RetrocesoA&ONº 250/8-III-2001SumarioMundoContinuar
Carta del Papa en el segundo centenario del convertido inglés del siglo XIX
El cariñoso resplandor de Newman
Juan Pablo II ha querido conmemorar el segundo centenario del nacimiento de John Henry Newman,
anglicano convertido y una de las figuras más sobresalientes del catolicismo inglés del siglo XIX,
escribiendo una carta que supone al mismo tiempo un fuerte impulso hacia su beatificación
Jesús Colina. Roma

En su misiva, enviada a monseñor Vincent Nichols, arzobispo de Birmingham, la ciudad en la que Newman falleció, el Santo Padre propone, a inicios del tercer milenio, como modelo sugerente la figura de este gran intelectual, que llegó a ser creado cardenal por León XIII en reconocimiento a sus méritos. Según el Papa, la vida de Newman es una estupenda síntesis entre fe y razón, un tema al que Karol Wojtyla ha dedicado su vida desde sus años jóvenes en Cracovia y al que ha dedicado su última encíclica, cuyo título es precisamente Fides et ratio.

Al meditar en el plan misterioso de Dios que se desarrolló en su vida —dice el Papa en la carta sobre este pastor anglicano que abrazó la Iglesia católica en 1845, después de haber sido durante catorce años un punto de referencia intelectual en la Universidad de Oxford—, Newman sintió un sentimiento profundo y constante, según el cual, "Dios me ha creado para rendirle un servicio definitivo. Me ha encomendado una tarea que no ha encomendado a otro. Yo tengo mi misión" ("Meditations and Devotions"). Un pensamiento que parece todavía más verdadero si consideramos su larga vida y la influencia que ha tenido después de la muerte.

Nació en un momento particular —el 21 de febrero de 1801—; en un lugar particular —Londres—; y en una familia particular —el primogénito de John Newman y de Jemima Fourdrinier—. Pero la misión particular que Dios le encomendó hace que John Henry Newman pertenezca a todo tiempo, lugar y pueblo.

Newman nació en momentos tormentosos no sólo de agitación política y militar, sino también de turbulencias de espíritu. Las antiguas certidumbres se tambaleaban y los creyentes se enfrentaban con la amenaza del racionalismo, de una parte, y del fideísmo, de otra. El racionalismo rechazaba la autoridad y la trascendencia, mientras el fideísmo resolvía los desafíos de la Historia y las tareas de este mundo con una dependencia mal entendida de la autoridad y del gobierno.

En un mundo así —añade el sucesor de Pedro—, Newman estableció una síntesis memorable entre fe y razón, que eran para él "como las dos alas con las que el espíritu se eleva hacia la contemplación de la verdad" (Fides et ratio, Introducción; cf. ibídem, 74). Su apasionada contemplación de la verdad le llevó también a una aceptación liberadora de la autoridad, que tiene sus raíces en Cristo, y a un sentido de lo sobrenatural que abre la mente y el corazón humanos a todo ese horizonte de posibilidades revelado por Cristo. "Condúceme cariñoso resplandor en medio de la penumbra que me rodea, guíame", escribió Newman en "The Pillar of the Cloud". Para él Cristo se convirtió en la luz, en medio de todas las oscuridades. Escogió como inscripción para su tumba: "Ex umbris et imaginibus in veritatem"; y comprendió claramente al final de su vida que Cristo era la verdad que había encontrado.

Pero, en esta búsqueda, Newman fue tocado por el dolor. Tras alcanzar ese inquebrantable sentido de la misión que Dios le había confiado, declaró: "Por consiguiente, confiaré en Él... Si caigo enfermo, que mi enfermedad sea para su servicio, si estoy confuso, que mi confusión sea para servirle... Él no hace nada en vano... Él puede llevarse a mis amigos. Él puede arrojarme entre extraños. Él puede hacer que me sienta desconsolado, que mi espíritu zozobre, esconderme el futuro. Pero él comprende por qué lo hace" ("Meditations and Devotions"). Experimentó todas estas luchas en su vida, pero en vez de rebajarle o destruirle, paradójicamente reforzaron su fe en Dios que le llamaba, y le confirmaba en la convicción de que "Dios no hace nada en vano".

Al final, lo que resplandece en Newman es el misterio de la Cruz del Señor: éste fue el corazón de su misión, la verdad absoluta que él contempló, el "cariñoso resplandor" que le guió en su vida.

El proceso de beatificación del cardenal Newman se encuentra en fase avanzada. El 22 de enero de 1991, Juan Pablo II reconoció sus virtudes heroicas. Esta carta es vista por algunos de los expertos como un nuevo empujón del Santo Padre para atraer la atención de los católicos por una figura que en algunos aspectos es indudablemente profética.