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Jose Francisco Serrano
¿Cuál es la naturaleza, misión y acciones fundamentales de las Obras Misionales Pontificias (OMP)? Los estatutos indican que, surgidas de las Iglesias de antigua cristiandad con el objetivo de apoyar la actividad de los misioneros en las regiones no cristianas, las Obras Misionales Pontificias se han convertido en una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular. Toda la Iglesia está llamada a responder al mandato del Señor: Haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo (Mt 28,19). Por tanto, a todos los miembros de la Iglesia nos incumbe el deber de la evangelización, es decir, la propagación de la fe. El Concilio Vaticano II estableció que las OMP debían ocupar el puesto central en la cooperación misional, tanto para infundir en los miembros de la Iglesia, desde la infancia, el sentido universal y misionero, como el de recoger adecuadamente los subsidios y ayudas económicas a favor de todas las Misiones y según las necesidades de cada una. Las OMP tienen la finalidad de suscitar y profundizar en la conciencia misionera de todo el pueblo de Dios, informando sobre lo que hacen los misioneros, uniéndonos en la oración para que todos nos sintamos en comunión con ellos, y ayudándoles con el envío de personal y de medios materiales. Sus acciones fundamentales se dividen en cuatro: - La propagación de la fe para que todo ser humano encuentre el Evangelio de Jesucristo. - La formación del clero en las diócesis de regiones pobres. - Ayudar y alentar para que los niños (Infancia Misionera) se unan a otros niños de las regiones y diócesis más pobres. - Y la Unión Misional con todos los que trabajan por la misión. ¿Cuál ha sido y es la contribución de las OMP a la conciencia misionera de los católicos españoles? Las OMP han ayudado siempre a entender el sentido misionero que desea la Iglesia. Todos, desde muy pequeños, hemos entrado en este ambiente de ayuda y cooperación con los que están anunciando a Jesucristo. Creo que hay muy pocas familias españolas que no tengan algún familiar o amigo misionero. Es impresionante constatar la sensibilización que hay en este sentido. Yo recuerdo de pequeño, cuando leía revistas o me hablaban de las misiones, que en mi interior se movía algo especial. Tal vez la experiencia de los misioneros provocó en mí el deseo de donarme a la causa más hermosa que hay en esta tierra: la entrega sin reservas a Jesucristo para llevar su salvación a todos. |
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¿Ha sentido, alguna vez, la llamada a ser misionero?
Nací en un pueblo de Castilla, en la provincia de Burgos, que se llama Frandovínez. Desde muy pequeño y en un ambiente familiar pobre, pero muy religioso, sentí el deseo de entregarme a los demás. A los once años entré en el Seminario Menor de Burgos, y recuerdo un día que fuimos a escuchar al padre Sagarmínaga, entonces Director de las OMP. Me impresionó su arranque simpático y su espíritu apostólico y misionero. Lo mismo cuando narraron sus experiencias los misioneros. Pasando el tiempo, y después de haber sido ordenado sacerdote, inicié mi preparación, que no llegó a consumarse, para trabajar como misionero en Filipinas, más tarde en Burundi y finalmente en el Zaire. No se pudo cumplir a causa de una larga enfermedad. Me tuve que quedar en la diócesis de Burgos. Entonces comprendí que la misión fundamental es la de hacer en todo momento la voluntad de Dios. Lo que nunca había pensado es que el Señor me llamara a ser obispo como sucesor de los apóstoles de su Iglesia. De ahí deduje que ser