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Recuerdo que la comunión plena y visible de todas las comunidades es el deseo ardiente de Cristo, y para esta finalidad primaria los cardenales, sea como Colegio que individualmente, pueden y deben ofrecer su preciosa contribución. Ellos son los primeros colaboradores del ministerio de unidad del Romano Pontífice. Os invito a rezar para que en el nuevo milenio se restablezca la plena comunión entre los cristianos, divididos en diferentes Iglesias y comunidades. Se trata del escándalo más grande de la historia del cristianismo. Que el Espíritu Santo dé a todos los creyentes la luz y la fuerza necesarias para realizar el ardiente deseo del Señor. Os pido que me asistáis y colaboréis de todos los modos posibles en esta difícil misión. La entrega del anillo pone de relieve el vínculo especial que os une a esta Sede Apostólica. Hoy, Cristo os repite a cada uno de vosotros: He rezado por ti, para que tu fe no decaiga en las situaciones en las que pueda ser sometida a una mayor prueba tu fidelidad a Cristo, a la Iglesia, al Papa. ¡Que esta oración, que brota incesantemente del corazón del Buen Pastor, sea siempre vuestra fuerza! No dudéis de que, como para Cristo y para Pedro, también será así para ustedes: su testimonio eficaz estará siempre marcado por la Cruz. La Cruz es la cátedra de Dios en el mundo. (A los nuevos cardenales) (22-II-2001) |