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Jesús Colina. RomaEl Consistorio de creación de 44 nuevos cardenales, el 21 de febrero pasado, el más numeroso de la Historia, no tuvo nada que ver con una ceremonia de premio fin de carrera. Juan Pablo II espoleó a sus colaboradores y les exigió coherencia con la esencia misma de la dignidad cardenalicia: la disponibilidad al martirio. De hecho, el momento central de la celebración tuvo lugar cuando cada uno de los cardenales se arrodilló ante el obispo de Roma, quien, al imponerle la birreta, explicó en latín: Es roja como signo de la dignidad cardenalicia, para significar que debéis estar dispuestos a comportaros con fortaleza, hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del pueblo de Dios y por la libertad y la difusión de la Santa Iglesia Romana. El nuevo cardenal español, el asturiano Francisco Álvarez, arzobispo de Toledo y Primado de España, se tomó al pie de la letra las palabras del Papa e hizo, en confianza, un anuncio: Ofreceré la birreta a la Santina, sin olvidarme de Guadalupe, para pedir que reine la paz y la fraternidad y que acabe el terrorismo en España. Las declaraciones del cardenal tenían lugar tras una semana de infundados ataques contra la Iglesia en España, acusada de no ser suficientemente clara en su condena del terrorismo etarra. |
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Juan Pablo II, en la ceremonia, no dejó espacio a la nostalgia. Después de haber recurrido abundantemente a los manantiales de la misericordia divina durante el Año Santo dijo, la mística nave de la Iglesia se prepara para echarse de nuevo a la mar para llevar al mundo el mensaje de la salvación.
Juntos queremos izar al viento del Espíritu las velas añadió, escrutando los signos de los tiempos e interpretándolos a la luz del Evangelio para responder a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura, y sobre sus relaciones recíprocas. De este modo, constató: El mundo se hace cada vez más complejo y cambiante; la aguda conciencia de las discrepancias existentes genera o aumenta contradicciones y desequilibrios. Las enormes posibilidades del progreso científico y técnico, así como el fenómeno de la globalización, que se extiende cada vez más por nuevos campos, nos piden estar siempre abiertos al diálogo con toda persona, con toda instancia social, con el intento de dar a cada uno razón de la esperanza que llevamos en el corazón. El mismo color púrpura de los vestidos que lleváis os recuerda esta urgencia. Por eso, les preguntó a los nuevos cardenales: ¿No es, quizá, ese color símbolo del amor apasionado a Cristo? En ese rojo encendido, ¿no se indica quizá el fuego ardiente del amor por la Iglesia que debe alimentar en vosotros la disponibilidad, si es necesario, hasta dar incluso el supremo testimonio de la sangre? La Iglesia concluyó el Pontífice no se basa en cálculos o en poderío humano, sino en Jesús crucificado y en el testimonio coherente de Él dado por los apóstoles, los mártires y los confesores de la fe. Es un testimonio que puede exigir incluso el heroísmo de la entrega total de sí a Dios y a los hermanos. El Consistorio se convirtió en una gran fiesta popular, acompañada por una mañana de auténtica primavera, con un sol espléndido. De hecho, batió todos los records de participación de gente en una ceremonia de este tipo: unas 40 mil personas, entre las que destacaba por su animación la delegación toledana. Los peregrinos venían procedentes de los 27 países que contaban con, al menos, un representante entre los nuevos purpurados. |