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Diez años después de que el Parlamento aprobara la LOGSE, los actuales responsables del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, animados por la opinión negativa de un buen número de docentes y la experiencia que se vive en muchos centros de enseñanza, parecen más que decididos a cambiar una ley con la que nunca se han encontrado muy cómodos. Para ello, además de la reciente aprobación del Real Decreto que modifica las enseñanzas mínimas de la ESO y del Bachillerato, está elaborando dos importantes leyes que pueden alterar de manera sustancial la educación española: la Ley de Formación Profesional y Cualificaciones; y la Ley de Calidad de la Educación, que pueden aprobarse antes del verano.
Llevamos diez años del nuevo sistema educativo y su actual desarrollo plantea muchas dudas, más de las esperadas. Cuando se aprobó la Ley, la situación educativa española era muy distinta a la actual. Las prisas por modificar el sistema educativo anterior propiciaron que la LOGSE se comenzase a implantar de manera un tanto precipitada, con escasa formación e información y con unos presupuestos francamente limitados. La Ley, con un importante componente ideológico, intentaba solucionar algunos de los importantes problemas que vivía la sociedad española con bastantes dosis de idealismo, es decir, con un conjunto de propuestas que la experiencia ha demostrado que estaban fuera de la realidad. Así, diez años después de su aprobación, son numerosas las voces, entre ellas la de la Federación de Enseñanza de USO, que cuestionan la validez de algunos aspectos de esta Ley. Nuestro punto de vista es muy claro: la LOGSE es una buena ley, aporta elementos positivos al sistema educativo español, ha mejorado sustancialmente algunos aspectos..., pero eso no significa que tenga que ser una Ley inamovible e inmortal. Hay, pues, que solucionar aquellos aspectos concretos de la LOGSE que no están funcionando. Y admitir esta posibilidad del cambio no significa tomar descaradamente partido. Tal y como están las cosas ahora en la educación española, cualquier asunto se convierte rápidamente en motivo de enfrentamiento político, con la consiguiente obligatoriedad de posicionarse en un bando o en otro. |
| Nuestra Federación de Enseñanza está muy cansada de esta manera tan maniqueísta de abordar los problemas. Para nosotros, es muy evidente que el sistema educativo necesita cambios. Nos molestan, por eso, los cantos apocalípticos de los que defienden la sacralidad de la LOGSE, poniendo el grito en el cielo en cuanto se considera la posibilidad de alterar una coma. Detrás de esta posición tan parcial y conservadora, disfrazada de progresismo, se esconde una descarada dependencia de los planteamientos políticos de organizaciones o partidos afines, que quieren convertir la defensa de la LOGSE en un motivo más de confrontación.
Aceptando que algo hay que cambiar, la Federación de Enseñanza de USO lanza un conjunto de sugerencias, que nos gustaría se viesen reflejadas en la próxima Ley de Calidad de la Educación. - Nos oponemos radicalmente al actual sistema de promoción automática. Pensamos que su generalización supone un lastre para el sistema educativo. La promoción automática rebaja hasta límites insospechados los objetivos educativos y, además, relativiza la exigencia de los alumnos, convirtiendo la evaluación en un peligroso todo vale. A la larga, con este sistema, más que consolidar la igualdad de oportunidades, se fomenta la dictadura de la mediocridad. - Proponemos la modificación del actual sistema de calificaciones, ambiguo, inútil, excesivamente teórico y complejo. Las negativas reacciones de los padres ante las calificaciones de sus hijos son el mejor ejemplo de su inoperancia. - El segundo ciclo de la ESO es en la actualidad la etapa más conflictiva desde todos los puntos: disciplina, evaluación, ambiente, etc. La Federación de Enseñanza de USO está a favor, pensando en la igualdad de oportunidades de todos los alumnos, de que se introduzcan en el cuarto curso de la ESO diferentes itinerarios, según los planes futuros de los alumnos. Somos partidarios de adelantar a los 15 años los Programas de Iniciación Profesional (Garantía Social), la mejor solución para aquellos alumnos que no quieren saber nada del sistema educativo y lo único que desean es aprender un oficio para encontrar empleo. De todas maneras, no cerraríamos todas las salidas a estos alumnos, pues muchos, y esto hay que estudiarlo, pueden después acceder, de este curso, a los cursos formativos de Grado Medio. - La futura Ley de Calidad de la Educación debe buscar soluciones a otro punto candente: la financiación de la Educación Infantil, especialmente del segundo ciclo (de los 3 a los 6 años), donde están escolarizados casi el 100% de los niños españoles, pero que es una etapa que sigue sin considerarse ni básica, ni obligatoria ni gratuita. Esta situación está provocando injustas discriminaciones, ya que mientras los centros públicos son completamente gratuitos, los centros privados tienen muchas dificultades para recibir fondos públicos, bien vía subvenciones o conciertos, lo que redundaría en la estabilidad del profesorado. |
| - Queremos que se adopten medidas para solucionar otro asunto espinoso: todo lo relacionado con la elección del director. El sistema actual no nos gusta. Somos partidarios de potenciar el Equipo Directivo, prestigiando a la vez la figura del director, que debería ser escogido directamente por el Claustro de Profesores, y no por el Consejo Escolar. Con estas medidas se daría mayor autoridad (pedagógica, organizativa, en asuntos de disciplina...) al Equipo Directivo, con lo que se reforzaría la función directiva de los centros, ahora mismo rebajada por el encadenamiento y la inoperancia de la burocracia.
- Hay que solucionar todo lo relacionado con la asignatura de Religión y los profesores que la imparten. Habría que dar otro rango a esta asignatura con el fin de revalorizar la cacareada pero insuficiente educación en valores. Somos partidarios de que exista una asignatura concreta dedicada a reforzar la educación moral de los alumnos. De manera optativa (y sin caer en ningún tipo de alternativa), los alumnos estudiarían Valores Cívicos o Religión, las dos al mismo nivel, e incorporadas dentro del currículo de los alumnos. Nuestra posición no oculta ningún mensaje político, porque nuestros criterios son meramente educativos. Cuando hacemos estas propuestas, en lo único que estamos pensando es en mejorar la calidad de la educación española, que falta hace, y en hacer realmente efectiva la verdadera igualdad de oportunidades, no esa igualdad de la que tanto se habla y que no es más que un penoso sucedáneo del más trivial de los igualitarismos. José Luis Fernández Santillana |