hay que dilucidar es cómo se cumple o desarrolla y, al respecto, tengo que decir que ni el Gobierno socialista anterior, ni el actual del PP han sabido regularlo de un modo satisfactorio. En su momento propuse, sin que fuese muy bien visto —y sigo sin saber por qué—, que la Religión podría incluirse en la oferta de materias optativas que oferta del colegio, para que cada cual eligiera libremente y no precisamente entre las materias de Ética o formación moral y Religión, como si los primeros no tuviesen que conocer la cultura religiosa (aunque fuese desde una perspectiva laica) que condiciona toda nuestra cultura, o los segundos despreciasen la ética.