RetrocesoA&ONº 251/15-III-2001SumarioMundoContinuar
Declaraciones del cardenal Rouco a la COPE
Iglesia y comunidad política
Una pregunta pícara, don Antonio. Un cardenal como usted que, según dicen, manda tantísimo, ¿tenía noticia previa de lo que el Papa iba a hablar del terrorismo?

—Bueno, yo no mando nada. Es decir, procuramos en la Iglesia más bien servir que mandar, y sólo ejerzo la responsabilidad que me es propia como arzobispo de Madrid, que es la más importante que la Iglesia y el Señor me han confiado, y después, la de la presidencia de la Conferencia Episcopal. Dicho esto..., pues yo sí tenía idea de que iba a hablar sobre el terrorismo.

Así comenzó la conversación, este lunes pasado, entre el cardenal Rouco y Luis Herrero en el programa La mañana, de COPE, en el cual el cardenal arzobispo de Madrid reiteró lo que ya expuso en su conferencia en Barcelona el pasado19 de febrero.

El Santo Padre —continuó respondiendo el cardenal— ha denunciado el terrorismo con palabras certeras, hondas, y nos ha confirmado a todos en lo que es la doctrina de la Iglesia y las exigencias del Evangelio en este campo y en su aplicación a España. No se puede olvidar que uno de los aspectos esenciales de la misión del Romano Pontífice, del sucesor de Pedro en la Iglesia, con respecto a los obispos, él que es la cabeza del Colegio episcopal, es el de confirmarlos en la fe y en el testimonio que ellos tienen que dar del Evangelio.

En este sentido, frente a la acusación que, desde determinados sectores de la opinión pública, suele hacerse: Pero, ¿cómo no sale la Conferencia Episcopal a enmendar la plana al obispo...?, el cardenal Rouco aclaró que la relación entre los obispos y la Conferencia es la de participación de todos ellos en un plano de completa y total igualdad, en un organismo de deliberación y de coordinación de la acción de todos ellos en la Iglesia de un determinado país, en el que se ha instituido o erigido la Conferencia. Y el Presidente de la Conferencia es el que modera la acción y la actuación de ese organismo con sus Asambleas, sus reuniones, etc. Por lo tanto, no hay dependencia jerárquica de los obispos individuales con respecto a la Conferencia.

Señaló que lo dicho el domingo por el Papa, condenando el terrorismo, es lo que los obispos hemos afirmado también, con mayor o menor acierto, a lo largo y a lo ancho de toda la historia de la Iglesia en España y, en concreto, desde el principio del terrorismo. Pero —explicó—, al ser una desgracia que dura ya décadas, la memoria se pierde pronto, sobre todo cuando se está en el día a día de la información. Para evitar esto, el cardenal anunció que los obispos españoles queremos recoger en un tomo de documentación todas las intervenciones, por lo menos de la Conferencia Episcopal Española, desde el año 70, o desde antes probablemente, sobre el terrorismo; y si tuviéramos que extender ese trabajo a una colección de las intervenciones de los obispos españoles, probablemente nos faltarían páginas en ese libro, y tendríamos que recurrir a algún tomo más. En cualquier caso —añadió—, no se trata aquí de hacer apologías o exámenes de conciencia desde fuera hacia dentro con respecto a la actuación de los obispos españoles. De lo que se trata es de que todos juntos, con el Santo Padre y con toda la Iglesia, caminemos primero en la denuncia clara, desde la Ley de Dios, desde la conciencia del Evangelio, de lo que significa, de lo terrible que es el terrorismo, y nos empeñemos en la práctica que implica el día a día en muchos ámbitos de la vida de la Iglesia, en muchos ámbitos de la sociedad, para que se ponga fin a la violencia terrorista, tal como pedimos también intensamente en todas las iglesias de España y, muy especialmente, en la diócesis de Madrid.

A la pregunta sobre las intervenciones de algún obispo en materia política, el cardenal recordó la distinción que existe entre comunidad eclesial e Iglesia y comunidad política, señalando que, si nosotros pedimos que desde la comunidad política no se interfiera en la vida de la Iglesia, con tanta razón, por lo menos, también hay que pedir que, desde la Iglesia, no se interfiera indebidamente en los asuntos de la comunidad política. Son dos planos —explicó—, que evidentemente se encuentran en el mismo hombre, en el mismo servicio al hombre, también en el servicio a la sociedad, en el servicio al pueblo, pero cada uno tiene su ámbito de actuación bien claro, o al menos en lo sustancial. La Iglesia puede actuar en los asuntos políticos por vía de predicación, con medios evangélicos y siempre que se ponga en peligro y se violen los derechos fundamentales de la persona humana, se atente contra el bien espiritual de las almas y… nada más. Y sólo lo puede hacer con medios apropiados y conformes al Evangelio.