RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioDesde la feContinuar
Entrevista a Ubaldo Orlandelli, responsable de Cáritas de la parte occidental de Siberia
Una ayuda más que eficaz
Ubaldo Orlandelli, responsable de Cáritas de la parte occidental de Siberia y sacerdote de la Fraternidad Misionera
San Carlo Borromeo, ha visitado Europa para encontrarse con los responsables de Cáritas de países como Italia,
Andorra o España, con el fin de presentarles la terrible situación que vive Siberia -—incrementada por el duro invierno,
a menos 54 grados— y pedirles una ayuda concreta para sus hermanos de aquel vasto territorio. A su paso por Madrid,
aprovechó para encontrarse también con el Nuncio de Su Santidad, monseñor Monteiro de Castro, y con las ONG Cesal y Manos Unidas
Benjamín R. Manzanares

En 1991, cuando Juan Pablo II creó en Rusia las dos primeras Administraciones Apostólicas —hoy son cuatro—, comenzó usted su actividad como sacerdote en Siberia, vasto territorio dentro del cual hay siete husos horarios. Inicialmente fue párroco en una pequeña localidad a 300 kilómetros de Novosibirsk, donde vivía con otros 3 sacerdotes. En 1995 el obispo le pidió ser Director de Cáritas de esa Administración Apostólica —situada en la parte asiática de Rusia—, y acabar de construir el llamado Centro de la Misericordia

El Centro de la Misericordia está formado por un orfanato para 50 niños, una casa para las monjas que los cuidan, un edificio de servicios para los niños, y un centro educativo para la diócesis, pero sobre todo para Cáritas; además de esto, una capilla que pueda servir para quienes hacen Ejercicios Espirituales en este centro. El orfanato lo hemos terminado de construir, ya funciona desde hace 4 años. Están estos 50 niños, el monasterio de las Hermanas desde hace dos años, tenemos la oficina de Cáritas, e intentamos acabar de construir el Centro educativo —que puede hospitar a 30 personas—, donde realizar cursos para 30 personas.

¿Cuál es el objetivo de su visita a Europa?

Al igual que hice con Cáritas Milán y Roma, lo que he venido a buscar a Madrid es una colaboración con Cáritas España y con organizaciones españolas que quieren ayudarnos a acabar este Centro educativo, tan importante para nuestra diócesis. Gracias a él, se podrá formar a los trabajadores sociales que actúan en el ámbito caritativo de la Iglesia, y también del Estado. Hay un gran interés por parte del Estado por lo que hacemos, porque nuestro modo de acercarnos a los problemas de los niños es totalmente diverso al del Estado. El Estado dice precisamente que busca aprender un poco de nosotros.

Por otra parte, hemos tenido un invierno muy terrible en Rusia. En Novosibirsk hemos alcanzado 54 grados bajo cero. Desde 1905 no hacía tanto frío. Tenemos proyectos para los sin techo, las jóvenes madres, los niños de la calle o inválidos, etc…, además de este Centro de la Misericordia, y otros proyectos en otras ciudades de esta Administración Apostólica, donde están presentes católicos, que han encontrado grandes dificultades. Muchísima gente ha venido a pedir ayuda porque a alguno se le helaban las piernas, no tenían dinero para ir al hospital y le tenían que amputar las piernas, porque corrían el riesgo de gangrena, y de morir. Algunos han muerto. En Rusia la calefacción está centralizada en las ciudades. La calefacción que va desde las grandes centrales hasta las casas, pasa por unos túneles, tipo agujeros, donde los niños van a calentarse.

El almacén central de Novosibirsk se incendió; llegaron los bomberos para apagar el fuego, pero el agua se helaba en los tubos; por lo que, al helarse el agua en los tubos, los bomberos que estaban cercanos al fuego fueron atrapados por las llamas. Dos han muerto y doce han tenido que ser reanimados. En algunas casas ha habido cortocircuitos y se han quemado. Familias que se han quedado sin casa... Son sólo algunos ejemplos de la terrible y drástica situación que ha traído este invierno. Nosotros lanzamos un mensaje de emergencia.

Pero esto no es todo, porque este invierno ha nevado muchísimo. Hacía 60 años que no nevaba así. En Novosibirsk tenemos dos metros y medio de nieve, que ahora empieza a derretirse con el primer sol. Protección Civil ha hecho todos los planes de emergencia para eliminar cuanto antes toda esta gran cantidad de agua. Con bombas han roto los hielos de los ríos para que el agua se vaya derritiendo lo antes posible. Cuando esta nieve se derrita, tendremos inundaciones, y Protección Civil nos ha pedido una colaboración para que Cáritas les ayude en estas inundaciones que vienen. Según las previsiones, los ríos sobrepasarán en 7 metros su nivel máximo.

A menudo, se estima a Cáritas por su gran eficacia. ¿Qué la diferencia de otras ONG?

En nuestro Centro de la Misericordia, donde educamos a que las personas afronten problemas tan graves como los que sufre Siberia, lo hacemos desde un punto de vista eclesial, pastoral. Es decir, nuestra ayuda no es sólo cualificada o profesional, sino que tiene sus raíces en la experiencia cristiana, en el encuentro y acontecimiento de Cristo. No sólo es un ayuda como la que hace la Cruz Roja, sino una ayuda hecha por la Iglesia católica, una ayuda católica que tiene sus raíces en la fe y en el encuentro con Cristo.

¿Cómo es la vida de la comunidad eclesial en Novosibirsk?

En continuo desarrollo. Continuamente los sacerdotes buscan católicos en esta inmensa Siberia, y continuamente los encontramos, sobre todo polacos y alemanes que fueron deportados de los territorios del Volga en situaciones verdaderamente increíbles. Fueron deportados por Stalin, en vagones que se cerraban y no se abrían hasta que llegaban. Habían viajado un mes o mes y medio —me contaba una deportada— encerrados en estos vagones; la gente moría, los cadáveres, los excrementos, todo permanecía en los vagones. Cuando abrían los vagones, eran pocas las personas vivas, que eran abandonadas en los bosques siberianos donde excavaban agujeros bajo la nieve, que luego cubrían con ramas que, a su vez, cubría la nieve, e intentaban sobrevivir al invierno siberiano de ocho-nueve meses, a las temperaturas anteriormente descritas. Han muerto así millones y millones de personas.

Al estar en Cuaresma, quiero añadir algo sobre el perdón. Una viejecita que estuvo en uno de estos agujeros me contaba cómo fue deportada, cómo en un momento no tuvo más que darles de comer a sus hijos. Su marido marchó a buscar algo de comer. Lo encontraron en primavera muerto. Sus tres hijos murieron en sus brazos. Ella misma no sabe ni cómo sobrevivió. Y dice: Yo nunca he odiado a quien me ha puesto en esta condición, que ha hecho que mis hijos y mi marido muriesen. Nunca los he odiado. Siempre he dado gracias a Dios porque, en toda situación, Dios demuestra su amor hacia mí, incluso en estas situaciones. Doy gracias a Dios en cualquier circunstancia que me pone, porque es su voluntad. Y su voluntad es para mi bien, y para todas las personas con las que yo me encuentro. Una mujer de gran fe.

Estos deportados no han podido tener sacerdotes durante 40 años. Yo he sido el primer sacerdote al que muchos de ellos han encontrado tras 4 decenios. Ahora pido un apoyo de la Iglesia. Si uno, durante la Cuaresma, renuncia a un café, con eso yo soy capaz de dar de comer a un niño en Novosibirsk.