RetrocesoA&ONº 251/15-III-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
El mundo siempre se derrumba
sobre los pobres
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

El movimiento descendente de la caída del hombre, original y originaria, continúa en nuestro tiempo de optimistas ascensiones. Cuando hablamos de progreso, miramos hacia arriba y pensamos en los índices que suben, en el hombre que trasciende a la realidad virtual de su propia estratosfera. Pero la realidad siempre es más rica que nuestra propia obstinación. Se cae el Muro de Berlín, se acaban las ideologías, y cuando el mundo, todo el mundo, algún mundo de ideas o de materiales nobles, se derrumba, siempre lo hace encima de los pobres. En el diario La Vanguardia, el pasado viernes, Ferran Sáez Mateu y Lluís Reales escribían, en un amplio reportaje sobre el Concierto de ideas para el siglo XXI, que, más de un decenio después de la caída del Muro, encaramos el siglo XXI con la mochila cargada de preguntas, acaso porque no estamos en un cambio de era, sino en la era del cambio (...) Si escondemos la cabeza bajo el ala nos exponemos a peligros ciertos, y si sólo vemos los peligros es muy posible que acaben realizándose. Tanto el catastrofismo como el optimismo ingenuo son malos compañeros de viaje. El mejor camino es la observación y el análisis del presente para comprender y construir el futuro.

Sucedió en Madrid, ciudad del optimismo y del pesimismo, cosmopolita de ideas y de circunstancias. Un mendigo muerto, Juan Hidalgo, en el derrumbamiento del edificio de Argüelles. Su historia se escribe con la tinta de la enfermedad y del aislamiento social. Nos la cuenta Luis Fernando Durán, en el diario El Mundo, el pasado viernes 9 de marzo: Trabajó como vendedor de electrodomésticos, contrajo matrimonio y encontró estabilidad en sus delirios. , comentó su cuñado. Hace cuatro años, Juan salió un día de casa y no volvió. Dos meses después la familia denunció su desaparición.

Sucedió en Madrid cinco días después. Otro edificio en restauración, ahora en la céntrica calle del Factor. Otro edificio, otro derrumbamiento. Dos obreros muertos, Mario Pérez Ponce y Abdelkader Kabet, de nacionalidad marroquí. Como afirma certeramente el editorial del diario ABC, del pasado martes, el beneficio económico de la infracción nunca compensa el daño humano y social que puede llegar a ocasionar.

El arquitecto Enrique Domínguez Uceta, escribía en la edición de Madrid del diario El Mundo: Más allá de los problemas técnicos de la construcción, la seguridad es uno de los aspectos fundamentales que debe regir el trabajo de los profesionales. Las condiciones de trabajo deben minimizar los riesgos. Las normas de seguridad son muy estrictas, pero todos los profesionales saben que los niveles de cumplimiento son muy bajos. Las vidas humanas no se pagan con las indemnizaciones, sólo intentan compensar las consecuencias para las familias (...) Mientras sea más barato pagar un seguro o una multa que hacer cumplir la normativa de seguridad en el trabajo, no decrecerá el número de accidentes.

Cuando ocurría este segundo suceso, se hacía público un texto pastoral del cardenal Rouco Varela que lleva por título Acogida generosa e integración digna del inmigrante y su familia. En el último apartado de este escrito desde el corazón, el arzobispo de Madrid afirma: No quiero terminar estas reflexiones sin dirigirme también a los inmigrantes. Sabemos las dificultades a las que os enfrentáis, la inseguridad e inquietud que experimentáis cuando os falta la reglamentaria documentación para vivir y trabajar en España, el sufrimiento de no poder ganar el sustento con vuestro trabajo y no poder ejercer el derecho a vivir en familia. Reconocemos que, sin embargo, estáis colaborando con vuestro trabajo al progreso de España. No podéis resignaros al papel de simple pieza en el sistema económico que con frecuencia se os asigna.