RetrocesoA&ONº 251/15-III-2001SumarioLa vidaContinuar
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De san Ireneo de Lyon y de san Agustín, a Santa Teresa de Jesús, y san Juan de la Cruz, hay un largo y altísimo trecho de árduo itinerario espiritual. Elémire Zolla, el turinés profesor de la Universidad de La Sapieza, de Roma, es un autor reconocido en el ámbito de la mística; con una cierta tendencia a esoterismos y un irrefrenable gusto por mezclar a Platón, Plotino y Cicerón, con Fray Luis de León, y a Miguel Servet con san Juan de Ávila, pero desde una básica seriedad intelectual. La editorial Paidós acaba de editar en castellano sus cuatro volúmenes dedicados a Los Místicos de Occidente: el primero abarca el mundo antiguo pagano y cristiano; el segundo, los místicos medievales; el tercero, los italianos, ingleses, alemanes y flamencos de la Edad Moderna; y el cuarto, los místicos franceses, españoles y portugueses, de la Edad Moderna. En una cuidada traducción del italiano, a cargo de José Pedro Tosaus, estas dos mil páginas, en total, constituyen una obra que tiene el interés peculiar de su concepción y de su amplitud. Ofrece una singular antología de textos, muchos de ellos poco conocidos o ignorados, y es como una especie de Suma mística del mundo occidental. De especial interés para el lector español es el volumen IV, ya que, como el propio autor reconoce al prologuista, Valentín Gómez Oliver, la mística española es una de las cosas más importantes que puede ofrecer Europa, y es lógico que el público que lee en español pueda sentirse como en casa al leer a estos autores.
El autor de estas páginas, José Luis Lizalde, y Gerardo González Calvo, que escribe la introducción, están de acuerdo en señalar, con acierto, que hay un hecho que se suele omitir en los libros de Historia: el espectacular florecimiento de la vida cristiana durante los primeros siglos en todo el norte de África. Es un silencio a veces malévolo, porque se instrumentaliza políticamente para difundir algo falso: que el cristianismo lo llevaron a África los occidentales.

Evidentemente no es verdad: cuando muchos de los antepasados de los colonizadores todavía adoraban a los dioses paganos, en el norte de África pervivía la fe en Cristo, con una profundidad sorprendente. El continente negro, tan inmisericordemente vapuleado por la violencia en nuestros días, fue parte de nuestra raíz cristiana, del monacato, de Padres de la Iglesia como Agustín de Hipona, de la Escuela Teológica de Alejandría, de mártires como Cipriano y Atanasio... También se incluyen en este libro todos los santos africanos de nuestro tiempo, desde los mártires de Uganda, hasta santa Bakhita, canonizada por Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000.