misionero es ser fiel a la llamada de Dios donde Él quiera y como Él quiera. Con este espíritu misionero vivo ahora el nuevo servicio que la Iglesia me encomienda. ¿Es hoy el pueblo español misionero? En la médula de todo español, o en los cromosomas de los españoles, hay una experiencia de aventura y de riesgo a favor de los demás. Por otra parte, se habla mucho de los misioneros. El misionero es considerado y apreciado. Es la mejor imagen que hoy tenemos de la Iglesia española. Cuando vemos, en los medios de comunicación, a los misioneros asesinados o secuestrados, la noticia entra en todas las casas como si fueran de nuestra propia familia. Los españoles valoran y admiran a los misioneros. Sin embargo, uno de los principales retos y objetivos que me propongo, para este quinquenio, es impulsar la formación misionera y animación misionera del pueblo de Dios en general; particularmente, de los fieles que están en proceso de formación cristiana, de los aspirantes al sacerdocio, de los sacerdotes y de los consagrados. ¿Cómo se gestionan y por quién los recursos económicos de las OMP? ¿Responden a la verdad ciertas denuncias sobre la incorrecta administración de fondos destinados a misiones? Cada sector en las OMP tiene su propia forma de recoger las ayudas de los fieles, y perfectamente señalado el destino de las mismas. Por ejemplo, las cuotas y ofrendas de los niños de los diversos continentes constituyen un fondo de solidaridad que tiene como fin ayudar a las obras e instituciones en favor de los niños más pobres. Los fondos que se recogen se gestionan desde la Dirección Diocesana y ésta los envía a la Dirección Nacional; y ésta, a su vez, a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos que está en Roma; desde allí se distribuyen a las diócesis pobres o a las instituciones específicas. Respecto a la segunda pregunta, sólo le puedo decir que aún no he entrado a fondo en la cuestión de administración económica. Pero también le digo que, si hubiera alguna situación anómala, se aclararía con los medios administrativos y legales pertinentes. ¿De quién dependen jerárquicamente y cómo se realiza el nombramiento de su Director Nacional? En su reciente nombramiento, ¿se han conculcado algunos de los derechos del anterior Director que invaliden el suyo? Los estatutos de las OMP afirman que el Director será nombrado a propuesta de la Conferencia Episcopal, por un período de cinco años. En el caso actual, la Permanente de la Conferencia Episcopal Española, en el mes de septiembre del año pasado, propuso a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos una terna. El Prefecto de la misma, cardenal Tomko, me envió el Decreto de nombramiento el día 12 de febrero. Todo se ha hecho con delicadeza y con la más absoluta fidelidad estatutaria y canónica. En el momento que un Director cumple los cinco años para los que fue nombrado, compete al Prefecto de la Congregación renovarlo o nombrar uno nuevo. En nuestro caso, el Prefecto de la Congregación, asesorado por sus consejeros, ha creído oportuno nombrar uno nuevo, y esto no lesiona ninguna ley y no va en contra del Derecho. La Nunciatura, que debe custodiar, favorecer y animar la fidelidad y unidad con el Santo Padre, ha cumplido plenamente su cometido y, como me consta, con una elegancia impresionante. Para mí ha sido un ejemplo que nunca olvidaré. Me siento orgulloso de pertenecer a la Iglesia. |
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¿Cuál es la relación práctica que existe entre la Conferencia Episcopal y las OMP respecto a la coordinación de la actividad misionera de la Iglesia en España?
