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| Amaina la polémica sobre el intento de enredar a los obispos en la firma del Pacto antiterrorista contra ETA, pero no todos conocen las poderosas razones de su rechazo y su defensa de la libertad de todos los fieles. Porque comencemos por recordar que la doctrina del Evangelio no es una tercera vía en el plano económico, político o incluso religioso; su esencia es la Buena Nueva de Cristo, que nos habla de vida sobrenatural y de eternidad, de gracia de Dios y de libertad humana. Nace con la Encarnación del mismo Dios para salvar a todos los hombres sin distinción de pueblos, razas o lenguas. Por eso, cuando se ignora esta perspectiva sobrenatural, la Iglesia resulta desconcertante a quienes quieren imponer incluso con buena voluntad una postura uniforme en las concretas circunstancias sociopolíticas de esta España que soporta la execrable lacra del terrorismo.
Es bien conocido que la jerarquía católica, y los católicos coherentes, han rechazado, rechazan y rechazarán siempre el terrorismo, así como cualquier atentado contra la vida humana y su dignidad, desde el crimen del aborto hasta el sibilino homicidio por eutanasia. ¿Cómo se puede decir entonces que la Iglesia lleva veinte siglos haciendo política porque defiende la vida, la libertad y la dignidad de los hombres? Puede admitirse incluso que, en este caso nuestros obispos no hayan acertado o se hayan explicado tarde y mal, pero también puede ser que algunos yerren gravemente al querer imponer un pensamiento único. Lo que no parece de recibo es insultarles e insultarnos, autoexcluirse por eso de la Iglesia católica, o abanderar una campaña contra la asignación tributaria a favor de la Iglesia y su labor social. La condena del terrorismo etarra y de sus apoyos por parte de la jerarquía es habitual, por desgracia, ya que no cesan de aterrorizar y de asesinar. No cuesta tanto repasar los documentos para iluminar la conciencia de los creyentes, sobre todo antes de escribir o de tertuliar. También los obispos vascos y el de Navarra vivieron un significativo encuentro de oración rodeados de miles de personas, han condenado y se han unido a esas condenas. Además, hoy en los templos se hace una larga oración para que cese el terrorismo de ETA. Y hace muchos años que tantos católicos, incluidos los obispos, realizan acciones eficaces y poco conocidas a favor de las víctimas y de la paz, y contra la barbarie etarra, la vergüenza de Europa, como ha dicho Juan Pablo II. No se puede enredar a los obispos exigiendo su adhesión a un instrumento determinado y con implicaciones, muy conveniente en el plano sociopolítico pero imposible desde la postura oficial de la jerarquía. Además de las razones expuestas, queda la de no caer en el pensamiento único, incluso sobre un modo de luchar contra el terrorismo; hay otras maneras de hacerlo. La serenidad y cordura del tiempo dirá quiénes tienen razón: están en juego valores mucho más profundos de lo que piensan los sembradores de confusión. Jesús Ortiz López |