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A. Llamas PalaciosBenjamín R.Manzanares El compromiso del Gobierno no acaba de llegar, y estamos a la espera de que se mojen de una vez. Desde luego, tenemos claro que no nos vamos a mover de aquí sin que hayamos conseguido nuestros objetivos: que nos paguen las 7 nóminas que nos deben, además de tener un proyecto de empresa, y que se cumpla el convenio colectivo que tenemos. Melitón, de Galicia y perteneciente al Comité de Intercentros, resume con estas palabras la dolorosa situación que están viviendo 1.800 trabajadores de la empresa Sintel, antigua filial de Telefónica. El madrileño Paseo de la Castellana está siendo testigo, desde el 29 de enero, de una concentración de trabajadores en huelga. Son los profesionales de la empresa de redes e instalaciones Sintel, que se han visto obligados a actuar de esta manera para hacerse oír ante el Gobierno y las instituciones pertinentes. El conflicto se remonta a 1996, cuando el Gobierno socialista, en pleno proceso de transición al Gobierno popular, dio el visto bueno a la venta de Sintel, dejándola en manos del cubano Mas Canosa, que nunca saldó las deudas con Telefónica. A partir de entonces la empresa fue dejándose caer, terminando en una ruina total: diferentes regulaciones de empleo, administraciones pésimas, etc Antes de la venta, la empresa Sintelhabía trabajado en España y en el extranjero, con un gran reconocimiento, como una gran empresa de profesionales técnicamente muy bien preparados, como demostró su presencia en Argentina, Libia o México, y aquí, sin ir más lejos, en los mundiales de fútbol de 1982 o en la Olimpiada de Barcelona 92. Cuando los trabajadores se enteraron por la prensa de que Sintel había sido vendida, el trato ya estaba hecho. Ahora la empresa está arruinada, en suspensión de pagos. Los trabajadores no cobran desde mediados de junio del pasado año, y llevan a sus espaldas más de 200 días de huelga. Sin embargo, no pueden buscar trabajo en estos momentos, porque perderían los derechos acumulados hasta ahora. ECONOMÍA SIN ROSTRO
Se mezclan intereses que recaen injustamente sobre honrados profesionales que llevan más de 15 años haciendo bien su trabajo. Es uno de tantos signos de un mercado laboral en que la persona no cuenta: una economía sin rostro. Como explicaba Melitón, Telefónica nos creó, nos fundó ella, éramos cien por cien grupo Telefónica. Sea Sintel o sea otra empresa de redes o instalaciones, alguien tiene que hacer nuestro trabajo, que es el de las telecomunicaciones. En este sector hay una gran demanda de empleo, cada vez hay más operadores; lo que quieren es que aceptemos cobrar 80.000 pesetas al mes, sin seguridad, y sin nada. Hay empresas que se están frotando las manos, para que nos echen a la calle, para luego darnos trabajo a bajo precio. Así es el mercado laboral actualmente. Los empleados, aconsejados por los sindicatos, trabajaron aun sin cobrar hasta que, a finales de enero, la situación se hizo insostenible: Cada día nos iban recortando trabajo, los recursos para poder trabajar, como la gasolina para la furgoneta, escaseaban cada vez más, y llegó un momento en que no pudimos salir a trabajar. Fue entonces cuando decidimos acampar en la Castellana. Así describe el proceso Ana Prados, una trabajadora de Sintel desde hace 12 años, y una de las 150 trabajadoras o mujeres de compañeros que han decidido encerrarse en la catedral de la Almudena de Madrid, para reforzar desde allí la protesta. Ya en octubre del pasado año, los trabajadores se encerraron en este mismo templo pidiendo la ayuda y mediación del cardenal Rouco Varela. El arzobispo de Madrid no sólo escuchó la difícil situación que ya por entonces vivían, sino que logró mediar en el conflicto y consiguió un compromiso por parte del Gobierno y Telefónica para acabar con tantas injusticias. Pero este compromiso nunca se llevó a cabo. |
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Según Rafael Serrano, Secretario General de Apostolado Seglar de la archidiócesis de Madrid, este conflicto, valorado desde un punto de vista cristiano, no sólo se puede mirar desde la rentabilidad, sino también desde la ética, porque hay padres de familia que llevan mucho tiempo sin cobrar y han sido abandonados en la cuneta por el mercado laboral.