La Conferencia Episcopal Española, al tener una Comisión para las Misiones y Cooperación con las otras Iglesias, debe ser la que asegure la unidad misional en todo el ámbito de la nación o región. Las OMP, si bien dependen directamente de la Congregación de Roma, esto no elimina el tener una relación estrecha con la Comisión episcopal. De hecho el Director se integra y se asocia a la Comisión episcopal del modo más eficaz posible. En la actualidad, yo formo parte de la Comisión episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, que entre otros cometidos desea promover en las diócesis las Obras Misionales Pontificias. ¿Por qué la Nunciatura y la Conferencia Episcopal han sacado una nota en relación con las declaraciones hechas por el anterior Director? Es muy importante que se clarifiquen las cosas, y creímos que era mejor usar una sola voz para dar respuesta a la confusión que existía. De ahí que observáramos que lo mejor y más sensato era hacer una nota conjuntamente. Las noticias vuelan de forma vertiginosa, y de la misma forma desaparecen. Pero también es cierto que pueden dejar rastros de malestar o de desconfianzas. Se superan estas anomalías poniendo cada uno todo lo mejor de sí mismo, y proyectándonos hacia el futuro. Lo de atrás no va a volver, por tanto, hemos de ponerlo en la bondadosa misericordia de Dios y seguir trabajando con ilusión, teniendo la certeza de que sólo en Dios, el único perfecto, se hace más llevadero el camino. Inicio una nueva tarea que me encomienda la Iglesia, y deseo hacerlo con la mayor ilusión. Trataré de ver lo positivo más que lo negativo. ¿Qué consejos daría a los misioneros en estos momentos que comienza una nueva andadura? Siempre pongo el ejemplo del tren que, llegando a una estación, emprende un nuevo camino hacia la otra. Ahora las OMP emprenden una nueva andadura, y quiero estar muy cercano a las necesidades de los misioneros. Ellos necesitan de nuestra cercanía y solidaridad. Sus dificultades son mucho más grandes que las nuestras y, tal vez por ello, evitan caer en otros problemas de menor alcance. Saben poner en su justo lugar lo esencial de la vida, relativizando el resto de los problemas. De ahí que les aconseje que nos sigan enseñando con su ejemplo y con el servicio generoso a los pobres. Bien nos viene a nosotros para liberarnos del materialismo y hedonismo que se ha convertido en un bienestar de acomodados. Ellos, como testigos de esperanza, nos mueven la conciencia para vivir más genuinamente la experiencia cristiana. También les ruego que sigan animándonos en la labor misionera, y ya saben que en las OMP tienen su casa. En fechas próximas se celebrará en Madrid un gran encuentro misionero de niños de España. ¿Cuál será el mensaje que usted ofrecerá a las nuevas generaciones respecto a la necesaria dimensión misionera de la fe? Del 27 al 29 de abril se va a celebrar una gran concentración de niños con un amplio programa de actividades. Todo se hará en Madrid, y de modo especial en la Plaza Mayor y en el Campo de las Naciones. Se espera que asista, al menos, unos diez mil niños de toda España. El motivo de tal concentración fue el Jubileo del año 2000, pero al no poderse celebrar el año pasado, se trasladó a este año. Los niños son sonrisa para el mundo. Ése va a ser el lema fundamental, y creo que es muy acertado. A ellos, que van a construir la sociedad del futuro, debemos educar y ayudar para que sean buenos ciudadanos y buenos cristianos. Que piensen también en los demás niños, y de modo especial en los más necesitados. Ellos son sensibles a los problemas que tienen otros amigos que viven en las naciones más pobres. Conviene educar en el amor cristiano, ya que desde la caridad se puede ser feliz y hacer felices a los demás. ¿Cómo piensa compatibilizar su labor pastoral de obispo de Osma-Soria y Director de las OMP? Ante todo, debo pedir a Dios que me dé fuerzas para saber cumplir con esta nueva labor pastoral que me encomienda la Iglesia. Creo que, aunando las fuerzas y ayudas de los colaboradores y de los distintos agentes de la pastoral, no va a ser difícil. En la diócesis hay muy buenos colaboradores, comenzando por los Vicarios, por los sacerdotes y por muchos consagrados y laicos. En las OMP hay un buen equipo de personas; además he nombrado un Subdirector, que es don Anastasio Gil García, sacerdote diocesano de Madrid, conocedor de las misiones y muy trabajador. Él también compatibilizará esta Subdirección con la que actualmente desempeña como Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias. Ruego a todos, y así se lo he expresado a los obispos y a los directores de las OMP diocesanos, que me ayuden para seguir alentando esta labor tan importante que es la concienciación sobre la misión de la Iglesia en el mundo. |