RetrocesoA&ONº 249/1-III-2001SumarioRaícesContinuar
Una exposición recoge en Gerona piezas del desconocido
arte cristiano del Cuerno de África
La antiquísima Iglesia etíope
muestra sus tesoros
Con el título Los tesoros del país de la reina de Saba se expone estos días en Gerona una importante colección,
rescatada bajo los auspicios de la UNESCO, del arte cristiano etíope entre los siglos XII y XIX. La muestra
se exhibe en el Centro Cultural de la Caixa de Girona, La Fontana d’Or, y podrá visitarse hasta el próximo 31 de marzo
Inma Álvarez

Hay una misteriosa relación que une Etiopía con la historia de la Salvación, desde el momento en que Makkeda, más conocida como la Reina de Saba, vino desde lejanas tierras para conocer la sabiduría de Salomón. Las leyendas afirman que tuvo un hijo de él, Menelik, que posteriormente robaría el Arca de la Alianza y se la llevaría a Axum, la legendaria capital etíope, nación que desde entonces se consideraría depositaria de la Alianza de Israel. Tal relación reaparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 26-40), en el episodio en que el diácono Felipe instruye en la doctrina cristiana al ministro de la reina Candace. Resulta difícil reconstruir la historia de un país separado durante siglos del resto de la cristiandad por la infranqueable barrera del Islam, y sometido reiteradamente a saqueos y abandonos, en el que muchos valiosísimos tesoros se han perdido. Oscuras leyendas traídas por los cruzados hablan de un misterioso reino gobernado por un sacerdote, el Preste Juan, en el que el cristianismo africano habría sobrevivido a las tragedias de la Historia. Es a partir del siglo IV, en tiempos del emperador Constantino, cuando la cultura etiópica adquiere un aspecto típicamente cristiano. A la escasez de documentos literarios corresponde, sin embargo, a partir del siglo XII, una abundancia de representaciones artísticas de la fe cristiana.

La mayor parte de la muestra recoge piezas de entre los siglos XII y XIX, muchas de ellas escondidas durante centenares de años en viejas iglesias excavadas en la roca, para evitar el expolio artístico que, en un país en el que las amenazas de invasión islámica y la propia inestabilidad interna, junto con la menesterosidad de la población y la carencia de infraestructuras suficientes para garantizar la custodia y catalogación de las obras de arte, hubiera sido la tentación fácil. La feliz casualidad histórica que ha permitido la conservación de una cultura y arte tan singulares se debe, según el Comisario de la muestra, Jacques Mercier, a que Etiopía haya sido el único país africano no colonizado por Occidente.

El arte cristiano ortodoxo etíope es único en el mundo por sus reminiscencias bizantinas, unidas a la influencia el hieratismo egipcio y las tradiciones africanas. La mayor parte de las piezas expuestas son objetos de culto (cruces procesionales), evangeliarios y salterios; destaca una pequeña colección de tabot, pequeños altares de madera que, según algunos expertos, provienen de los antiguos altares móviles de los primeros cristianos. Reminiscencias paleocristianas y judaicas olvidadas en Europa sobreviven también en la liturgia, a la que tampoco parecieron afectar las guerras iconoclastas, lo que confiere al cristianismo etíope una singularidad sorprendente.

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