RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioEspañaContinuar
Esto han dicho los obispos
El 30 de noviembre de 1974, el comunicado final de la Asamblea Plenaria incluye: Ante los brotes de violencia que turban a nuestra sociedad, los obispos recuerdan que los problemas colectivos no pueden resolverse mediante soluciones violentas, ya se ordenen a detener la evolución necesaria e ineludible, ya a provocar cambios radicales de las estructuras socio-económicas o políticas. Ni el terrorismo, ni la subversión revolucionaria, ni la represión de los derechos de la persona humana son compatibles con la concepción cristiana del hombre y de la sociedad. Los obispos condenan, con su cardenal presidente, "los extremismos que ejercitan la violencia, aun verbal, y que coartan la esperanza de la convivencia en libertad".

- El 20 de noviembre de 1990, en la Instrucción Pastoral La verdad os hará libres (n. 20), se hace un profundo diagnóstico de la crisis moral de nuestra sociedad y se dice: No podemos por menos de referirnos a la falta de respeto al bien básico e inestimable de la vida, ya en su mismo origen, ya en el decurso de su existencia o en su etapa final. Tanto la transgresión grave de esta exigencia de respeto a la vida, como la pacífica, no discutida, aceptación social de su violación es, sin duda, uno de los síntomas más graves de una sociedad "desmoralizada". Quizá como ningún otro aspecto, esta violación refleja la crisis moral actual caracterizada, ante todo, por la pérdida del sentido del valor básico de la persona humana que está en la base de todo comportamiento ético.

- El 14 de febrero de 1996, en el documento Moral y sociedad democrática (n. 9), entre los fenómenos que atentan contra la convivencia democrática se incluye: el terrorismo, que desprecia la vida y la auténtica libertad.

- El 26 de noviembre de 1999, haciendo balance del siglo XX, en el documento La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX (n. 14), se dice: Los enfrentamientos atizados por los nacionalismos excluyentes e ideologías totalitarias, que pretendían hacer realidad por la fuerza las utopías terrenas, arrastraron al mundo y, en particular a Europa, a violencias inauditas (…)

Que esta petición de perdón nos obtenga del Dios de la paz la luz y la fuerza necesarias para saber rechazar siempre la violencia y la muerte como medio de resolución de las diferencias políticas y sociales. Para quienes ejercen la violencia terrorista pedimos la conversión y el perdón de Dios, que se traduzcan sobre todo en el abandono definitivo de sus acciones violentas.

COMISIÓN PERMANENTE:


- El 18 de septiembre de 1975, en una amplia Nota sobre la violencia, entre otras cosas, se dice: Reiteramos, una vez más, con energía la reprobación de todo asesinato y de cualquier acto de violencia que conculque los derechos fundamentales de la persona humana. Condenamos de modo especial todo terrorismo empleado como arma política, cualquiera que sea la forma que adopte, aunque reivindique derechos que se estimen justos y aun cuando no hubiera víctimas humanas. Siempre hay, al menos, una víctima: el pueblo, que se ve privado del bien que más estima, la paz en la justicia y el amor. Los actos terroristas siempre llevan consigo el doble mal del temor que crean en los ciudadanos y de la privación de algunas libertades que obligan a su represión. En circunstancias en que la paz pública es amenazada, y más si se vierte sangre inocente, la autoridad tiene el deber de defender eficazmente el bien común de la sociedad y los ciudadanos el de apoyar toda acción legítima de los gobernantes.

- El 12 de mayo de 1981, una nota Ante el terrorismo y la crisis del país, incluye estos párrafos: Sobre este inquietante panorama destaca el duro azote del terrorismo, cuyos autores están poniendo a prueba con sus crímenes la resistencia moral de nuestro pueblo. Estos delitos abominables vulneran muy gravemente la ley de Dios y la dignidad del hombre y no pueden justificarse por ningún objetivo, ni económico ni político. (…) Sufrimos con el llanto de las viudas y de los hijos de las víctimas, y pedimos a Dios para ellos el consuelo de la fe cristiana. (…)

Es necesario defender con firmeza y solidaridad los valores que destruye el terrorismo, dejando a un lado diferencias secundarias, aunque sean legítimas. Se impone dar prioridad al esfuerzo común por la defensa de la vida, por la convivencia pacífica, por la justicia social, por la seguridad de las personas y por la regulación legal de todas las libertades. (…)

- El 20 de febrero de 1986, la Instrucción Pastoral Constructores de la paz (nn. 95-98), incluye estos párrafos sobre el terrorismo:No conviene olvidar que el terrorismo brota o prospera, a veces, como resultado de injusticias pasadas o por abusos de la autoridad en las obligadas actuaciones en defensa del bien común, de la necesaria seguridad y del legítimo orden público.

El terrorismo es intrínsecamente perverso porque dispone arbitrariamente de la vida de las personas, atropella los derechos de la población y tiende a imponer violentamente sus ideas y proyectos mediante el amedrantamiento, el sometimiento del adversario y, en definitiva, la privación de la libertad social.