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La respuesta inmediata y obvia es claramente afirmativa. Parece la premisa necesaria de ambas películas. Pero, si analizamos detenidamente la conducta del asesino, podemos sacar algunas conclusiones interesantes, quizás no evidentes a primera vista. El pensamiento lógico del doctor Lecter funciona perfectamente, y con seguridad más engrasado que el de la mayoría; su memoria sensitiva e intelectual es prodigiosa; su inteligencia, indiscutible. Sus crímenes no tienen motivación sexual aparente ni se perciben en él rasgos de una sexualidad desviada. Es capaz como nos sorprende en el último film de dolorosos sacrificios para no dañar a quien ama. Nunca mata gratuitamente, siempre lo hace como respuesta a una agresión o amenaza. Es un hombre capaz de realizar una actividad laboral de manera intachable, es sensible al arte y a la cultura, exquisito en las formas. ¿Es Hannibal Lecter un psicópata? Es cierto que en raras ocasiones come carne humana, pero no es eso por lo que es buscado principalmente por la policía internacional. |
| ¿Entonces? Creo que es muy plausible dudar de su locura clínica. Más bien pienso que padece otro tipo de locura y que es el prototipo de hombre moderno del siglo XX. Me explico. Su criterio de actuación es la voluntad de poder, con un fidelísimo corte nitzscheano; Hannibal es el superhombre que no admite más ley moral que la que emana de su voluntad, él es su propio dios. A su vez, hereda un cierto darwinismo social por el que se convierte en un auténtico depredador: mata para no morir, y lo hace por encima de cualquier convencionalismo. Si alguien se interpone en su camino
, ¡fuera! El hombre, para él, no tiene más dignidad que la que cada uno conquista para sí mismo; es la ley del más fuerte; por ello, ¿qué sentido tiene matar limpiamente, si la venganza se satisface más con el regodeo? El ser humano, para Hannibal, no es más que pura biofisiología, y por tanto, en coherencia con su positivismo radical, un individuo molesto no merece más respeto que una vaca loca o un perro rabioso.
Maquiavelo y Voltaire también configuran su sensibilidad, llena de cinismo y autosuficiencia. En realidad, Hannibal Lecter es un compendio de modernidad, un cóctel de filosofías postcristianas, y su psicopatología no va más allá de la de Hitler, Stalin, Phnom Penh, Mengele y la de todos los inductores de caravanas y escuadrones de la muerte, guerrillas, depuraciones religiosas (China, Albania, URSS...), limpiezas étnicas y demás Ku Klux Klanes americanos o vascos...; en fin, lindezas todas que hacen de Hannibal Lecter un alumno más de la clase de los modernos nihilistas, sectarios del ateísmo que hacen de su capricho, ideología o instinto, ley universal a la que todos deben someterse. Por cierto, si le dio repelús El silencio de los corderos, no vaya a ver Hannibal, que no es mala película, pero que tiene dos o tres secuencias que le pueden echar del cine y mandarle de vuelta a casa con el estómago del revés. Luego no digan que no aviso. Juan Orellana |