RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
Revoluciones con marca publicitaria
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

Son el subcontratante Bove y el subcomandante Marcos revolucionarios con nombre de eslógan publicitario, adalides de la utopía y del desencanto, con perdón de don Claudio Magris, epígonos de un lugar feliz y de un lugar imposible. Son el antiglobalizador globalizado Bove y el revolucionador revolucionado Marcos líderes de un tiempo que ya no tiene tiempo. El domingo 11 de marzo, el subcomandante Marcos consiguió reunir —vamos a dejarlo así— a cien mil personas en el Zócalo de la Ciudad de Méjico, para escuchar a la comandanta Esther, al comandante Tacho y al comandante Germán. Entiendo que para ser líder en estos días hay que llamarse Marcos, Esther y Tacho. Pocos seguirían a Rafael Sebastián Guillén, nombre de pila de un cabecilla que encabeza la pataleta residual de muchas de las izquierdas mundiales. En el diario La Vanguardia, el pasado domingo, Carlos Nadal nos ofrecía una suculenta reflexión que llevaba por título La revolución del enmascarado. Leemos: Y este embozado consiguió reunir a cien mil personas en el centro mismo de México capital, la plaza del Zócalo. No había allí ni la seducción personal de Fidel ni su apisonadora verbal. Era más bien como una fe, como una necesidad de fe y de esperanza, encarnadas en aquel hombre cubierto por un pasamontañas que hablaba sin vociferar de que "nunca más México sin nosotros", y de que "es la hora de que nos escuchen". Un "pedimos la palabra" que no era el llameante "¡Tierra y libertad!" de Emiliano Zapata en 1914, ni el "¡Paz y tierra!" de Lenin en 1917. Del segundo se pudo decir que era la voz de los "diez días que cambiaron el mundo". Del primero, que conllevó una gran decepción. La primera gran decepción revolucionaria del siglo XX.

El mismo día que apareció este comentario, y en el mismo diario, Joaquim Ibarz entrevistaba a Enrique Krauze, historiador y estudiosos del movimeinto zapatista. Para este ingeniero industrial y doctor en Historia, brazo derecho de Octavio Paz en algunas relevantes empresas culturales, el subcomandante Marcos no es un guerrillero retrógado como muchos de los setenta y ochenta. Es un hombre que introdujo una gran originalidad en su lucha. Una lucha que, en términos sociales y culturales, tiene una gran justificación. Aunque México se distingue del resto de América porque aquí hubo un mestizaje muy exitoso, del que España debería sentirse más orgullosa y ser bastante menos ignorante de su obra, quedaron enclaves con la población indígena muy oprimida. Chiapas es el principal. Marcos puso el problema indígena en la tabla de prioridades de México (...); también empujó la caída del sistema político del PRI. Gracias a que cambió las armas por Internet y la comunicación. Marcos encarna la globalización al servicio de la globalifobia. Tiene muchos méritos, pero no es un demócrata. Se acerca más a la figura de un líder mesiánico que juega peligrosamente con el fundamentalismo indigenista. Cuando el fundamentalismo se liga a la tierra, a la sangre y a la historia, sabemos bien a qué conduce, como vemos en Bosnia y Oriente Medio.

El corresponsal del diario ABC en la capital mejicana, Enrique Serbeto, en su crónica del lunes 19 de marzo, nos recuerda que el Ejército Zapatista no representa a todos los índigenas, en una información con la toma del obispo de San Cristóbal de las Casas, moseñor Felipe Arizmendi. "Dios conceda sabiduría y prudencia a los legisladores, para que sepan discernir los cambios que se requieren a favor de los más pobres", afirmó el obispo en su mensaje, en el que al mismo tiempo aconsejó a los diputados y senadores que "no se dejen impresionar por quienes luchan por combatir la miseria de los indígenas" (...) El obispo recuerda que en las pasadas elecciones presidenciales del 2 de julio, "algunas tendencias muy radicales no fueron aceptadas por la mayoría de los mexicanos", por lo que ahora esas ideologías "no se pueden imponer, aunque tengan elementos dignos de ser tomados en cuenta". También señala a los sectores económicos que deben "procurar que los pobres vivan como seres humanos e hijos de Dios, y no ser como el faraón de Egipto, a quien sólo le importaba tener esclavos a sus pies"

Post data: esta página está dedicada, con todo el afecto y la consideración, al jesuita padre Aurelio Güemes, de la comunidad de Santander, que el pasado domingo, en la cuaresmal homilía sobre la liberación, redención y salvación cristiana, nos deleitó con una defensa del subcomandante Marcos y del movimiento zapatista, a título de nuevo ejemplo bíblico, que no he encontrado igual en página periodística alguna. A la salida de misa, alguien de mi familia comentó: Prefiero oír los reportajes de la CNN+ antes que oír lo que ha dicho el cura en la homilía. Son más objetivos y están mejor informados. Lo que yo profeso es el Evangelio iluminador de toda revolución.