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En una columna titulada Los mártires, que Francisco Umbral publica en El Mundo, parte de una insensatez de Luis Cernuda para trenzar un hilo de insensateces que causan vergüenza ajena por provenir de alguien a quien cabría exigirle un mínimo de dignidad intelectual, y que, por injuriosas, molestan. Probablemente porque sabe que molestan, las escribe, pero, como no son de recibo, callarse ante ellas sería compartir de algún modo su indignidad. Una vez más aunque no le guste, sabe que la religión es lo que más llega al corazón de los españoles, escribe sobre religión, concretamente sobre la reciente beatificación de 233 mártires, asesinados en nuestra incivil guerra de 1936.
Desde su malevolencia ¡ojalá fuera sólo ignorancia, si bien sería culpable!, dice que la religión funciona mediante grupos de poder. Cada cual da lo que tiene, o lo que le han metido en la cabeza. Pregunta si de verdad Miguel Hernández no fue un mártir y García Lorca tampoco. Pues mire usted, no. Serían víctimas a las que, por cierto, ya se encargan de beatificar él y otros, pero mártir es otra cosa, y Umbral lo sabe de requetesobra. Decir, como dice, partiendo de la insensatez de Cernuda, que la santidad de los españoles está entre las piernas del Papa Juan Pablo, es algo indigno de una cabeza bien sentada. Y molesta y duele, como le molestaría y le dolería a él que se dijera que la dignidad de las víctimas republicanas de la guerra civil está entre las piernas de Umbral. Dice que las beatificaciones recrudecen la guerra. No es verdad, las beatificaciones lo que recrudecen es la paz, la reconciliación y el perdón de Cristo, en nombre de lo cual murieron los mártires. Lo que recrudece la guerra son las columnas como la de Umbral. Añade que tanta beatificación irrita a quienes tienen un padre fusilado en nombre de la Iglesia. ¿Quién es la Iglesia? Lo que verdaderamente irrita es la irresponsabilidad de Umbral. Y, ya al final de la columna, como quien no quiere la cosa, no puede evitar quitarse la careta, y es donde se le ve el plumero. Escribe: Saben que en el fondo perdieron la guerra... ¡Acabáramos! Ahí es donde de verdad duele, ¿no? O sea, que 70 años después, Umbral y todos los umbrales que todavía quedan, lo que pretenden es ganar como sea una guerra que perdieron, y Umbral tiene la intolerable osadía de querer hacerlo sobre la sangre inocente de quienes fueron asesinados por su fe. Pues no, no es verdad nada de lo que dice. Alguien que se dice lector de El País me hace llegar son cosas que pasan fotocopia de una entrevista que El País ha mantenido con Mercedes Milá, cuyo título es: Nadie puede manipular "Gran Hermano", y mi comunicante ha escrito bajo el título: Sólo tú, Mercedes Milá. Gonzalo de Berceo |