RetrocesoA&ONº 250/8-III-2001SumarioContraportadaContinuar
En la muerte del poeta y académico José García Nieto
…esta pobre voz que Tú me has dado
El pasado 27 de febrero moría el poeta asturiano José García Nieto, miembro de la Real Academia de la Lengua,
que tenía en su haber galardones como el Premio Cervantes, el Nacional de Literatura, el Fastenrath
de la Academia Española, etc. Autor, entre otras obras, de Tregua, La red y Hablando solo, se declaraba
heredero de Garcilaso, y en sus poemas, como estos bellísimos que ofrecemos,
destaca la contemplación íntima del misterio del hombre y, cómo no, de Dios
Gracias, Señor, porque estás
todavía en mi palabra;
porque debajo de todos
mis puentes pasan tus aguas.
Piedra te doy, labios duros,
pobre tierra acumulada,
que tus luminosas lenguas
incesantemente aclaran.
Te miro; me miro. Hablo;
te oigo. Busco; me aguardas.
Me vas gastando, gastando.
Con tanto amor me adelgazas
que no siento que a la muerte
me acercas…

Y sueño…

Y pasas…

Vas a pasar, Señor, ya sé quién eres;
tócame por si no estoy bien despierto.
Soy hombre, ¿me ves?, soy todo el hombre.
Mírame Tú, Señor, si no te veo.
No hay horas, no hay reloj, ni hay otra fuerza
que la que Tú me des, ni hay otro empleo
mejor que el de tu viña…

Pasa…

Llama…

Vuelve a llamarme…

¿Qué hora es? No cuento
ya bien. ¿Es la de la sexta?, ¿la de nona?,
¿la undécima? ¿O ya es tarde?

Pasa…

Quiero seguir, seguirte…

Llama. Estoy perdido;
estoy cansado; estoy amando, abriendo
mi corazón a todo todavía…
Dime que estás ahí, Señor; que dentro
de mi amor a las cosas Tú te escondes,
y que aparecerás un día lleno
de ese amor mismo ya transfigurado
en amor para Ti, ya tuyo

El ciego,
el sordo, anda, tropieza, vacilante,
por la plaza vacía.

Ya no siento

quién soy. No me conozco…

¡Grita! ¡Nómbrame,
para saber que todavía es tiempo!…
Hace frío…

¿Será que la hora undécima
ha sonado en la nada?…

Avanzo, muerto
de impaciencia de estar en Ti, temblando
de Ti, muerto de Dios, muerto de miedo.
Yo soy el hombre, el hombre, tu esperanza,
el barro que dejaste en el misterio.

de Los tres poemas mayores (1971)

 

Nada quiero, Señor, nada te pido;
tengo esta pobre voz que Tú me has dado,
y como un perro fiel marcha a mi lado
en mi diario camino hacia el olvido.

de Del campo y la soledad (1946)

Yo sé lo que es enfermar en una celda, y defecar entre ratas que luego pasaban junto a tu cabeza por la noche...
¿Qué me decís ahora los que creíais que sólo me han movido a cantar los lirios de un campo imaginario...?

Aunque también os digo que todo era hermoso cerca de la muerte menos la muerte misma. Respirar y amar de lejos..., era hermoso...

Gracias, Señor, por haberme dejado sin heridas en el alma.

de Memorias y compromisos (1966)