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| Durante los últimos días se ha producido cierta conmoción en los fieles cristianos con respecto a la Declaración de nuestros obispos sobre el Pacto antiterrorista. La Declaración no nos ha dejado indiferentes. Es bueno. La acusación más frecuente sobre los documentos episcopales es que no interesan a nadie, y nos obligará a todos a perfilar los detalles. Lo afirmado puede ser bueno, pero lo omitido puede ser fatal. Como sacerdote y religioso, que durante estos días he tenido contactos con otros hermanos y con cristianos de a pie, considero:
- Los obispos de nuestra Iglesia siempre han condenado el terrorismo de ETA. Siempre han estado a favor de toda vida humana. No puedo decir lo mismo de uno de los Partidos que ha firmado el Pacto antiterrorista. En los primeros momentos se callaron o fueron tibios. - Nuestros obispos no pueden ni deben entrar en lo que es propio de los partidos. Es la primera parte del Pacto. Es labor de los políticos. - Nuestros obispos, y cuantos pertenecemos a la Iglesia del Señor,apoyan, sin equívocos, a los más débiles que son las víctimas y sus familiares, a quienes nunca se debe comparar con los verdugos y sus cómplices. No siempre ha sido así. Un grupo de sacerdotes de Vizcaya lo ha reconocido y, si no recuerdo mal, también su obispo. |
| - No es admisible decir frases como: No pertenezco a esta Iglesia. Nuestra pertenencia a la Iglesia no depende de la conducta de unos obispos determinados. Pertenecemos a la Iglesia de Jesucristo, que es la piedra angular, cimentada sobre la roca del apóstol Pedro y de los obispos en comunión con él. Esta Iglesia puede ser pecadora en sus miembros, pero es la única verdadera. Es mi madre; a veces con arrugas que no me gustan, pero es mi madre.
- El terrorismo etarra, a veces, ha crecido o se ha alimentado en algunos estamentos de la Iglesia que vive en Vascongadas. Y el nacionalismo, en el que militan muchos católicos, debería purificar su memoria. Sería muy beneficioso para la convivencia pacífica en aquella región española. - No podemos castigar a los pobres dejando de cooperar con nuestros bienes al sostenimiento de la Iglesia. Los pobres perderán con esa actitud. Y a los pobres no debemos traicionarlos nunca. - Que la Iglesia permanezca neutral en lo que se refiere al juego político, es bueno para todos. Su misión queda reservada para instancias superiores donde se ventilan cuestiones fundamentales. Sus intervenciones deber ser precisas y claras, distinguiendo lo fundamental de lo secundario, lo que afecta a la fe y a las costumbres, de lo que es circunstancial. De lo contrario, terminaremos hablando en la Iglesia del Plan Hidrológico, del AVE y de las vacas locas. Y de Jesucristo y su salvación, ¿cuándo? La verdad nos hace libres. Julio Sáinz Torres |