RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioLa vidaContinuar
Libros de interés
Sin cultura religiosa no se pueden entender las obras de arte, ha manifestado don Luis Monreal y Tejada, autor de este libro, con ocasión de su publicación, y Martí de Riquer, de la Real Academia Española, ha dicho de estas 560 páginas editadas por El Acantilado, con viñetas de Alberto Romero sobre originales de las obras indicadas, que es de una utilidad extraordinaria para todo aquel capacitado y formado que se interesa por la historia del arte y la de la Iglesia, y por las tradiciones locales. Constituye una guía imprescindible para quien quiera conocer una parte fundamental del arte de la Edad Media, del Renacimiento, e incluso del arte de nuestros días. Son palabras mayores, y muy principales, en boca tan autorizada. La iconografía cristiana pone ante los ojos los dogmas, creencias y hechos básicos del cristianismo. Con talento, rigor, y asombrosa dedicación de largos años de estudio, el autor ofrece los elementos necesarios para saber ver las imágenes, y moverse con seguridad por el mundo iconográfico cristiano. Es algo ciertamente indispensable para todo aquel que quiera penetrar en el entendimiento de la cultura occidental. Ni que decir tiene, que tanto más para el fiel creyente que quiera penetrar en el entendimiento de la representación de su fe.

José Antonio Jáuregui es un pensador, antropólogo y escritor, original. Su maestro, Salvador de Madariaga, le hizo descubrir los nuevos horizontes del mundo de la ciencia y de la filosofía, que él, ahora, descubre a los demás desde su cátedra, en la prensa, y de un modo más sistemático en este libro editado por Martínez Roca, y que dedica, precisamente A mis estudiantes.

El epílogo a estas 300 de páginas concluye así: Aprender a pensar es aprender a entender, y a comprender: aprender a ser "comprensivo". Quizás en este continuado y permanente esfuerzo del profesor Jáuregui por la comprensión recíproca, se encierra la síntesis de su apasionado y lúcido pensar con libertad. Hay un provocativo título de capítulo —el tercero: La democracia y otros errores de bulto— que habla por sí solo de los buenos modos con que escribe este autor. Y bastaría el desemascaramiento de las tres falacias que señala para recomendar la lectura de estas páginas. Primera: confundir el pueblo, con un pueblo; segunda: confundir manda el pueblo, con manda el monarca; tercera: confundir manda el pueblo, con una oligarquía. Y siguen varias falacias más, las ideológicas, las de los títulos y de los premios, la del siglo XX: el best-seller, y otros diversos, divertidos y enjundiosos etcéteras.