RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioContraportadaContinuar
Palabras que invitan a la amistad
Desde las palabras sencillas de El Principito, el libro para niños-adultos que a casi nadie deja indiferente,
y a muchos marca a fuego en el corazón pensamientos de ternura y de humanidad, dudas desde la inocencia
convertida en sabiduría, Kika Tomás y Garrido ha realizado un ejercicio de análisis y reflexión,
desde el amor al hombre, y el fruto ha sido el libro Cartas a "El Principito" (lazos de amistad). Se trata, como la misma
autora explica en su prólogo, de un sincero homenaje a Antoine de Saint-Exúpery,
en el primer centenario de su nacimiento. Al mismo tiempo, van dirigidas a todo el mundo —a cada persona—
como una invitación a la amistad.
Como una invitación a la amistad, a la reflexión, a la lectura y comprensión
pausada de la obra mundialmente conocida, aparece este libro de género epistolar. Conversaciones con El Principito,
y con el mundo, sobre el amor. Ofrecemos una de las cartas de este libro editado por Nausícaä Edición Electrónica
Querido Principito: Yo no sé porqué, la mayoría de la gente va corriendo de un lado a otro. Todo el mundo tiene prisa, mucha prisa. ¡A tope, a toda máquina!

A veces, la Tierra parece un planeta de seres imprescindibles. Sin embargo, cuando alguien cae enfermo o muere, la vida sigue su ritmo sin tener en cuenta que, en un determinado lugar, una persona… —¡millones de personas!— ha dejado de apresurarse.

Corremos tanto, que es fácil no ver, no escuchar, no dialogar, no acariciar, no sentir, no pensar... y, en consecuencia, no amar.

El amor necesita un ritmo, una cadencia que no sabe de prisas.

Yo —se dijo el Principito—, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, andaría despacito hacia una fuente…

Sí, también yo tengo sed… ¡Busquemos un pozo!…

A veces, nos encontramos solos entre la gente…, como en un desierto. No vemos nada. No oímos nada. Pero el desierto oye, aunque los hombres no oigan, y un día se convertirá en un desierto de sonidos (Miguel de Unamuno). Y, sin embargo, algo resplandece en el silencio… Un pozo de amistad se esconde en algún lugar; como un tesoro escondido. Es necesario buscarlo…, casi en secreto. Rebosaremos de alegría cuando lo descubramos. Sentiremos la necesidad de guardarlo en el fondo de nuestro corazón; al mismo tiempo, éste aumentará su caudal, al ir estableciendo nuevos lazos de amistad.

Los hombres de tu país —dijo el Principito— cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín…, y no encuentran en él lo que buscan…

—No lo encuentran…, respondí.

—Y, sin embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua…

—Desde luego, respondí.

Y el Principito añadió: Pero los ojos están ciegos: hay que buscar con el corazón.

El corazón encuentra lo que buscamos, si le dejamos amar.

Uno se expone a llorar un poco —puede que mucho— cuando se ha dejado domesticar…

Nos exponemos a llorar, pero también a reír, a soñar. Eso es la felicidad.

A veces, no sé por qué, guardamos nuestros sentimientos en lo más profundo de nuestro ser. Y, sin embargo, todo está listo, como en el pozo; la polea, el cubo y la cuerda…

Cuando alguien nos quiere, nos da la oportunidad de amar. Gemimos como esa vieja veleta —casi olvidada—, porque el viento ha estado durmiendo mucho tiempo.

¿Lo oyes? —dijo el Principito—. Despertamos a este pozo y se pone a cantar…

Es bueno para el corazón, como un regalo.