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El período cuaresmal nos invita a revivir con Jesús los cuarenta días que transcurrió en el desierto rezando y ayunando antes de comenzar su misión pública, que culminará en el Calvario, con el sacrificio de la cruz, victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte. Debemos cambiar el modo de pensar y de actuar, fijando la mirada en el rostro de Cristo crucificado y haciendo de su Evangelio la regla cotidiana de vida: Convertíos y creed en el Evangelio. Los medios para vivir bien la Cuaresma son la oración, el ayuno y la penitencia, además de la limosna, es decir, el compartir lo que poseemos con los más necesitados. Fruto de un itinerario ascético valiente será la mayor apertura a las necesidades del prójimo. Quien ama al Señor no puede cerrar los ojos ante personas y pueblos sometidos a la prueba del sufrimiento y la miseria. En Afganistán se perfila una grave emergencia humanitaria. Nos llegan noticias alarmantes de víctimas innumerables entre los prófugos a causa de la sequía y de la guerra civil. Mientras invito a la comunidad internacional a no olvidar esta situación trágica, espero que las partes en lucha, en una guerra demasiado larga y sangrienta, lleguen a un inmediato cese del fuego, para que los socorros puedan llegar a tiempo a las zonas de mayor peligro. (28-II-2001) |