RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Carta pastoral del arzobispo de Pamplona y de los obispos vascos en la Cuaresma-Pascua 2001
Creer es compartir y comprometerse
Ofrecemos una síntesis del contenido de la Carta pastoral que el arzobispo de Pamplona, monseñor Fernando Sebastián,
y los obispos de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez, de San Sebastián, monseñor Juan José Uriarte, y de Vitoria,
monseñor Miguel Asurmendi, han hecho llegar a sus respectivas comunidades diocesanas
Esta Carta pastoral se sitúa dentro de la amplia serie de escritos conjuntos que los obispos dirigen a sus diocesanos, con ocasión del tiempo de Cuaresma, como preparación de la celebración de la Pascua. En ellas desarrollan habitualmente algunos temas de interés en relación con la vida de los cristianos y de la Iglesia en el mundo actual. En varias ocasiones las Cartas pastorales han estado relacionadas, desde distintas perspectivas, con el tema de la fe. Así podemos recordar algunas de ellas: Creer hoy en el Dios de Jesucristo (1986), Creer en tiempos de increencia (1988), Al servicio de una fe más viva (1997). Esta nueva Carta se refiere a la fe desde la perspectiva de su comunicación o transmisión por parte de los creyentes en las circunstancias concretas de la realidad humana y social de nuestro tiempo.

Las dificultades para la transmisión de la fe cristiana en la actualidad se encuadran en una crisis social más amplia, que afecta hoy a la transmisión de valores y referencias de unos grupos humanos a otros y, más concretamente, de unas generaciones a otras. La Carta pastoral analiza algunos factores que inciden en este hecho social y describe los síntomas específicos de la crisis en relación con la comunicación de la fe.

Diversos cambios experimentados en las últimas décadas por la vida familiar, las instituciones educativas, el mundo de la juventud… se identifican, en la primera parte de la Carta pastoral, como causas generadoras y explicativas de algunas dificultades actuales en la transmisión de la fe.

El análisis de la situación concluye afirmando: Para cada uno de los creyentes y para nuestra Iglesia es el momento de preguntarnos de nuevo qué es aquello en lo que creemos. Es el momento de reconsiderar nuestro lugar en el mundo de hoy como testigos y mensajeros de la fe.

La segunda parte de la Carta pastoral está construida en torno a dos interrogantes: ¿Qué es creer? y ¿Qué es transmitir la fe? A cada uno de los cuales se ofrecen diversas respuestas que pretenden ayudar a comprender que la fe y su comunicación son realidades complejas, pero no por ello complicadas. La fe es, sobre todo, una actitud y una experiencia vital. Creer no es tanto saber acerca de Dios, como buscar y encontrar en relación con Él el sentido de la propia vida. Creer es confiar, incluso arriesgar, al descubrir y acoger el misterio de Dios cercano a nuestra existencia cotidiana. Creer es compartir y comprometerse, es amar y servir, en un modo nuevo de relacionarse con los demás.

Transmitir o comunicar la fe no consiste simplemente en ofrecer unas ideas o conocimientos acerca de Dios, es una tarea más compleja. Es acompañar la búsqueda del sentido de la propia vida, ayudando a plantearse las cuestiones o preguntas existencialmente importantes. Comunicar la fe es ofrecer un testimonio cercano de vida y narrar con sencillez la propia experiencia personal como creyente, en una actitud de profundo respeto a la libertad de los demás. Es dar a conocer el verdadero rostro de Dios, que los cristianos reconocemos en Jesucristo: … un Dios amigo de la vida; cercano a las necesidades más hondas del hombre; respetuoso de la libertad humana; un Dios Padre de todos los hombres y de todos los pueblos; un Dios de los pobres y abandonados; un Dios que quiere introducir en la Historia un reinado de justicia, fraternidad y paz…

LA FAMILIA, CLAVE


En la última parte de la Carta se apuntan algunas pistas concretas para impulsar la comunicación de la fe de forma corresponsable por parte de todos los creyentes, en las distintas situaciones personales y relaciones sociales de las que participan. Sobresale la importancia de la familia como ámbito fundamental en la comunicación de la fe. Se hace referencia al diálogo sobre la fe entre los esposos como elemento esencial al compartir la vida matrimonial. También se destaca la importancia del despertar religioso de los niños en el hogar y el seguimiento y apoyo de los padres al crecimiento en la fe de sus hijos.

También se subraya la responsabilidad de los creyentes de comunicar la fe en los ambientes a los que pertenecen en razón de su profesión o actividad, de sus compromisos sociales o políticos, de las actividades de ocio, de la participación en asociaciones…

Se presta especial atención al testimonio de vida por el que se manifiesta una fe situada y comprometida con las preocupaciones y problemas de los hombres y mujeres de hoy. Un verdadero cristiano ha de vivir hoy en medio de la sociedad del bienestar especialmente sensible y comprometido con los excluidos y con los pobres. Ante la violencia terrorista que quebranta la vida social de nuestro pueblo, ha de defender el derecho a la vida y a la libertad, ha de trabajar y orar incansablemente por la paz. En medio del legítimo pluralismo ha de ser tolerante y dialogante. No puede inhibirse en el compromiso de transformar la sociedad, sino buscar el bien común mediante la participación activa en la vida pública.

Finalmente, la Carta se refiere a diversas actividades o servicios pastorales de la Iglesia y apunta las claves que se deben atender especialmente para impulsar una mejor comunicación de la fe en las actuales circunstancias culturales, sociales y eclesiales. Hace referencia a la tarea de acoger y acompañar a los que buscan la fe; a los sacramentos de la iniciación cristiana, y a los distintos procesos de catequesis; a los grupos y acciones con los jóvenes; a la enseñanza religiosa; a las celebraciones de las comunidades cristianas.

Alfa y Omega