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Alguien, con sabia agudeza, ha descrito la educación en nuestra cultura actual como una educación borracha de autonomía, que deja a niños y jóvenes prisioneros de sus gustos, de su instintividad, incapaz de aportar un criterio que sirva realmente para la vida. Es necesario, sin duda, educar en y para la libertad, hacer que el educando actúe cada vez más por sí mismo. Pero aquí está la trampa: ¿cómo se entiende la libertad? ¿Acaso es libre quien se adhiere a cualquier reclamo de sus gustos o de su instintividad? ¿No lo será más bien el que se adhiere a la realidad, buena, bella y verdadera, que tiene delante de sí?
Educar es hacer que el niño, el joven, sea capaz de valérselas por sí mismo frente a la realidad. El método educativo auténticamente humano será guiar al adolescente al encuentro personal con la realidad. El equilibrio del educador es de la máxima importancia. No bastan, ciertamente, meros profesores que enseñen contenidos, ni aun cuando éstos sean valores auténticos que seguir en la vida. En la escuela, como en la universidad, son imprescindibles maestros de vida, a los que puedan seguir sus alumnos; al igual que a los padres las instituciones educativas, no hay que olvidarlo, están a su servicio, cuya tarea educativa no puede aislarse de su propio ser y de su propio comportamiento. Hacerlo es dimitir de su ineludible condición de padres, y las consecuencias las conocemos todos. |
| Si dar rienda suelta a la instintividad no educa, sino que destruye, hay que afirmar igualmente que no menos destructiva es una educación dictada por el miedo, dirigida únicamente a preservar al adolescente del choque con la dura realidad; lo hará incapaz de afrontarla, o lo convertirá en un rebelde o un desequilibrado. Tanto separarlo del mundo, como no ayudarlo y guiarlo en la confrontación con el mundo, es mutilar en él su capacidad de ser libre, es decir, de llegar a ser auténtico hombre. Y aquí vuelve a aparecer la palabra clave: libertad.
Que la borrachera de autonomía nada tiene que ver con la libertad es algo que pone en evidencia, cada día, la misma realidad de la vida. Ésta no puede inventarse, porque es la que es, y no otra. ¿A dónde conduce una autonomía que no respete la realidad de las cosas, sino a las vacas locas, al sida, o incluso a esa lacra terrible de nuestra sociedad que es el terrorismo? Tampoco tiene nada que ver con la libertad esa otra borrachera de valores propuestos sin referencia alguna a su raíz, cuya contradicción no puede por menos que provocar constantes conflictos. ¿Cómo promover una verdadera solidaridad, de la que constantemente se habla y se cree que se está construyendo ahí están tantas ONG que no dejan de surgir por todas partes, si el único motor que cuenta, a todos los niveles, en la cultura dominante en todo el mundo, no es otro que una competitividad salvaje? ¿Y qué clase de fraternidad de la que igualmente a la cultura dominante se le llena la boca puede haber en el mundo, si nadie pertenece a nadie, porque yo soy libre y dueño de mi vida? La única propuesta verdaderamente educativa no está, en primer lugar, en responder a la pregunta: ¿Qué hacer?, sino a la pregunta que está a la raíz de la vida misma: ¿Quién soy? El misterio insondable del ser humano no puede obviarse en la indispensable tarea de la educación; así como tampoco el de la libertad, porque, ¿qué clase de libertad es aquella incapaz de adherirse al bien? Elegir caprichosamente, y aunque fuese muy razonablemente, pero con una razón que se cree medida de la realidad en definitiva, que la inventa, no puede menos que convertir al ser humano en esclavo. Sólo es libre la adhesión, sin ningún tipo de trabas, a la verdad, al bien y a la belleza, que una recta educación tiene la responsabilidad de mostrar. Buena será una Ley de Calidad de la Educación actualmente se prepara en España que permita educar en libertad y para la libertad. Falta aún, sin embargo, lo más decisivo: que padres y educadores ejerzan la auténtica libertad, que no lo es sin referencia a la verdad, es decir, que, en primera persona, se adhieran al bien y lo muestren en su vida. |