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Billy Elliot (Quiero bailar), del nominado a los Oscar Stephen Daldry, es la película de la temporada que más ha gustado al público. Una vez más es un niño el que arranca los aplausos en las salas de cine. El sexto sentido, Cadena de favores, La vida es bella, Ni uno menos..., cada vez son más las películas cuya magia está en los niños que aparecen en ellas. Y en España ocurre igual: Secretos del corazón, You´re the One, La lengua de las mariposas, El bola, El otro barrio... son conocidos ejemplos.
Billy Elliot es el nombre de un chaval que quiere bailar. Estamos a principios de los 80 en las cuencas mineras del norte de Inglaterra. Billy tiene 11 años y pertenece a una familia obrera. Su destino es trabajar en la mina, como hace su padre, a la vez que participa activamente de las huelgas contra la política de cierre de Margaret Tatcher. La madre de Billy murió. Él, su padre y su hermano tratan de salir adelante como pueden. El chico participa, por empeño paterno, en unas clases de boxeo; pero lo que realmente le gusta a Billy es la danza clásica. Éste es el conflicto de una película que entronca con títulos británicos como Full Monty o Tocando al viento, que nacen de situaciones sociales comunes. Se diferencia, por ejemplo, de Ken Loach en que aporta un tono menos incisivo, sin demasiada amargura, y en el que lo humano y personal está puesto mucho más de relieve que lo sociopolítico, que también está muy presente. El cineasta Stephen Daldry filma esta emotiva cinta a partir de un guión del dramaturgo Lee Hall, que a su vez plasmó en él diversos recuerdos de su infancia. La película tiene varios niveles de lectura. El empeño personal del chico por hacer algo en lo que cree, contra viento y madera; la dinámica moral del padre que debe elegir entre sus prejuicios y la realidad que le sorprende; el descubrimiento de la belleza en una sociedad en la que reina el odio y el rencor..., y todo ello lo hace desde el tono musical que marca la película, con números de danza y canciones memorables, aunque discretamente presentes. En definitiva, se trata de una cinta llena de esperanza, traspasada por la mirada vital del niño. Un tema tratado con ambigüedad es el de la orientación sexual del chaval. En ese sentido, el film es muy sutilmente connivente con la línea de moda de hacer guiños implícitos o explícitos a la supuesta bondad de la homosexualidad. |