Cuando las personas acuden a la Iglesia añade Rafael Serrano, buscando ayuda o consuelo, la tarea de ésta es la de acoger, escuchar y comprender bien como madre. Todo esto es lo que está dentro de sus posibilidades, y sólo si se le pide interceder o hacer de intermediaria, debe actuar en todo lo que pueda. Han acudido a la catedral de la Almudena como última instancia y buscando en la casa de Dios la autoridad ética, ya que los demás no parecían oírles hasta ahora. En la Almudena la actividad es constante. Las mujeres deseaban poder hablar en persona con el cardenal Rouco, que meses atrás les había escuchado para que pudiera compartir con ellas estos difíciles momentos. El pasado martes 27 de febrero una delegación compuesta por dos trabajadoras y dos esposas de empleados de Sintel fueron recibidas por el cardenal arzobispo de Madrid. La entrevista con el cardenal fue muy cordial y se portó estupendamente con nosotras. El objetivo que teníamos era que hiciera de mediador, como lo hizo con nuestros compañeros en octubre. Se acercó a nosotras con toda su humanidad, preocupándose por cómo estábamos y se comprometió a hacer todas las gestiones que estuvieran en su mano, comenta, esperanzada, Ana Prados, que acudió al encuentro. AGRADECIMIENTO AL CARDENAL
El sufrimiento de las familias de los trabajadores es difícilmente explicable. Sólo ver cómo soportan estoicamente el frío, la intemperie y las incomodidades de vivir literalmente en la calle durante más de un mes puede hacer entender la necesidad tan grande de ser escuchados que tienen estas personas. José María Pastrana, en medio de una de las manifestaciones diarias que recorren la Castellana, comenta: Llevamos ya dos años de sufrimiento, porque veíamos cómo nos iban aflojando el trabajo. Sabemos que no quieren contratos fijos y no podíamos negarnos a trabajar, porque nos despedirían. Llevaba 16 años trabajando en esta empresa. Antes era fenomenal, iba viento en popa, pero nos enteramos de la venta de la noche a la mañana. Estamos desesperados. Tengo un hijo. He venido desde Vigo para acampar como todos. No queda nadie trabajando porque ya casi no hay empresa. La indignación puede más que la tranquilidad en el carácter de José Castrillejo, de León: Les diría al Presidente de Sintel, de Telefónica, al Gobierno, que sean personas. Que se reúnan y que hablen de nuestro problema. Llevo 29 años trabajando en Sintel. Y después de toda una vida, me han dejado en la calle, a mí, a mis hijos, a nuestros padres. Ana Prados, que trabajó como interventora de obra en Sintel, describe la situación que puede contemplar a su alrededor, acampada en la Almudena: Yo, al menos, tengo 35 años, y podría encontrar algo de trabajo, pero algunos de mis compañeros se han dejado la vida aquí, e incluso con accidentes laborales. El marido de una compañera ha perdido hace años un ojo trabajando, y se preguntaba dónde le iban a recolocar a su edad y con esta minusvalía. Para mí añade Ana Prados es también muy doloroso permanecer aquí. Tengo una hija de 8 meses y un hijo de 5 años, y, aunque soy de Madrid, tengo que depender de mis familiares para que se ocupen de mis hijos. Los testimonios son impactantes: una hija que ha roto la hucha con sus ahorros para que su padre pueda sobrevivir en la acampada; otro chico que ha vendido su consola, etc Las muestras de apoyo y solidaridad de asociaciones, ciudadanos y partidos políticos no se han hecho esperar. Pese al frío de estos últimos días, al calor de la calefacción en la catedral de la Almudena, las mujeres agradecen al cardenal y al Deán la acogida que les brindan. Una cuenta abierta en Cajamadrid, llamada de resistencia, les permite comer y cubrir un poco la infraestructura. Pero es inevitable resaltar que ningún empleado acampado piensa en rendirse, ya que muchos lo han perdido casi todo, y sólo les queda la esperanza para seguir adelante. Acercarse a un empleado o familiar de empleado de Sintel es escuchar un drama que, por conocido, no puede dejar de escucharse. Depresiones, suicidios, fracasos escolares, personas en tratamiento psiquátrico son hechos que no nos pueden dejar impasibles. El Gobierno no puede permanecer impasible, y seguir mirando para otro lado, porque hay 1.500 trabajadores acampados hace más de un mes en la Castellana, y nuestras compañeras, esposas e hijas durmiendo en la catedral. El compromiso del cardenal Rouco Varela de mediar, entendemos, que es un compromiso importante; pero, al final, la Iglesia evidentemente no es la que nos tiene que pagar las nóminas, comenta Valeriano Aragonés, Presidente del Comité de Empresa de Sintel Madrid, de CCOO. La semana pasada continúa se conoció que el cien por cien de las acciones de Sintel ya no están en Miami, sino que han vuelto a capital español. Una vez que se confirme este supuesto podría ser un buen punto de partida para que la solución sea más sencilla. Telefónica ya no va a tener argumentos para no pagar los más de seis mil millones de pesetas que nos deben, cuando acaba de salir en la prensa que han alcanzado beneficios récords de 416 mil millones de pesetas. Ahora ya no tiene justificación. Para Rafael Serrano, Secretario General de Apostolado Seglar de la Iglesia en Madrid, la solución debería ser dar una salida política a la situación, en la que medie el Gobierno y garantice una serie de derechos, que restañen tanto sufrimiento. El pasado Miércoles de Ceniza, los maridos y compañeros de las mujeres que quisieron, se acercaron hasta la catedral para asistir a la Eucaristía con el rito de la imposición de la ceniza. Más de uno, en medio de tanto dolor, habrá levantado la vista a la Virgen de la Almudena pidiéndole a la Patrona que le eche un cable, se despedía un esperanzado Valeriano Aragonés. |